Dos partidos suspendidos, numerosas y fuertes medidas de seguridad en los encuentros disputados y uno que sirvió como homenaje a las víctimas de la barbarie terrorista del pasado viernes en París. Este es el panorama que ha dejado el atentado del pasado viernes en el mundo del fútbol.

En estos casos, como en otros muchos, el fútbol es lo de menos. Por encima de cualquier cosa está el respeto a la vida, la seguridad y el derecho a la libertad. Acabar con estas cosas es el objetivo de los terroristas. Ellos pretenden que tú no puedas ir libre y tranquilamente a un estadio de fútbol para ver un partido, a una discoteca para disfrutar de un concierto o a sentarte plácidamente en una terraza a tomarte una copa o un café.

aficionados en el césped de Saint Denis

Los aficionados en el césped de Saint Denis tras los atentados de París

Para conseguir este macabro objetivo siembran el terror y el miedo. Y lo hacen de la manera más cobarde y canalla: atentando contra gente indefensa, completamente inocente de sus dementes reivindicaciones. Y como encima quieren hacer el mayor daño posible, centran sus ataques en actos y eventos multitudinarios porque, aparte de garantizarse un elevado número de víctimas, cuentan con el camuflaje y el amparo de la multitud para pasar desapercibidos.

Lógicamente, tras los atentados, se extreman las medidas de seguridad y ante cualquier amenaza, por leve que sea, las autoridades no corren riesgos innecesarios. Es lo que ha pasado en Bélgica y Alemania, que no dudaron en suspender los partidos que les enfrentaban a España y los Países Bajos. Lamentablemente, vamos a tener que acostumbrarnos a las amplias y estrictas medidas de seguridad que se van a implantar desde ya.

Pero la amenaza terrorista no pudo parar el partido más emotivo de los últimos años. En Londres, Inglaterra y Francia se enfrentaban en un encuentro amistoso que se convirtió, en particular, en un homenaje para con las víctimas de los atentados del viernes y, en general, para toda la nación gala. La Marsellesa se cantó con el corazón en la boca, como si no hubiera un mañana para volver a cantarla, y el minuto de silencio fue, sencillamente, sublime y emotivo.

Ojalá que nunca más tengamos que vivir momentos como los de ayer. Ojalá podamos seguir disfrutando de las cosas que nos gustan sin temor a que atenten contra nuestra integridad. Ojalá que algún día gocemos de un mundo en paz. Ojalá.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

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