27 de mayo del año 2009, 22:30 de la noche en Roma, el FC Barcelona se proclama campeón de Europa tras mostrar al mundo su obra cumbre. Dos cero frente a un Manchester United que solo pudo aplaudir. El bueno de Alex Ferguson dijo “El FC Barcelona de esta noche es el mejor equipo que he visto en mi vida“.

10 de abril de 2018, de nuevo Roma. Un Barcelona timorato se viste de equipo pequeño, sale a aguantar el marcador y acaba viendo como le meten tres y lo echan de Europa por la puerta de atrás. La cara de Iniesta desde el banquillo fue el reflejo de quien abandona el equipo de su vida sabedor de que el estilo que él y su amigo Xavi implantaron, y con el que hicieron temblar a todo un continente, ha desaparecido. Lejos queda aquello de defenderse con el balón. Aquello de, tengo cuatro jugones y saco un quinto.

Al desastre contribuyó inestimablemente Valverde, quien demostró que no todo entrenador está hecho para el Barsa. El partido de anoche fue de los que marcan la carrera de un técnico. Poco vale el doblete (si es que lo consigue) cuando tu equipo hace el ridículo y lo hace encima renunciando a eso que siempre amó, la pelota. Un equipo campeón como es el Barsa tiene que salir a marcar y finiquitar cualquier atisbo de esperanza. No sucedió así, con un entrenador superado como todo el equipo, y lo peor sin capacidad de reaccionar. Los batacazos de París y Turín se quedan pequeños con lo sucedido anoche.

Como Iniesta, muchos culés ven el futuro y comienzan a ver la nostalgia. Nostalgia de lo que fuimos y ya no somos.