Hace 19 años esta semana la viví con nervios y emoción, mi equipo, el Valencia, iba a disputar su primer partido de la competición que reunía a los mejores clubs del continente, la Champions League. Por entonces, tenía 12 años y contaba las horas para escuchar el himno de la Liga de Campeones en Mestalla. Disculparme por ponerme por unos instantes la bufanda de mi equipo y poder así relataros como he sentido el regreso del Valencia al torneo de las estrellas.

En 1999, aquel niño acababa de vivir uno de los momentos más felices de su infancia, cuando vio a su Valencia ganar un trofeo, la Copa del Rey ante el Atlético con goles del Piojo y Mendieta (el centrocampista marcó uno de los tantos más preciosos que he visto nunca). Un éxito que fue el germen del lustro más brillante de la casi centenaria historia ché.

Pocos años antes ese chico había rozado por dos veces ese sueño cuando vio a su equipo perder una final de Copa ante el Deportivo de La Coruña (la final aplazada por una tremenda tormenta de agua en el Santiago Berbabeu de Madrid), y cuando se ilusionó con el Valencia subcampeón entrenado por Luis Aragonés que compitió el torneo hasta el final al Atlético del doblete en la temporada 1995-96.

El día del debut en la Liga de Campeones fue el 15 de septiembre de 1999, frente al Rangers escocés y se ganó por dos goles a cero (con un autogol visitante y un tanto del argentino adorado por la grada Kily González). Aquel equipo de Héctor Cúper asombró a Europa por su orden defensivo y su ataque letal con el Piojo como estrella.

El Valencia llegó a la gran final en su primera participación, que disputó en París y perdió esclavo de su inexperiencia ante el Real Madrid por 3-0. Y tras ese duro golpe volvió a levantarse y entonces disputó un curso después esa otra final frente al Bayern Munich de Oliver Kahn. Esa tanda de penaltis desafortunada para los ches que sigue clavada en la memoria y en el corazón de cada valencianista. Aquel penalti parado por el guardameta alemán al “Flaco” Pellegrino, que ningún valencianista le reprochó, entendiendo aquel suceso como una accidente desafortunado. Y aquellas lágrimas de “El Dragón” Santi Cañizares que se quitaba enrabietado la medalla de subcampeones sobre aquel césped de San Siro en Milán.

Oliver Kahn consolaba a Santi Cañizares

Oliver Kahn consolaba a Santi Cañizares en la final que el Valencia perdió por penaltis

Los años pasan y aquel niño creció, al igual que el Valencia, y con el paso del tiempo disfrutó de buenas participaciones en la Liga de Campeones llegando a cuartos de final y cayendo dignamente contra equipos como el Chelsea e Inter, y de pasos por la Champions decepcionantes como la última vez cuando quedó eliminado en la liguilla perdiendo contra rivales como el Zenit, Olympique de Lyon y Genk.

19 de septiembre de 2018, el regreso

Y aquí estoy. A los 31 años y tras varias temporadas de “patiment” (sufrimiento en valenciano), como miles de valencianistas, enfrente de Mestalla, mi templo. Antes de entrar recuerdo cuando vine una vez con mi padre a mi primer partido Champions en vivo, y como me emocionó escuchar ese himno del torneo (el Valencia además ganó al Olympiacos griego). También cuando estuve en la última fila del Gol Gran (zona alta de Mestalla) con un amigo llamado Edu golpeando la pared cuando el Rosenborg noruego marcaba el segundo tanto que le dio el triunfo ante mi equipo.

Tengo ganas, muchas ganas de volver a escuchar el famoso himno del torneo: “Ce sonte les meilleures equipes, es sind die allerbesten, the main event, die meister, die besten, les grandes equipes, the Champions”…. (“Están los mejores equipos, los mejores, los maestros, los grandes equipos, los campeones”…dicho en tres idiomas, el inglés alemán y francés como reza la canción).

He venido con la camiseta de Rodrigo y su dorsal 19 a mis espaldas. Hoy el Valencia vuelve a la Champions, y lo hace en su casa y le visita el histórico Juventus de Turín. Partidazo. Estoy nervioso, lo reconozco. La ilusión ilumina el rostro de todos los valencianistas que se han acercado a Mestalla, muchos estaban deseando durante semanas que llegara este día de volver a ver a su Valencia competir con los mejores.

Hay colas en los accesos pero el ritmo es rápido. Al entrar todos cogen una de las banderitas blancas del centenario y otras con los colores de la señera (la bandera oficial de la Comunidad Valenciana). Son las nueve menos diez y casi todos ya están en sus asientos, nadie quiere perderse el ritual del himno. Salgo por el vomitorio y veo al Mestalla de las grandes noches, lleno de gente, muchos ya mueven las banderas y todos comentan el ambientazo que hay en este partido.

Salen los jugadores. Se colocan de frente a la tribuna y comienza a sonar el himno de la Liga de Campeones. Por fin regresaste a nuestro estadio querida Champions. Miro como mueven el plástico en forma de balón del torneo situado en el centro, observo las gradas del estadio como miles de valencianistas mueven sus banderas, y tarareo como puedo la canción “tara tata tata…The Champiooooons”. El himno termina. La gente aplaude con orgullo y todos le enseñan al que tienen al lado el brazo: “mira la piel de gallina, se me ha puesto la piel de gallina”.

Y comienza a rodar el balón…Ya sabéis como fue el partido. La grada no paró de animar a su equipo entusiasmada por ver un gran partido de su equipo, pero a los jugadores ches les vino grande el reto. La Juventus demostró ser uno de los grandes favoritos a ganar el torneo, y el Valencia aún anda en pretemporada.

Hemos vuelto, no de la mejor forma, pero aquí volvemos a estar, en la mejor competición del continente. Y nunca den a un murciélago por muerto…

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