Hoy es 14 de Febrero, San Valentín. Lo digo por si no se habían percatado con las innumerables estrategias promocionales que rodean al día. Dispóngase a ver corazones rojos en cualquier lugar o situación, algo que debe importarle bien poco al madridismo. Porque hoy todas las miradas estarán puestas en el Santiago Bernabeu y en el todo o nada que disputarán los de Zidane ante el PSG en octavos de Champions League. Zizou exprimirá su crédito ante un equipo francés que encima está liderado por el ex-culé y futurible Neymar. Pero si son innumerbles los contenidos relativos a Cupido en un día como el de hoy, no digamos los cientos de artículos publicados acerca del partido de hoy. Por ello, hoy no voy a hablar del partido, sino del amor y su relación con el fútbol. Aunque no sólo hablamos del incondicional por unos colores que con tanto acierto expresaba Eduardo Galeano.

De hecho, el amor también puede influir en el fútbol, máxime si hablamos de la dimensión personal del futbolista y sus decisiones. Muchas veces este componente humano del jugador se olvida sin caer en la cuenta que no son más que personas y en el deporte la cabeza importa, y mucho. Sin ir más lejos, ya es sabido cómo David Beckham consensuaba con su mediática mujer los destinos elegidos en su carrera en función de las posibilidades de ésta en la ciudad (Los Ángeles, París, Milán). De hecho sólo hacía falta leer las declaraciones de la exSpice Girl sobre Madrid para saber que el periplo del inglés en la capital sería corto. Caso más curioso ha sido el de Rafael Van der Vaart, que, ya de vuelta, ha decidido emigrar a la exótica liga danesa para estar junto a su pareja. O el de Fernando Torres, cuyo empujoncito para fichar por el Chelsea vino dado por su mujer.

Totti mujer

Totti y su romántica razón para permanecer en Roma.

Pero no sólo influye el amor a la hora de hacer las maletas. Este también puede convertirse en un ancla que descarte cualquier movimiento futuro. Como la historia de Francesco Totti, que aparte de su querencia al club giallorosso, destacó su relación como causa de su permanencia en Roma. Algo que siempre sorprendió dada la alta calidad del media punta y las innumerables ofertas rechazas. Pero claro, como él mismo aseguró “no quería arruinar una historia de amor de 25 años con Ilary Blasi. Y es que el perfil de las llamadas WAG o mujeres de futbolistas no siempre responde al de modelo conocida en la etapa de auge. También hay amores que desafían la superficialidad que envuelve a este deporte. En este sentido, ha trascendido la historia de Luis Suárez y su mujer, Sofia Balbi, a la que conoció como quinceañero y que ha servido de brújula para el éxito de un problemático chaval de Montevideo.

Sin embargo, el problema está en esa banalidad a base de marketing que caracteriza a nuestros idolatrados futbolistas. Novias famosas, prensa rosa, exposición, todo forma parte de una marca que vale millones de euros. Pero esto, a veces, se traduce en inconvenientes, más relacionados con el contrapuesto del amor, el temido desamor. La cuestión se agrava cuando este extremo se da entre compañeros de equipo. Los triángulos sólo son buenos en las tácticas y el protagonizado por John Terry y Wayne Bridge fue el más sonado. El por entonces capitán del Chelsea fue infiel a su mujer con la mejor amiga de esta y esposa de Bridge. Este acabó en depresión, lo que afectó a su juego y provocó la huída de Terry de Stamford Bridge. Courtois y De Bruyne o el caso más reciente, entre Icardi y Maxi López, son otros ejemplos de triangulaciones que no acaban en gol.

En definitiva, como ya he escrito en numerosas ocasiones, el fútbol es más que un deporte, es vida. Y el papel que tiene el amor en ella, no sólo los 14 de Febrero, es fundamental. Un partido de fútbol sin goles es lo mismo que una vida sin amor. Nada. Así que disfruten del fútbol, pero también de todos los que les quieren, porque aunque la vida dura más de 90 minutos, para expresar los sentimientos no hace falta esperar al descuento.

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