Eran las 16:10h del sábado cuando el corazón del culé tuvo un vuelvo, Lionel Messi se tiraba al césped del Camp Nou. No podía seguir. Los espectadores en su ánimo de intentar luchar contra la realidad, arrancaron de manera espontánea a corear el nombre del rosarino. Posteriormente, conforme el Barcelona liquidaba el partido, no sin sufrimiento, se supo el alcance de la lesión, ocho semanas. Un mal menor para lo que la mente del culé llegó a imaginar.

Sin embargo, el verdadero drama del conjunto blaugrana no se encontraba en el césped sino en su banquillo. Y es que pensar que Munir y Sandro están a día de hoy a la altura que exige el mejor club del mundo es algo que simplemente no se sostiene.

Y ahí es donde sale al descubierto lo que a mi juicio es un gran error de planificación. Los hechos son los siguientes: 1) Hace unos meses la plantilla culé contaba con Xavi y Pedro como primeros recambios, 2) el Barcelona conocía que hasta enero no podría contar con sus refuerzos, 3) Aun así, dejó marchar a Pedro y Xavi.

Que no se me malinterprete, no quiero decir que ambos jugadores tuvieran que haberse quedado toda esta temporada en Can Barsa, pero sí que se les hubiera pedido un último servicio hasta enero. Y es que estar con el rosario en mano rezando para que no hayan lesiones no parece propio de un equipo profesional. Ahora simplemente solo queda sobrevivir hasta que llegue la época del turrón.

Cierto es que desde Madrid Rafa Benítez y los suyos se empeñan en ahondar en una mediocridad inquietante donde se han perdido cuatro puntos jugando contra los últimos de la tabla. Florentino echó a Ancelotti ante la necesidad de un cambio. Parece que finalmente lo ha conseguido.

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