El domingo el FC Barcelona se juega tres cuartos de Liga en el Camp Nou ante el At.Madrid. Un partido crucial para determinar si la Liga se acerca más a Barcelona o si los colchoneros pueden soñar con tomar el relevo a su vecino rico y evitar que los catalanes se hagan con su séptima Liga de las últimas diez.

Sobre el campo se medirán los dos mejores equipos de este curso. Por un lado, el FC Barcelona vuelve a ser un equipo fiable, que domina el tiempo y el balón, en su enésima reinvención para continuar con una filosofía de juego que se ha convertido en su marca registrada. Nadie se acuerda del anterior inquilino de un banquillo que ahora ocupa un entrenador con experiencia, que sabe de qué va esto del fútbol y que además no se dedica a incendiar salas de prensa. Como tampoco nadie se acuerda de aquel chico brasileño que corría por la banda, regateaba en velocidad, abusaba del balón y acababa malogrando ocasiones, más pendiente de las cámaras y del brillo de los flashes que de crecer como futbolista, que se fue por el dinero fácil de un jeque y el glamour de la capital francesa, en un vano intento por escapar de la sombra de ese que juega como nunca nadie ha jugado.

Al otro lado del campo, el At.Madrid que todos conocemos. Tan sólido en defensa como siempre, llevando el fútbol de cerrojo y autobús a otro nivel para convertirlo en un arte difícil de apreciar, siendo fiel a sus ideas hasta las últimas consecuencias, encaramado en la pasión y la entrega, y reclamando con razón ser la alternativa a la tiranía de los dos grandes. Víctima recurrente entre la aristocracia del fútbol, parece que este año que acaba de empezar rechaza esa etiqueta de El Pupas, y parece comprender que aparte de defender, esto del fútbol también va de meter goles. ¡Y vaya si lo ha entendido! Nueve goles en menos de una semana, siete de un Príncipe francés llamado a ser uno de los animadores del próximo Mundial, llamado a cambiar de equipo por 100 millones, llamado a ser uno de los pocos elegidos para intentar recoger la pesada corona que ostenta ese argentino que mañana tendrá enfrente.

Lionel Messi

Un partido excepcional, el mejor de la temporada. Dos estilos antagónicos y opuestos. El equipo más goleador contra el menos goleado. El Pichichi y el que más asiste contra el Zamora. Dos rivales a los que nadie les ha regalado nada, que han tenido que luchar, sufrir y sudar para estar ahí en lo alto. Un duelo en la cumbre, muy lejos del resto, donde la épica correrá sobre el césped buscando la gloria del fútbol.