Nueva semana en la que se puede coger cualquier artículo de los últimos meses y publicarlo para resumir el lamentable partido de ayer del F.C.Barcelona. Con una diferencia. Ayer se llegó al esperpento tanto dentro como fuera del terreno de juego.

El Barsa salió al campo sabiendo que el Valencia comienza a creerse con pleno derecho de tutear a los grandes. Y vaya si lo hizo. Magnífica segunda parte del equipo de Nuno que bastó para poner fin a la racha del Madrid.

Sin embargo, y por si este hecho no fuera acicate suficiente, el conjunto culé optó por el camino de la desidia colectiva, con el beneplácito de un entrenador que ha dilapidado todo su crédito a base de alineaciones que rozan lo circense. Y es que se llegó a terminar el encuentro con Montoya, repudiado al ostracismo de manera automática desde principio de temporada, jugando de central. Sí, de central.

No hay un área de la entidad que no esté cuestionada. Empezando por un presidente, legítimo que no legitimado, que vive de espaldas a la realidad hasta el punto de pensar presentarse a la reelección.

Siguiendo por un director deportivo quien, tras su obra maestra veraniega en forma de fichajes, y el caso de la cantera, se sabe con fecha de caducidad. Director que decide morir matando declarando tras el encuentro que asumía su parte de culpa en la sentencia del TAS, pero que Bartomeu era el vicepresidente deportivo. Ahí lo llevas…

Pasando por unos jugadores que en muchos casos aúnan pasotismo con un estado de forma preocupante. Iniesta, Xavi, Busquets, Pedro…y un largo etcétera que provoca sonrojo.

Para finalizar con un entrenador que tras 5 meses, no solo no hace que el equipo juegue a algo sino que involuciona a pasos agigantados. El vestuario parece que ya ha dejado de creer en él y eso es sinónimo de desastre.

El aficionado culé se pregunta cómo ha sido posible pasar de la excelencia mundial de hace unas temporadas al suplicio de tener que ponerse ante el televisor cada tres días.

Sobre El Autor

Fundador y Director

Nací en Murcia y crecí viendo al Barcelona de los Romário, Laudrup y Stoichkov. El fútbol de posesión y la figura del 4 son las claves.

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