Cuando allá por los albores del verano de 2017 el Real Betis fichó como nuevo entrenador al cual encomendar su nuevo y ambicioso proyecto deportivo a Quique Setién, la Directiva bética sabía muy bien qué traía y a qué estilo fiaba el futuro de un equipo en horas muy bajas que llevaba penando por el desierto de la mediocridad durante una década. La apuesta era un todo o nada, habida cuenta de que Setién es uno de esos entrenadores que, para bien o para mal, tiene un estilo irrenunciable.

A lo largo de este artículo analizaré en qué medida la buena temporada que completó el Betis el curso precedente se debe a este estilo de Quique y qué otros factores pudieron influir. Como el lector adivinará por el título del artículo, el que lo suscribe no es muy fervoroso entusiasta de Setién. Todo ello sin perjuicio de reconocerle su cuota de mérito en determinados aspectos.

Los inicios

Comienzo correcto, fútbol preciosista intermitente, partidos convertidos en correcalles y hecatombes en Copa contra el Cádiz y en Las Palmas. Así resumiríamos la primera etapa, cuya sima representa la indecorosa derrota contra Las Palmas (1-0) en el que las sensaciones del equipo fueron muy pobres.

El inicio de Liga fue correcto para el Betis, alternando ciertas derrotas más o menos esperables (en el Camp Nou y en Villarreal, por ejemplo) con victorias de cierto mérito, remontando en casa al Celta o derrotando al Deportivo también en el Villamarín. Durante estos primeros compases de Liga se vio a un equipo con una pegada notable arriba, pero que atrás dejaba espacios donde los atacantes rivales campaban a sus anchas. Se ha de reconocer que el equipo practicaba un fútbol vistoso (eso sí, sólo intermitentemente), pero la sensación que se transmitía era la de una fragilidad defensiva tal que suponía que el Betis se veía obligado a marcar muchos goles si quería ganar los partidos. Y muchas veces ni siquiera así (4-4 en San Sebastián, 3-5 en casa frente a un Valencia por entonces lanzado, por citar dos ejemplos). Los partidos solían ser correcalles sin orden ni concierto. Tácticamente, el equipo de Setién era un horror, defensivamente una madre y en ataque tenía mucha pegada.

En esta primera etapa, el fútbol de toque y control por el que aboga Setién se encontraba en una fase más diluida y embrionaria pues, como he dicho anteriormente, el equipo nunca dio sensación de controlar los partidos y lo cierto es que el peligro que llevaba en ataque venía dado más por jugar prescindiendo del estilo (un fútbol más directo, contragolpes) que por aplicar el mismo a rajatabla.

Uno de los hitos fundamentales de esta primera etapa fue la victoria en el Bernabéu (0-1, gol de Sanabria en el descuento), que empezó a crear en torno a Setién ese halo de entrenador de moda con un fútbol cruyffista muy al estilo Barça. Resultado de relumbrón, pero al fin y al cabo anécdota elevada a categoría por la actual prensa deportiva sensacionalista de Madrid y Barcelona, que no ve más que los partidos que contra el Madrid y el Barça juega el Betis durante la temporada. Todo ello sin obviar que el conjunto de Setién realizó un gran partido.

Pero el equipo empieza a mostrar síntomas de caérsele a Setién. Se empiezan a encadenar derrotas, malas actuaciones contra equipos sobre el papel inferiores. Llega la vergonzosa eliminación en Copa contra el Cádiz (sonrojante 3-5 en el Benito Villamarín) y, acto seguido, la peor actuación (y he visto muchas) que éste que suscribe le ha visto nunca al sevillano equipo de las trece barras. Tuvo lugar en Las Palmas, donde aquel Betis tocó fondo.

Se necesitaba  una catarsis.

Síntomas de mejora, la catarsis del derby, la llegada de Bartra y la implantación final del estilo Setién

Tras tocar fondo en el Estadio Insular, en el que no hubo ni rastro del estilo que Setién profesa, pues no hubo ni toque, ni posesión, ni actitud, ni nada; se notaron ciertos síntomas de mejora en la derrota en casa contra el Atlético de Madrid, partido en el que sin embargo el Betis ni tiró a puerta, tónica habitual ésta de no chutar en muchos encuentros del Betis dirigido por el técnico cántabro.

Presentación Bartra Betis

Pero la catarsis que se necesitaba llegó en el derby sevillano en casa del eterno rival, la noche de Reyes del recién iniciado año 2018. Manita al Sevilla y subidón de moral que necesitaba el equipo. Victoria que, sin embargo, no se consiguió gracias a un pretendido estilo Setién, sino que el partido volvió a ser una cadena de errores defensivos de uno y otro equipo, inexistente centro del campo, nulo control del tempo del encuentro y, de nuevo, un correcalles.

A finales de enero el Betis ficha a Bartra y se produce, a mi modo de ver, la definitiva transformación del equipo en lo que quería Setién. Hasta este momento, que fijo en el partido ante el Villarreal en casa con victoria heliopolitana por 2-1, no se empieza a ver lo que verdaderamente el preparador santanderino tenía en mente. La clave táctica: pasar a tres centrales y dos carrileros largos. ¿5-3-2? ¿3-5-2? Sobre ello iremos abundando a lo largo de este artículo.

Lo cierto es que el Betis logró una estabilidad defensiva de la que había carecido hasta entonces, pasando a ser, desde la implantación de los tres centrales y la llegada de Bartra, uno de los equipos menos goleados. Ahora sí se empezó a ver el fútbol control del equipo de Setién, un control cuya consecución se alcanzaba mediante la posesión y el toque. Durante esta etapa se consiguen victorias en que el Betis llegó a jugar realmente bien, sirva de ejemplo el 3-0 frente al Español en casa, el mejor partido de la toda la temporada pasada en mi opinión.

Luego llegaron las seis victorias seguidas. El Betis se abonó al 1-0 y escaló puestos en la tabla que lo auparon a zona de Europa League, de la que no llegó ya nunca a apearse.

Temporada actual: el toque por el toque, la posesión por la posesión. Aburrimiento, partidos anodinos. Los espejismos del Camp Nou y San Siro

Es en la actual temporada donde el estilo Setién se está percibiendo elevado a la enésima potencia, si seguimos el tenor de las palabras de Quique en todas sus comparecencias públicas, en que se congratula del juego desplegado por el equipo mostrándose sumamente satisfecho en la mayoría de casos.

Sin embargo, la percepción cada vez más generalizada entre la parroquia bética es la de que está siendo devorado por el estilo y que el equipo en la mayoría de ocasiones no transmite nada, no se tira a puerta y no hay plan B para cuando los partidos se atascan o se ponen cuesta arriba.

Todo ello no ha impedido que gracias a dos victorias sonadas en sendos santuarios del balompié como son San Siro (1-2) y el Camp Nou (3-4), hayan convertido a Setién para cierto sector de la prensa (no para la prensa sevillana, que es la que sigue al equipo día a día) en una especie de gurú del fútbol e indudablemente en uno de los entrenadores de moda en el panorama nacional. Moda de todo punto inmerecida.

Hecho el breve repaso, para no aburrir al lector, a la trayectoria de Setién en el Betis, desmenuzamos el juego del equipo para hacer ver cuáles son sus siete pecados capitales:

  1. El estilo no puede ser un fin, sino un medio. El medio, la herramienta para ganar. Y Setién es un entrenador de ideas pétreas que no concibe plan B alguno. Aunque el suyo no valga en muchas ocasiones para conseguir resultados. Un buen entrenador no es aquél que pone por encima de todo su filosofía y cosmovisión del fútbol, pues hay que tener capacidad de adaptarse a las vicisitudes y coyunturas de cada partido. Los partidos no deberían convertirse en una sucesión de pases irrelevantes en horizontal en que ni se tira a puerta.
    Gol Joaquin Betis en el Camp Nou
  2. El actual sistema, al igual que el estilo, tampoco puede ser innegociable. Habrá partidos que requieran determinadas variaciones según el rival o las bajas que tenga el equipo en una jornada de Liga determinada. El Betis, sobre todo en casa, es un equipo previsible, obcecado en tocar y tocar la pelota en zona de nadie. De central a central y al portero. Horizontalidad en estado puro. Merodear la frontal rival con pases horizontales sin mirar a puerta. Ninguna profundidad en banda, pese a jugar, presuntamente, con dos carrileros largos. Y a colación de los carrileros introducimos el siguiente punto.
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  4. ¿3-5-2 o 5-3-2? Pensarán muchos que los tres centrales con dos carrileros supone defensa de cinco cuando no se está en posesión del balón y de tres cuando se está en trance de atacar. Sería lo lógico. Y que así se consigue superioridad en la zona de mediocampo cuando se tiene la pelota, pues los dos carrileros se pondrían a la altura de los centrocampistas, generando una situación de superioridad numérica frente al rival. Y quizá ése sea el planteamiento o la idea de Setién, pero lo cierto es que no se está consiguiendo llevar a efecto (salvo en partidos contados). Y la explicación es la siguiente: debido a la previsibilidad del Betis y a la obcecación del entrenador por jugar siempre igual, el equipo rival que quiera salir a presionar mínimamente arriba desbarata la superioridad numérica que generarían los carrileros en ataque posicionándose a la altura de los mediocampistas por una razón muy simple: se ven obligados a bajar para recibir de los centrales que, asediados por los rivales y obligados por el entrenador a tocar en zona peligrosa, tienen que entregársela de cualquier manera a los carrileros o a los mediocentros (generalmente a los carrileros). ¿Beneficio de ello? Casi siempre ninguno. Y me explico: si se consigue recibir por parte del lateral en buena posición y se zafa de la primera línea de presión, al haber tenido que bajar tanto a recibir, aquella supuesta superioridad numérica de que hablábamos antes queda anulada y hasta la siguiente línea de jugadores del Betis hay un mundo. El equipo queda partido. Por lo que se avanza, se vuelve a esperar a que vengan a recibir los centrales y vuelta a empezar. Y así un bucle hasta llegar a la frontal rival (si es que se llega) y perder la pelota en algún pase desesperado entre líneas entre un mar de piernas rivales. Bien, esto ocurre en caso de que el rival venga a presionar arriba, pero ¿y si espera atrincherado en su campo o incluso en tres cuartos? Lo vemos en el siguiente punto.
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  6. En tal caso, véanse los partidos en casa contra el Leganés (1-0) y Valladolid (0-1), el estilo de Setién alcanza su culmen. Porcentajes de posesión escandalosos a favor del Betis (se llegó al 83% global en el partido contra el equipo pepinero). Pero hay que analizar dos cuestiones: ¿Se consigue con esta posesión poner en aprietos al rival? ¿Es la posesión fruto de la filosofía de Quique o más bien por connivencia del contrincante? La respuesta a la primera es clara: el equipo no genera peligro, no hay más plan que sobar la bola en zona de nadie y es el estilo por el estilo. Estos partidos son como poner en bucle el encuentro España-Rusia del Mundial pasado. Huelga explicar, pues, que el juego del Betis se hace sublimemente insoportable y los partidos eternos, puesto que durante los noventa minutos no ocurre absolutamente nada. El rival cómodamente esperando un fallo, que termina llegando, para salir a la contra. Acerca de la segunda pregunta: la posesión del balón se consigue porque el rival muestra su conformidad. Te espera atrás y te deja tocar. Y andando y dando pases al pie no se le gana a casi nadie en el fútbol de hoy en día salvo que seas el Barça de Messi, Iniesta, Xavi, Busquets y Piqué. Y no es éste el caso.
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  8. Cuando de verdad se tiene que mantener la posesión, el equipo no lo logra. Si al menos se consiguiera mantenerla cuando ello es necesario para, así, defender con balón en partidos que se pongan de cara y el Betis vaya por delante en el luminoso, pues al menos el estilo serviría para amarrar partidos. Pero en muchas ocasiones no es así. Póngase como ejemplo paradigmático el partido contra el Celta en casa, en que el Betis se puso 2-0 a comienzos de la segunda mitad del encuentro. El duelo se convirtió en un correcalles que favorecía a los vigueses. Lógico, cuando el rival está acuciado por la necesidad, no te deja tocar cómodamente en zona irrelevante, sino que te sale a morder y a presionar para quitarte la posesión. Resultado: remontada del Celta 2-3 y se salvó in extremis un punto con un golazo de falta de Canales para subir el definitivo 3-3 al marcador.
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  10. Cambios muy tarde. En encuentros en que se necesita a todas luces cambios, la mano del entrenador no se ve. Exaspera a la afición que hasta el minuto 70, por sistema, te niegues a mover el banquillo. O que en partidos en que vas perdiendo no puedas plantearte alguna vez quitar un central y atreverte con variaciones tácticas que en este Betis son posibles, con una plantilla tan completa como de la que dispone en este curso.
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  12. Actitud displicente con la afición, ausencia de autocrítica y decisiones que nadie entiende. Sabiendo la idiosincrasia del equipo donde se halla, Setién no está tampoco sabiendo manejar la cuestión, digamos, “social”. Tras encararse con la grada en algún partido, o decirle a Bartra (y reconocerlo en público) que algo estará haciendo mal para estar en un equipo como el Betis, su relación con gran parte de la fiel y numerosa infantería verdiblanca no es la mejor. Los iluminados del fútbol terminan provocando rechazo. Ello, unido a decisiones que a casi todos parecen inexplicables, como la defenestración de Barragán (uno de los máximos asistentes del curso 17-18) para poner a un jugador aún por hacer y en posición que no es la suya como es Francis, terminan de causar una sensación de cierto hastío y desazón entre los seguidores.

Recapitulando, tras fijar cuáles son los siete pecados capitales de Setién y sin dejar de reconocerle cierto mérito en cuestiones como el descubrimiento de Júnior y Loren, en opinión del que suscribe, el éxito de la pasada temporada fue a pesar de Setién y en la presente el Betis se encuentra a mitad de tabla aun pese a contar con una plantilla compuesta por jugadores de nivel tal como Pau López, Bartra, el sorprendente Sidnei, William Carvalho, Lo Celso, Joaquín, Guardado, Tello… Mimbres de sobra para no acabar vagando sin pena ni gloria por zona de nadie en la tabla clasificatoria.

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