Las redes sociales, tan denostadas en ocasiones por el vilipendio anónimo, nos han traído esta semana una noticia emocionante. La tan buscada viralidad en los contenidos de internet nos ha permitido conocer una historia sobrecogedora cuyo epicentro se encuentra a miles de kilómetros, en México. Si el fútbol es emoción, la pasión con que se vive en América es legendaria. Por ello, este testimonio nos toca el corazón de lleno y se convierte en un ejemplo de humanidad en el deporte. Hablamos de Ezequiel Orozco.

El cheque, que es como se conoce al delantero azteca, era un jugador desconocido de la segunda división mexicana hasta hace dos días. Hace algún tiempo más, el punta de Sinaloa sorprendió a propios y extraños anunciando que el malvado cáncer se había alojado en uno de sus pulmones. El impacto para compañeros, aficionados y el mundo del fútbol mexicano en general ha sido duro. Estamos acostumbrados a vivir retiradas de jugadores por problemas cardiacos e incluso óseos, algunas veces solucionadas afortunadamente gracias al avance médico, pero no por sufrir un cáncer. Una enfermedad que ha conllevado irremediablemente el fin de la carrera del futbolista mexicano.

Aunque no se iba a ir sin despedirse de la afición que tanto le ha animado. Directiva, jugadores y cuerpo técnico no se resistieron a homenajear a Orozco pese al varapalo recibido. Por ello, en un emotivo gesto, Adolfo García, el entrenador de sus Murciélagos de Sinaloa, decidió alinear en la última jornada de liga Ascenso MX al delantero, además de otorgarle el brazalete de capitán. Evidentemente, sabía que el jugador, que tras paso por varios clubes volvía hace poco al equipo de su tierra, no estaba en condiciones de jugar. De hecho, apenas pudo aguantar un minuto en el campo mientras intentaba pasar un balón tambaleándose. Pero al ser sustituido el homenaje ya se había producido. Toda la grada le brindaba su cariño y la fuerza necesaria para superar una enfermedad tan cruel.

Al final, los Murciélagos ganaron, seguramente espoleados por el tributo a su compañero, aunque el resultado fuera lo de menos. Lo que importa es el vibrante gesto a un futbolista que ya disputa el partido más importante de su vida ante un rival de Champions. Pero hay veces que las palabras se quedan cortas, y las imágenes marcadas por una voz pueden llegar a acercarnos al verdadero sentimiento de lo vivido aquel día. Y sobre todo el llanto, el llanto por Ezequiel Orozco, al que el cáncer le ha arrebatado su pasión, jugar al fútbol. ¡Mucha fuerza, crack!

Sobre El Autor

Director del Podcast "Desde la Medular" y Redactor

Un todoterreno de la comunicación: radio, prensa, community manager, cortometrajes, guionista… Si falta algo no os preocupéis, aprendo rápido. El deporte rey es mi pasión, sobre todo si se trata de partidos rebuscados, Zimbawe-Swazilandia, etc.

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