Ernesto Valverde está a menos de dos meses de celebrar su primer aniversario como entrenador del F.C.Barcelona. Fue el elegido para relevar a un Luis Enrique que lo ganó todo y que también lo quemó todo. Si ya de por sí el asiento del entrenador en el banquillo del Barça suele quemar, el asturiano dejó una herencia que pocos aceptarían: los blaugrana cerraron la temporada 2016-2017 con una Copa, con un ridículo en Turín y tirando la Liga en la Rosaleda, la tiranía del tridente ahogaba el juego del equipo y los engranajes del mediocampo, que tanto ha caracterizado el estilo y la manera de entender el fútbol de los culés, chirriaban echando chispas.

Se barajaron multitud de nombres que ahora mismo parecen locuras o como mínimo poco adecuados. Que si Eusebio, que si Ronald Koeman, Oscar García, Sampaoli… incluso se habló de Unzué… Pero el elegido fue Ernesto Valverde. Al que pronto le llegaron las críticas. Que si es un entrenador de perfil bajo, que si no tiene experiencia en un grande, que si los cracks se lo comerán, que si será el segundo de Messi… Todo tipo de críticas injustificadas que fueron alimentándose de manera oportunista conforme se desarrollaba la pretemporada. Neymar se largaba a París, se pagaba una millonada por Paulinho, se pagaban más millones por Dembélé, Coutinho no llegaba, Verratti mucho menos y el Real Madrid arrollaba en la Supercopa sumiendo a los culés en la peor de las depresiones.

Messi y André Gomes celebra gol Leganés

Qué lejos queda todo eso. Es el fútbol un deporte de pasión, con tendencia al dramatismo, que tan bien aprovechan los diarios deportivos para embutir al inocente seguidor con su sensacionalismo en busca de la víscera y la bilis. Básicamente de eso viven. Estaba claro que tan solo era cuestión de tiempo que un entrenador de la experiencia, la clase, el buen hacer, el buen trato y la inteligencia futbolística de Valverde pusiera las cosas en orden.

¡Y vaya si lo ha hecho! Tras la hecatombe de la Supercopa todo ha ido a mejor. El equipo es líder destacado, muy destacado y desde hace muchos partidos, jugará en el Wanda contra el Sevilla su cuarta final de Copa consecutiva que puede significar su trofeo número 30, y en Champions tiene más que encarrilado su pase a semifinales. Invicto en Liga, visitando a todos los grandes, incluido un 0-3 en el Bernabéu. Messi pichichi, máximo asistente y pulverizando récords, y Ter Stegen luchando por el Zamora. Una única derrota intrascendente en Copa. Con un centro del campo bien blindado que vuelve a presionar y una delantera letal como siempre. Incluso André Gomes parece dar muestras de poder ser un futbolista aprovechable. Todo ello de la mano de Ernesto Valverde, quien le ha dado un plus de competitividad, juego y espíritu ganador a un equipo al que habían enterrado hace apenas unos meses.