Desde siempre, el gol ha sido el objetivo en el fútbol, desde los más antiguos antecedentes de juego de pelota, donde a veces la meta era llevar el balón desde tu pueblo al del rival y pasarlo por la puerta principal del municipio, hasta nuestros tiempos modernos, donde un gol puede suponer réditos multimillonarios.

Y seguramente, desde aquellos juegos de pelota pretéritos, al gol se le acompañaba con una explosión de júbilo que, en los años modernos donde todo en el fútbol se ha girado hacia la televisión, ha ido perdiendo naturalidad para convertirse en coreografía que busca ser llamativa, recordada o imitada.

Seguramente, el máximo exponente de este intento de llamar la atención con una celebración fue el muy comentado y sobreactuado festejo de Cristiano Ronaldo en la final de Champions de Lisboa, donde enloqueció tras un cuarto gol que ya resultaba intrascendente haciendo alarde de musculatura. Luego se supo que buscaba una imagen que quedara bonita para incluirla en la película que estaban rodando sobre su persona. Cosas del fútbol moderno.

El propio Cristiano tiene otras celebraciones recordadas, ya que a su postura que podríamos denominar estándar, saltar dando media vuelta en el aire para caer de espaldas con las piernas y los brazos abiertos, ha ido introduciendo algunas variaciones para mandar mensajes concretos (los “yo hablo aquí” con los que celebró algún gol cuando decía estar triste, el saludo militar tras las polémicas declaraciones de Blatter o la mano al oído en el reciente partido contra el Celta). Aunque si alguien dejó huella con sus celebraciones en el Coliseo madridista ese fue Hugo Sánchez. El mejicano ejecutaba con la perfección de un gimnasta una espectacular voltereta en un tiempo en el que aun no estaban de moda las celebraciones llamativas.

Otro jugador acostumbrado a las celebraciones desafiantes es Balotelli. El italiano mostró torso musculado en actitud hierática tras marcar ante Alemania en la pasada Eurocopa, o mostró una camiseta con un chulesco “Why always me?” (“¿Por qué siempre yo?”) tras anotar con el Manchester City en un partido de Premier. Aunque puestos a desafiar, o directamente a ofender, tenemos los cortes de manga de Van Bommel con el Bayern o de Giovanni con el Barça en el Bernabéu. Dos ejemplos de ofensas más originales son la celebración de Leandro imitando a un can miccionando frente al bullicioso fondo sur del Calderón, o la de Robbie Fowler tras marcar con el Liverpool ante sus vecinos del Everton. El inglés, ni corto ni perezoso, respondió a un público que le tildaba de drogadicto simulando que esnifaba la línea de fondo tras marcar. Tampoco gustó mucho en Mendizorroza el polémico baile de la cucaracha que se marcaron los brasileños Robinho, Ronaldo y Roberto Carlos en un Alavés – Real Madrid.

Raúl callando Camp NouEntre mítica e insultante, según los colores con los que se mire, podemos calificar la celebración de Raúl mandando callar al Camp Nou tras empatar un Clásico. Curiosamente, pocos días después de aquel gesto del eterno siete blanco, el noruego del Valencia John Carew le imitó en un partido en San Mamés ganándose la expulsión por su gesto. Similar fue el caso de Cavani, que recibió dos tarjetas amarillas tras marcar un gol y celebrarlo imitando el disparo de un rifle, una tarjeta por la acción en sí y la segunda por protestar.

Eso sí, quitando ese partido en el Camp Nou, la celebración más típica de Raúl en sus muchos goles conseguidos estaba dedicada a su mujer, ya que se besaba el anillo. También a la familia se los dedica Luis Suárez, que reparte besos por su muñeca y dedos mientras levanta tres dedos en honor a su mujer e hijos. Múltiples son los casos de celebraciones para esposas, parejas e hijos, como quienes se meten el balón debajo de la camiseta para celebrar un embarazo o los que hacen el gesto del corazón con los dedos. Durante un tiempo se puso de moda hacer el gesto de acunar un bebé para celebrar recientes nacimientos, aunque nadie superó la perfecta sincronía de la versión original, la ejecutada por Romario, Mazinho y Bebeto dedicada al hijo de éste último durante el Mundial de 1994.

Entre los festejos sentimentales, capítulo aparte tienen los dedicados a personas que ya no están. El más recordado, el precioso gesto de Iniesta, que consiguió que su amigo y rival Dani Jarque estuviera presente en espíritu en el momento cumbre del fútbol español, ganándose el respeto eterno de la afición rival. Uno de los primeros que institucionalizó el recuerdo a un fallecido fue José Emilio Amavisca, que recordaba a un buen amigo señalando al cielo con una rodilla en tierra y la mirada fija en el suelo.

Pero una de las celebraciones más impactantes seguramente sea la de Paco Alcácer por la espeluznante historia que hay detrás. El valencianista siempre dedica sus tantos al cielo, en busca de su padre. Lo que hace este caso más especial es que el progenitor del delantero ché falleció en la misma puerta de Mestalla, acompañado por su hijo y su mujer, tras haber estado viendo a éste anotar su primer tanto con la camiseta blanca en un Trofeo Naranja. La familia Alcácer tocó el cielo y el infierno en solo unas horas.

Pero pasando a festejos más simpáticos, que para eso el gol es alegría, cabe destacar el gesto del arquero de Kiko Narváez, uno de los tipos con más salero que a pisado los campos nacionales. Alguna vez Torres también ha usado este gesto, aunque es más típico suyo dejarse resbalar de rodillas por el césped, como celebró el gol de la final de la Eurocopa o muchos de sus goles, sobre todo en Inglaterra, aprovechando la humedad de aquellas latitudes.

No hace falta explicar lo que puede ocurrir si se hace esa celebración en un campo seco. La sonrisa y el gesto de surfero de Ronaldinho (agitando su puño cerrado con el pulgar y el meñique extendidos) también denotaban alegría y “buen rollo”. Aunque el cúlmen de los festejos divertidos, en mi opinión, proviene de dos hombres algo desgarbados. Por un lado, el mítico sombrero de Finidi George, que recibía desde el fondo del Villamarín cada vez que marcaba. Y por encima de todos ellos, el baile del robot del gigantón inglés Peter Crouch, una marcianada sorprendente.

Mención aparte merecen las coreografías grupales, como las que nos han dejado muchas veces los equipos africanos o el espectacular baile que se marcó Colombia tras un gol de James a Costa de Marfil en el pasado Mundial. Pero en el trabajo en equipo a la hora de celebrar un gol, destaca el modesto Stjarnan de Islandia, que se hizo famoso en todo el mundo (incluso hicieron un anuncio para una compañía de telefonía española) por crear auténticas escenas cada vez que anotaban un tanto. Desde la representación de la pesca de un salmón, a una bicicleta o un retrete humanos, dejaron grandes dosis de inventiva que cortaron al constatar que estos gestos “picaban” a los equipos rivales, que empezaban a desempeñarse contra ellos con mayor interés para evitar recibir estos festejos.

Stjarnan pesca salmón

Los jugadores del Stjarnan simulan la pesca de un salmón

Hay celebraciones de todo tipo, pero si me tengo que quedar con una de toda la historia del fútbol, elijo remontarme a 1938. Matthias Sindelar, probablemente el mejor jugador austriaco de todos los tiempos, en un partido contra Alemania en el que se conmemoraba la anexión de su país por parte de las fuerzas hitlerianas, tiró de orgullo para anotar el definitivo 2-0 a favor del equipo de los invadidos y dedicarle un baile al mismísimo Hitler, presente en el estadio.

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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