Esta mañana llegaba la confirmación de una noticia que era un secreto a voces: el central brasileño Joao Miranda abandona el Atlético de Madrid y se marcha al Inter de Milán. La oficialidad venía de la foto colgada por el club transalpino en su cuenta oficial de Twitter, donde el defensor aparecía en el transcurso de su examen médico rutinario previo al fichaje.

A principios del año 2011 saltaba a los periódicos la noticia de su futura incorporación al cuadro rojiblanco en el mes de Julio, llegando libre al finalizar contrato con el Sao Paulo. En una temporada de cierto paroxismo como fue la última de Quique Sánchez Flores en el banquillo del Calderón, la noticia no ilusionó especialmente a la hinchada colchonera.

Por aquel entonces, el secretario técnico del club era Jesús García Pitarch. El hartazgo de un equipo en plena fase de mejoría pero sin llegar a ser rival aun de los grandes europeos arrasó su labor, plagada de luces y sombras. Para el aficionado colchonero el recuerdo de fichajes como los de Cleber Santana, Eller o Costinha había menoscabado la confianza en el “ojo clínico” del secretario técnico. El anuncio de la llegada de un central llamado Miranda a quien casi nadie conocía, que había tenido un paso fugaz por Europa y que había tocado la Selección solo esporádicamente sonaba a próximo fracaso, a herencia envenenada de un secretario técnico que manifestó su “alivio” al abandonar el club a final de dicha temporada.

Llegó entre la marabunta de fichajes de aquel verano (Gabi, Courtois, Arda Turan, Diego o Falcao) un tanto desapercibido. Su debut oficial, en el primer partido de la temporada contra el Stromgodset en Europa League, acabó con una expulsión en el último cuarto de hora del encuentro. A pesar de un comienzo tan aciago y algunas dudas en los primeros partidos de Manzano, pronto se hizo con la titularidad de manera indiscutible.

Poco a poco, el aficionado atlético fue acostumbrándose a la presencia en su equipo de un defensor con buen trato con el balón, de proverbial tranquilidad a la hora de manejarlo (tanta tranquilidad en él como nervios desata en quien le ve moverse con esa parsimonia), de rápida salida al cruce y tremendo juego aéreo, que sabe ser duro o sutil, según requieran las circunstancias.

Joao Miranda

Ya con Simeone en el banquillo terminó de afianzarse junto a Godín en una pareja de solidez histórica. La defensa que formaron junto con Filipe Luis y Juanfran por los laterales y el seguro de Courtois a su espalda será recitada por los trovadores rojiblancos del futuro, rememorando grandes glorias.

Ha conseguido, en sus cuatro temporadas como rojiblanco, cinco títulos, siendo importante su presencia en todos ellos por su calidad en el desempeño de su función principal en fase defensiva, pero también por el plus de su potencia en jugadas a balón parado en fase ofensiva (marcó, por ejemplo, en la final de la Supercopa de Europa ante el Chelsea y ha peinado innumerables saques al primer palo, propiciando goles en la llegada de sus compañeros).

Su progresión, de fichaje “sospechoso” en 2011 a imprescindible en la histórica temporada 2013 / 2014, se frenó ligeramente en esta última temporada, donde arrancó bien pero quedó diluido por las lesiones y, sobre todo, la irrupción del joven Giménez como sustituto más que decente. No es que haya dejado de ser útil, pero ya en la treintena, todo indicaba que este verano era el ideal para sacar aun un buen precio (se habla de 15 millones de euros más objetivos) por un jugador que se está viendo superado por su sustituto. Se lleva el Inter a un buen central, un fijo para Dunga en la Selección Brasileña, a la que incluso ha capitaneado en esta última Copa América, elástico, rápido, nadie en el fútbol mundial tiene tanta calma para sacar un balón jugado de atrás.

Pero si se quiere entender por qué se han llenado hoy las redes sociales de mensajes de atléticos eternamente agradecidos a su número 23 es por lo ocurrido el 17 de Mayo de 2013 en el estadio Santiago Bernabéu. La final de Copa del Rey entre Real Madrid y Atlético de Madrid parecía que iba a ser un nuevo paseo para los merengues tras varios siglos (o tal fueron casi catorce años, que más da) sin que los rojiblancos lograran una victoria. Pero aquel día iba a ser diferente.

Desde el convencimiento de que eran inferiores, los rojiblancos plantearon un partido extenuante, hicieron bueno el tópico de jugarlo como si fuera el último y resistieron los ataques blancos, se sobrepusieron al gol inicial de Cristiano Ronaldo y en el sexto minuto de la prórroga congelaron la historia de debacles colchoneras. Koke colgó el balón desde la derecha tras recibir el rechace de un córner y Miranda, llegando desde atrás, “posterizó” a Xabi Alonso, a Khedira y a Coentrao, que se miraban sin saber a quien se le había escapado ese tipo que entró como un avión, dejó compuesto y sin balón a Diego López, que se lanzó con los puños al aire, y marcó el gol que dio aquella Copa al Atlético de Madrid.

Joao Miranda y Radamel Falcao celebran gol

No fue una Copa normal, fue un punto de inflexión, fue derribar la última frontera hacia la grandeza, fue la espita que hizo detonar esta gran época del Atlético de Madrid. Y lo provocó Miranda, el hombre que pocos días antes de aquella final había declarado en una entrevista que tenían que ganar porque su hijo le había dicho que en el colegio los niños madridistas se reían de él porque el Atleti nunca ganaba los derbis. Pues ahí lo tienes chaval.