Domingo 7 de febrero del 2016. Se celebran los 9 kilómetros de una ciudad andaluza, cuando se inicia la carrera numerosas personas, jóvenes voluntariosos, señoras mayores con energías renovadas, atletas muy equipados para la ocasión me adelantan. A mi lado mi acompañante mi mira preocupada porque, en su primera incursión en el mundo de las carreras populares, el tan temido coche escoba nos lleve por delante dada nuestra desesperante parsimonia. Yo la miro y le digo “no te preocupes, lo importante no es como se arranca sino como se llega”. Conforme devoramos kilómetros, sin aumentar para nada el ritmo, mi acompañante observa satisfecha como aquellos corredores que nos habían sobrepasado con tanto ímpetu acaban siendo superados por nuestro lento pero implacable ritmo.

Ya se que esto es un blog de fútbol y no de atletismo pero es el mejor símil que se me ocurre para reflejar lo acontecido en las últimas semanas. El FC Barcelona es cierto que a día de hoy no es el que más corre, quizás tampoco el que mejor juega, salvo aquellos partidos en los que se juega la clasificación ya sea para las finales o para abrir una brecha de puntos mediante sus enfrentamientos con rivales directos por el título, pero sí es cierto que su ritmo de ganancia de puntos no cesa.

Las huestes dirigidas por Luis Enrique a pesar de haber visto aumentado el número de sus efectivos, están pagando en este mes de enero e inicio de febrero el enorme desgaste físico y mental de comandar la clasificación liguera española y el deber de pasar de ronda en la Champions League y llegar a la final de la Copa del Rey, un título menor para aquellos que a día de hoy ya no tienen opción de jugarla.

Es cierto que son jugadores de fútbol profesionales, que ganan mucho dinero, pero no dejan de ser un grupo de personas afectados por campos de fútbol ajenos en malas condiciones y tendenciosos horarios en los que disputar sus contiendas futbolísticas. Las palabras de Lucho, diciendo que han hecho lo que se requería para conseguir los tres puntos en el estadio del Levante, no son achacables, por más que insistan desde la meseta, a una falta de autocrítica por parte del entrenador asturaino, sino el fiel reflejo de que, a día de hoy, poco más se le puede pedir a este conjunto de estrellas que el año pasado se ganaron, con creces, el derecho de administrar sus esfuerzos físicos y psicológicos, de la mejor manera que ellos entiendan, siempre y cuando lleguen con opciones de conseguir todos los títulos a su alcance.

Y esta premisa la están cumpliendo con creces. Frente al corredor que no emplea un ritmo fuerte para sobrepasar a sus contrarios, su ritmo lento pero sin tropiezos, hace que a día de hoy el primer equipo futbolístico de la entidad culé, a pesar de los intentos por desestabilizarla, sea el máximo candidato a revalidar el triplete conseguido en la pasada campaña.

FERNANDO TORRES ATLETICO

Frente al corredor de ritmo implacable que ya no destroza a sus rivales como antaño, se postuló el corredor con nuevas zapatillas y equipamiento actualizado, el Real Madrid de Zinedine Zidane parecía un destroza equipos en sus primeros compromisos. El equipo volaba en el campo, la BBC alcanzó guarismos insospechados, la mejoría física era evidente. Zinedine, un advenedizo en esto de dirigir equipos desde la banda, se atrevió a cuestionar los métodos de preparación de su predecesor en el cargo, tan cuestionado como experimentado y eficaz director de escuadras futbolísticas, quizás embriagado por la corriente que lo encumbraba a los limbos en los que todavía no se halla.

Bastó un equipo bien ordenado, el Betis de Merino, y un susto por parte del inesperado Granada, para que se haya detectado un sospechoso zigzaguear en el rumbo madridista que pone en suspenso su candidatura al título de Liga en las últimas jornadas.

El que nunca tuvo amplia zancada pero no se detuvo es el Atlético de Madrid, en el que hasta Torres marca  como iluminación divina del ídolo colchonero. Sigue la estela del líder, aunque el partido aplazadao que a este le resta puede ponerle a una distancia peligrosa para un equipo que todavía tiene que afrontar la Champions League, una competición para ellos mucho más apetitosa que la casera que ya han conquistado en varias ocasiones.

En definitiva, que la fiabilidad del equipo culé, con un bajo nivel de juego exhibido en las últimas jornadas, hace pensar que a poco que vuelvan a recuperar la forma para enfilar la parte decisiva de la temporada se podrán marchar y poner mucha más tierra de por medio en la recta final. De que de un posible tropezón en las venideras cinco jornadas se puedan aprovechar los equipos merengue o colchonero dependerá que la emoción en la competición doméstica dure hasta el final.