Existen futbolistas duros, futbolistas espabilados que aprovechan cualquier resquicio para desmontar una defensa, jugadores habilidosos, goleadores reputados capaces de rematar a las redes cualquier cosa que ruede por el área, futbolistas potentes capaces de pasarse 90 minutos corriendo sin pestañear, superdotados tácticamente que parecen tener mapeado todo el terreno de juego en su cerebro, incluso hay futbolistas que no se sabe muy bien que virtudes tienen para estar en la élite.

Pero si algún tipo de futbolista merece el precio (habitualmente elevado) de una entrada, son los futbolistas magos. Y aunque muchas veces estos jugadores son más apreciados por los aficionados que por sus entrenadores, en la Liga española tenemos uno que reclama más minutos con sus actuaciones geniales y que no se conforma con papeles de secundario de lujo. Es Isco Alarcón, un mago inconformista.

A pocos días de cumplir 25 años, este malagueño nacido en Arroyo de la Miel, uno de los núcleos urbanos que conforman la localidad de Benalmádena, salió al paso de los titulares de prensa que se centran en las dudas sobre su renovación marcándose un partidazo en Gijón. Este ganador de los trofeos Golden Boy y Bravo, que acreditan a los mejores jugadores jóvenes a nivel europeo, arrancó su carrera en pequeños clubes de su ciudad, para dar el salto desde el Atlético Benamiel a la cantera del Valencia cuando contaba con 14 años. La buena vista que demostró el club valencianista para ficharle, no se correspondió con el buen gusto de aguantarle en el equipo, ya que, aunque debutó en un partido de Copa del Rey con solo 18 años, su inconformismo le llevó a buscar una salida cuando vio que en esa temporada solo disputó siete partidos con el primer equipo. Émery no le veía suficientemente maduro y el jugador no estaba dispuesto a esperar, así que, por solo seis millones de euros, recaló en el proyecto ambicioso que el jeque Al Thani montó en su tierra natal.

Al Málaga C.F. llegó con 19 años como una gran promesa, pero pronto se ganó la confianza de Pellegrini y no solo alcanzó la titularidad, sino que se echó a la espalda a un equipo donde había veteranos de importante nombre en el fútbol europeo. El colofón de aquel Málaga mítico llegó con su eliminación en cuartos de final de la Champions ante el Borussia Dortmund con mucha polémica y dos goles en el descuento.

Su progresión era imparable y decidió arriesgar abandonando la tranquilidad de ser estrella en el equipo de su tierra para asumir el reto de brillar en el Real Madrid con solo 21 años. En las cuatro temporadas que lleva en el club merengue, siempre ha dado la impresión de jugar menos de lo que se merece, de ser una de las principales víctimas de la imposición tácita de los nombres sobre la meritocracia.

A pesar de la fuerte inversión que supuso (30 millones de euros), en ninguna temporada ha sido titular indiscutible, aunque sí uno de los primeros recursos ante bajas o cambios, de ahí que realmente tenga un alto número de partidos jugados. Este año, por ejemplo, ha jugado en 26 partidos de Liga, pero solo cinco de ellos completos. En su primera campaña, en la mejor racha de resultados de Ancelotti en el banquillo, fue titular por la lesión de Bale, mostrando no solo su clase, sino también una gran capacidad para el juego posicional y una gran actitud en fase defensiva.

Pero, como decimos, este mago no se conforma, y sin malas palabras, siempre ha estado reivindicando un papel más importante en el Real Madrid. Finaliza contrato el próximo año y se sabe que no ha aceptado ofertas del club para ampliarlo, además, sus guiños de juventud al F.C. Barcelona (tiene un perro llamado Messi, hay fotos suyas de adolescente con camisetas del Barça o algo tan absurdo como que la pasada semana apareciera en una foto con unos amigos y una bolsa de patatas fritas con los colores blaugrana), parecían ponerle hace cosa de un mes más cerca del Camp Nou que de la Castellana. Con algunas recientes declaraciones y con su actuación de este fin de semana parece que las posturas pueden acercarse, pero este chico ya ha demostrado que no le asustan los cambios y, si en el Real Madrid no tiene la continuidad que se ha ganado, no le temblará el pulso ni le faltarán ofertan suculentas para buscarla fuera.

Ante el Sporting de Gijón formó parte del equipo B, el de las rotaciones de Zidane con miras a la vuelta de Champions, y acabó maravillando con su actuación y sumándose a la tan madridista costumbre de salvar el resultado en el último minuto. Anotó dos goles, el del empate a uno y el del definitivo 2-3, de bella factura, y dibujó driblings por el césped de El Molinón a la altura de muy pocos. Con esos dos goles iguala a Benzema en Liga, ambos han anotado nueve goles. El malagueño, además, ha repartido cinco asistencias.

Isco Alarcón celebra gol con Marcelo

Isco Alarcón, titular en cualquier equipo menos en el Madrid

Con la titularidad pendiente, tanto en su club como en la selección (donde, casi sin hacer ruido, ya ha disputado 20 partidos), Isco sigue creciendo. Con una Copa del Rey, dos Champions, dos Supercopas de Europa y dos Mundiales de Clubes, además de un Campeonato de Europa Sub 21 con La Roja, no se conforma. Isco quiere ser importante y se lo merece, porque pocos futbolistas manejan el balón y el tiempo del partido como él, porque su estilo de posesiones largas tal vez va un poco a contrapelo de la velocidad que suele dirigir el juego madridista, pero siempre se agradece ese control que él ofrece, porque es un gusto verle jugar y porque es uno de esos pocos magos del balón que se pasean por el césped. Pero ojo Florentino, este es un mago inconformista.

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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