Lo reconozco. Lo hice. Pensé que no podría. Pero lo hice. Y lo peor, no sentí remordimiento alguno. Me cansé. Ya no sólo porque con ese horario nuevo de la Champions los que trabajamos sin horario fijo lo tengamos difícil. No fue eso. No os quiero mentir. Salí tarde de trabajar. Podía ver la segunda parte. Mis pasos conscientes me llevaron al supermercado, aunque había suficiente cena y desayuno en casa para que mi mujer entendiese que podía posponer la visita del avituallamiento semanal al siguiente día. Simplemente me llegó el hastío. El martes no vi el partido del Barça porque no quise. Preferí invertir mi tiempo en otra cosa. No me dejé engañar. No por Valverde. Ayer no.

Coutinho celebra gol Barcelona

El equipo de Ernesto lleva desde el inicio del año pasado teniendo múltiples lagunas en su juego. Lagunas constantes. Ausencia de juego semanal, a menudo bisemanal. Ganó la Liga y la Copa del Rey porque tiene al mejor jugador de la Historia, al mejor portero del mundo, 4 o 5 jugadores de clase mundial y el resto del once muy fiable. Pero la tozudez de Ernesto nos hizo perder opciones en la Champions. Agotó al equipo. No encontró, ni las buscó, soluciones al cansancio. Confió en Paulinho hasta que llegó el partido que justificaba su fichaje y no lo puso ni un minuto. Tuvo la mala fortuna de que Neymar decidiese marchar para ganar él solo una Champions, cosa que a tenor de lo acontecido esta semana va a tener muy complicado. Coutinho solo pudo ser fichado para competiciones nacionales. Todo le vino de espaldas y la contrariedad de los hados envolvió el mediocre planteamiento de Ernesto en un halo de éxito parcial.

Ernesto Valverde preocupado

Este año parecía que iba a ser diferente. Se vendió, todavía de manera incomprensible aunque entendible desde el punto de vista monetario, a Paulinho, totalmente asentado en el equipo como elemento diferenciador. En su lugar se fichó a Arturo Vidal, jugador tan contrastado como maltrecha parece su rodilla. Lenglet venía a liberar de minutos a la pareja Piqué-Umtiti, que debieran subir su nivel al tener competencia. Arthur llegó del mercado brasileño como una firme promesa para asentar el estilo de juego blaugrana. Malcom iba a relevar a la tripleta atacante en aquellos partidos de no tanta exigencia o bien en los que los teóricos titulares necesitaran reactivarse. En el lateral izquierdo Alba sentiría el aliento del joven Miranda, que en pretemporada deslumbró. Riqui Puig, Aleñá y Denis Suárez eran las alternativas para recuperar el estilo de juego. A Rafinha se le puso en el escaparate para ver si lo vendíamos. Demasiadas incógnitas. Y lo que es peor. Un entrenador que se ha mantenido en su terquedad de no resolverlas.

Ernesto no tiene dudas. Confía en los mismos. En los mismos del año pasado. Aquellos que aburrieron a cualquier seguidor culé con un mínimo de gusto por el buen fútbol. Se le perdonó. Se lo perdoné. Las primeras temporadas siempre son duras y más cuando te han arrebatado a un pilar de tu esquema y su sustituto se lesiona.

Pero este año no. Dembelé está demostrando su fichaje y quizás con el tiempo amortice el dinero invertido. Coutinho es un jugadorazo pero no es Iniesta, brilla excelsamente en el ataque pero poco en la distribución. Ahí está el problema. En la sala de máquinas. En fabricar el juego. Busquets y Rakitic se saben tan indiscutibles como Alba, Piqué y Umtiti. El equipo no construye, gana por su demoledora pegada. Así no. Hay jugadores para más. Para que los hasta ahora titulares huelan el banquillo. No se puede evaluar a Arthur y a Vidal por jugar los minutos residuales.

No me arrepiento de haberme perdido un partido de Champions del Barça. Es cierto que Messi amortiza la entrada con su juego, él no se sienta en la mesa de los elegidos, la mesa es suya. Me alegro, según me han comentado mis amigos culés y escuché en la radio, que los 5 minutos visualizados del resumen del partido me ahorraran 85 minutos que gratamente invertí en otras tareas.

Ernesto, como culé amante del fútbol, te pido que espabiles de una vez para que mi hastío culé, y el de otros muchos, no se convierta en una constante de la temporada. Otra más.

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