El fútbol hizo su aparición en España a finales del Siglo XIX gracias a los trabajadores ingleses que llegaron a la Mina de Río Tinto en Huelva. En esa época era imposible prever el impacto y popularidad que el balompié iba a tener en la nación. En sus inicios, el juego estaba tremendamente influenciado, como era lógico, por el modelo británico basado en la fuerza bruta y en el clásico patadón hacia adelante. Esto fue así hasta la llegada de Frederick Pentland en 1921, quien cuestionó el estilo imperante y propuso una alternativa en un país donde se respiraba fútbol por doquier en gran medida gracias a la medalla de plata que España había ganado en los juegos Olímpicos de Amberes.

En el lugar y en el momento equivocados

Antes de ser futbolista, Pentland, nacido en Wolverhmapton el cinco de mayo de 1883, trabajó de ayudante en una armería hasta que en el año 1903 debutara con el Blackpool en la posición de extremo derecho. Posteriormente pasaría por equipos como Blackburn Rovers o Middlesbrough e incluso sería internacional en cinco ocasiones con Inglaterra hasta su despedida de los terrenos de juego. Fue entonces cuando comenzó su carrera como entrenador.

En mayo de 1914, Frederick Pentland se trasladó a Berlín para dirigir a la Selección Alemana que iba a participar en los Juegos Olímpicos dos años más tarde. Sin embargo, a los meses de su llegada a la capital germana estalló la Primera Guerra Mundial siendo Pentland detenido junto con otros extranjeros y trasladado al campo de concentración de Ruhleben donde permaneció hasta que la guerra terminó.

A pesar del varapalo que supuso el ingreso en Ruhleben, Pentland no se desesperó y concentró todos sus esfuerzos en organizar campeonatos de fútbol entre los 4.000 prisioneros, muchos de ellos exjugadores profesionales, lo que permitió a los reclusos evadirse de la falta de libertad.

Tras finalizar la guerra, Frederick Pentland inició esta vez sí su carrera como técnico de la Selección Francesa que disputó los mencionados Juegos Olímpicos de Amberes de 1921 donde llegaría hasta las semifinales perdiendo 4-1 contra Checoslovaquia. Fue a través del jugador de su equipo René Petit como se puso en contacto con Francisco Pagaza, mítico jugador del Racing de Santander equipo por el que acabaría firmando, a sus 38 años.

El gran Athletic

No obstante, los cántabros apenas pudieron retenerle una temporada, momento en el cual llegó el Athletic de Bilbao con un suculento contrato a razón de 1.000 pesetas mensuales. Comenzaba así su idilio rojiblanco, conjunto al que convirtió en el mejor equipo de España durante cuatro años.

El Athletic venía ya de una cierta tradición británica en su juego merced al paso de técnicos como Mr. Burton, Mr. Barnes o Mr. Shepard, con lo que Pentland, bombín y cigarro habano incluidos, fue recibido como un hombre continuista. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que había llegado un auténtico revolucionario.

Pentland estuvo al frente del equipo vasco durante dos etapas (de 1922 a 1926 y de 1929 a 1933) en las que consiguió dos campeonatos de Liga y cinco Copas, siendo dos de esas temporadas el auténtico rey del fútbol español con dos dobletes. Cada vez que el Athletic lograba un título, algo que sucedía con frecuencia, el icónico bombín de Frederick Pentland era pisoteado por sus jugadores.

La habilidad de pegar al balón de cualquier manera y la colocación de los jugadores son las características más peligrosas del fútbol inglés” – Frederick Pentland

Entre sus grandes gestas, además de sus títulos al mando de “Los Leones”, están su recordado 12-1 al FC Barcelona ó 0-6 ante el Real Madrid en Chamartín, resultados abultados incluso para una época en la que el ataque predominaba sobre las defensas.

Pentland también dirigió al Atlético de Madrid, Real Oviedo y Arenas de Guecho así como puntualmente en dos ocasiones a la Selección Española. Finalmente abandonaría el fútbol español en el año 1935 justo antes del inicio de la Guerra Civil y tras ser despedido del Atlético de Madrid. En 1959 volvería a la que fue su casa invitado por el Athletic de Bilbao donde se le rindió el homenaje que merecía. Falleció el 16 de marzo de 1962 a los 78 años.

Frederick Pentland con bombíb y puro

Frederick Pentland con su clásico bombín y puro

Sus números como entrenador

Club Temporadas Jugados Ganados Empatados Perdidos
8 96 56 14 26
Athletic de Bilbao 6 (23/24 a 24/25) y (29/30 a 32/33) 72 47 9 16
Athletic de Madrid 2 (34/35 a 35/36) 24 9 5 10

Nuevo 2-3-5, la revolución llega al fútbol

Cuando Frederick Pentland aterrizó en España, el sistema habitual era el 2-3-5 la conocida como “pirámide invertida” sin embargo el técnico británico introdujo una variante táctica: los dos interiores bajaban con frecuencia al centro del campo, era lo que pasó a denominarse el método 2-3-2-3. Asimismo, los cambios de juego de banda a banda eran muy habituales en sus equipos.

Jugador que necesita más de un regate, es que está mal colocado”- Frederick Pentland

Una de sus obsesiones era que los futbolistas supieran controlar el balón y tuvieran entre otras cualidades una gran potencia de disparo. Insistía también en que sus futbolistas debían conocer “con los ojos cerrados” la posición de sus compañeros, con ello Pentland intentaba poner orden entre la anarquía imperante, y a juzgar por los resultados que obtuvo está claro que lo consiguió.

Además de sus innovaciones tácticas, en su época en el Oviedo (temporada 1927/28) instauró una nueva forma de tirar los penaltis. El jugador que lanzaba desde los once metros debía situarse entre la portería y el balón de espaldas al portero. Entonces corría de espaldas hacia el cuero y cuando llegaba al esférico se giraba y chutaba. Así le marcó el defensa Trucha un penalti al célebre Ricardo Zamora.

Como todo genio, no estaba exento de excentricidades, como hacer que el equipo, cuando consideraba que no pasaba por un buen momento, se entrenara una semana entera sin la pelota, para que cuando llegara el partido tuvieran “hambre de balón”.

Sin duda, Frederick Pentland marcó un antes y un después en el fútbol español y sembró la semilla del fútbol que tantas alegrías nos ha dado. Desde este humilde rincón, gracias por todo mister. Seguro que allá arriba su bombín ha sido machacado más de una vez.