La actualidad culé se halla inmersa en una pereza semejante al hastío estival que azota la península ibérica en estas últimas semanas. Desde que el pasado mes de marzo Luis Enrique avisara de que abandonaba la nave culé, para dejar paso a alguien que se atreviese a hacer el relevo generacional y sacudir el apolillado sistema de juego, la entidad se movió primero bajo el siempre manido recurso del respeto al actual entrenador, para no hablar del sustituto y, cuando por fin se ha oficializado un secreto a voces, que Ernesto Valverde era el elegido, se ha sumido en una siesta profunda de la que no ha despertado todavía.

Durante estos meses, que ya van para cuatro, las portadas de los diarios deportivos han bombardeado los cerebros de sus seguidores con un sinfín de cambios que acontecerían cuando se nombrase al nuevo entrenador. En el capítulo jugadores que durante varios años han demostrado no tener ningún nivel para el equipo, esto es Douglas, Vermaelen, Mathieu, Arda, Munir y Tello, el bueno de Robert Fernández no ha podido colocar hasta la fecha a…NINGUNO.

Sobre los jugadores prescindibles que han aportado poco (Rafinha Alcántara, Lucas Digne incluso Sergi Samper) Robert ha sido incapaz de cerrar ningún acuerdo. Si nos centramos en las altas, salvo la confirmación de la contratación de Marlon, buen central al que Luis Enrique otorgó la confianza demasiado tarde, Robert tampoco ha conseguido hacer nada. El panorama es desolador, a día de hoy solo dos personas han abandonado el primer equipo blaugrana, Luis Enrique Martínez y Jordi Masip (el cual se ha ido gratis para no perder la costumbre de todos los veranos).

El aficionado culé se pregunta qué ha hecho la secretaría técnica durante estos meses. Para querer fichar a Marco Verrati por 100 millones de euros no hace falta tener secretario técnico, solo alguien que haya visto más de tres partidos de fútbol. El problema es ficharlos cuando ya han triunfado, el éxito es saber ficharlos cuando todavía no han alcanzado su techo, para eso es para lo que el club se gasta millones de euros para tener, supuestamente, un equipo de ojeadores a la altura del prestigio de la entidad ¿De verdad que para darse cuenta de que Bellerín puede ser un buen fichaje hace falta ir 20 veces a Londres? Si se planea invertir no menos de 200 millones de euros, ¿nadie ha diseñado una posible estrategia de ventas? ¿Ficharemos otra vez mal y tarde?

De todas maneras me parece injusto cargar todas las tintas sobre la secretaría técnica, era poco competente cuando Andoni era el elegido y no ha mejorado mucho con Robert, la directiva tampoco puede quedarse impune. De los errores cometidos con Piqué, Cesc, Bellerín e Icardi, por poner solo algunos ejemplos, no ha aprendido nada.  El año pasado regalamos a Sandro y un año después deja 6 millones de euros, aparte de haber demostrado que es un delantero a la altura de Paco Alcácer, por el que se desembolsaron 30 millones de euros…Treinta y seis millones de euros desperdiciados. Este año hemos hecho lo propio con Mboula y, lo que es más preocupante, parece que Carles Aleñá lleva el mismo camino.

Esta directiva, que tanto se jacta de seguir el modelo barcelonista, no se ha dado cuenta que el club alcanzó sus mayores logros basándose en una política de cantera a la altura de muy pocos clubes mundiales. Si no se da paso a aquellos jugadores que despuntan el club caerá en una ruina absoluta de la que será imposible salir. Es cierto que en el filial barcelonesa no todos están preparados para ser titulares o formar parte de la primera plantilla pero los José Aurelio Suárez, Sergi Palencia, Carlos Aleñá y Marc Cardona no habrían hecho peor papel que los Cillesen,Mathieu,Arda y André Gomes y con ese dinero el club tendría ya fichado a Verrati. Es más, algún seguidor podrá pensar en los que se fueron, jugadores como Grimaldo, Sandro y Thiago, a día de hoy tendrían serias posibilidades de ser titulares en el Barça y se criaron en la Masía. No se puede depender de los caprichos o problemas personales del entrenador de turno, se debe de exigir un mínimo de componentes de la cantera en el primer equipo, la falta de experiencia la suplen con su amor por unos colores que llevan defendiendo durante años en campos de tierra.

En definitiva el mal del enfermo está diagnosticado (remodelación de la plantilla), el tratamiento está en camino (fuerte inversión y gran volumen de movimientos tanto en las incorporaciones como en las despedidas), quizás cuando llegue sea ya tarde u obligue a las arcas culés a hacer un dispendio mayor del presupuestado. Lo que parece claro es tanto el médico (Robert Fernández) que carece de las competencias necesarias para el cargo, como el director del hospital (Josep María Bartomeu),caracterizado por la tibieza de sus decisiones y apoltronado en el cargo, nos han situado, otro año más, en el vagón de cola de la planificación de la plantilla del próximo año.

¿Hasta cuando permanecerá estático el seguidor culé? No mucho más…ESPERO.

Sobre El Autor

Redactor

Nacido en Cieza y amante del buen fútbol. Las sinapsis blaugranas se suceden cada Domingo. No hay nadie como el ‛10‛ de Rosario.

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