Para los que andamos cerca de cumplir los cuarenta, Luis Miguel Arconada es uno de nuestros primeros mitos futboleros, sobre todo para los que siempre hemos tenido esa especie de locura que es el gusto por la portería.

Arconada fue el portero de la gran Real Sociedad de los primeros años de la década de los 80 y un fijo en la selección española desde 1977, siempre titular indiscutible entre la Eurocopa de 1980 y 1985, cuando una lesión le apartó definitivamente de la selección en beneficio de otro mítico guardameta, Andoni Zubizarreta.

En ese periodo defendió el marco del combinado español en 68 partidos, encajando 62 goles y luciendo la condición de capitán en los últimos años.

Su carisma, además de sus grandes capacidades como portero, le han mantenido en el recuerdo de todos los que le vimos, todos los niños de mi generación nos hemos creído Arconada, igual que los de los últimos años habrán jugado a ser Casillas. Así, canturreábamos en el patio del colegio cuando había una buena parada aquello de “no pasa nada, tenemos a Arconada”.

Pero en Francia (y también en España) se le recuerda de una manera menos cariñosa. Al estilo de una predicción de lo que años más tarde está pasando con Piqué, Arconada vivió la mezcla de política y deporte. Su superstición de llevar medias blancas le causó problemas e incomprensión en algunos. Al no vestir las medias oficiales de la selección, con la bandera de España en la vuelta, hubo quien dijo que se debía a una supuesta fobia a lo español. Debido a su condición de vasco y a los complicados tiempos de virulento terrorismo que se vivían, estas acusaciones fueron un problema, a pesar de lo enrevesado que resultaría que aceptara defender la portería de España, ser el capitán de la selección y lucir la bandera en el brazalete, pero no en las medias. Ciertamente absurdo.

Pero ese recuerdo negativo en Francia tiene que ver con la Euro del 84, concretamente con la final en el Parque de los Príncipes parisino ante el local. En los primeros minutos del segundo tiempo, Platini botó una falta desde la frontal, buscó el palo del portero por bajo, Arconada se lanzó a por un balón aparentemente fácil, aplastó con el cuerpo el balón pero sin atenazarlo suficientemente bien con las manos… haciendo que el esférico rodara por debajo de su cuerpo y acabara dentro de la portería.

El partido acabó 2-0, España fue subcampeona, la carrera de este gran guardameta quedó marcada por un error puntual (tal vez incluso eso provocó que después de retirarse no quisiera salir demasiado a la luz pública) y el diccionario futbolero francés recogió un nuevo término, equivalente al de “cantada” que usamos en España para designar un fallo grosero de un portero: en Francia a eso le llaman “hacer un Arconada”.