Me maravilla enormemente el país en el que vivimos, el juicioso criterio que tenemos y lo que nos cuesta en algunos términos renegar de nuestros principios, para en otros menesteres, cambiarlos cada dos o tres semanas, si es necesario. Vaya este arranque porque llevo unos días barruntando que el pobre de Luis Enrique está más solo que la una, le caen los palos por todas partes y no hay más que verle: el buen humor con el que se tomó su llegada a Barcelona se ha tornado en un gesto brusco, serio; aquellas respuestas ingeniosas y largas se han convertido en monosílabos secos y austeros. Pues será que de siempre me han atraído las causas perdidas, pero hoy seré yo quien dará la cara por Luis Enrique.

Me he cansado por activa y por pasiva de criticar que el periodismo deportivo español en general es muy ista: ventajista, partidista, resultadista, incluso a veces, si se me permite el término tan de moda, yihadista… En fin, es una pena, pero son los bueyes que tenemos… Cuando el Barcelona anunció el fichaje de Luis Enrique todo eran alegrías en Can Barça. Los medios, nada objetivos, dieron su visto bueno: se trataba de un hombre de la casa, que se había dejado el alma como jugador y que como entrenador hizo cosas muy apañadas con el Barcelona B. Luego se curtió en Italia (Roma) y en el Celta. No llegaba tan virgen de experiencia al máximo nivel como Guardiola pero tampoco bregado en mil batallas. Aún así, el buen año del Celta era una tarjeta de visita aceptable y si tragaron con el insípido y planísimo Martino, ¿por qué no con el asturiano?

Empezó la Liga, y su Barcelona sumó 22 puntos de 24 posibles en las 8 primeras jornadas. 22 goles a favor. Ninguno en contra. Todo eran elogios. Que si el Barcelona había ganado en profundidad, que eran más verticales, que si a la mierda la posesión, que si Rakitic, que si Neymar, que si Bravo, que si Munir… Luis Enrique rotaba. Y todo el mundo era feliz en Barcelona.

Pero llegó la visita al Real Madrid en el Bernabéu, partido que se saldó con derrota, 3-1. Una derrota, creo yo, plausible, aceptable, una derrota ante el rival por antonomasia y uno de los mejores equipos del mundo. Y ese mismo día le cayeron ya los primeros palos. Que si por qué ha puesto a Luis Suárez, que si por qué ha puesto a Piqué… 7 días más tarde, los ex-pupilos de Luis Enrique en Vigo ganaban 0-1 en el mismísimo Nou Camp y ya se hablaba de crisis en toda regla. Y en la práctica, dicha palabra no ha desaparecido de la prensa, primero catalana (¿blaugrana?), y luego madrileña (¿madridista?).

La realidad es que el Barcelona ha cerrado la primera vuelta con 48 goles a favor (2º mejor ataque de la Liga) y 9 goles en contra (mejor defensa, de largo). A un punto de momento (que pueden ser 4 si el Madrid gana el partido aplazado por el Mundial de Clubes contra el Sevilla) del líder. Ha clasificado al equipo primero de su grupo de Champions y por lo tanto, jugará el segundo partido de la eliminatoria bomba contra el Manchester City -que tampoco se come a nadie- en Barcelona. Ha clasificado al equipo para cuartos de final de la Copa del Rey. Tiene a su equipo vivito y coleando en TODAS las competiciones. Ha rotado todo lo habido y por haber, y sólo este pasado domingo se decidió a repetir alineación (la primera en 29 partidos oficiales, si no me fallan las cuentas), y jugó en Coruña con el mismo 11 inicial de la semana anterior frente al At. de Madrid.

¿Cuales son, pues, los pecados de Luis Enrique? Hablan del juego. Convendría que el Barcelona y su GIGANTEEEEEEEEEEEEEEESCO entorno pasaran ya la página de Guardiola. Nunca más el Barça volverá a jugar así. Con Vilanova no se jugó especialmente bien; con Martino no sé jugó especialmente bien; conLuis Enrique, ya veremos… -¿no le vamos a dejar acabar la temporada?-. Porque hay partidos que lo hacen de maravilla y otros que no tanto. Quizá olvidamos que los chicos que visten de blaugrana -igual que los que visten otras elásticas- son tan de carne y hueso como nosotros y pueden tener días malos.

Messi, Neymar y Suárez celebran gol

Messi, Neymar y Suárez conectan a la perfección. Y esto es bajo las órdenes de Luis Enrique

Pero no nos engañemos. El gran pecado deLuis Enrique), hasta la fecha, ha sido la de enfrentarse, ¡¡¡OH, DI-OS MI-O!!! a Leonel Messi. ¿A quien se le ocurre? Parece ser que la relación entre entrenador y jugador dista mucho de ser fluida. Parece ser que el entrenador no le ríe las gracias. Parece ser que el entrenador se mosqueó y mucho cuando Messi se negó a ser cambiado en un partido. Parece ser que el entrenador se endemonió cuando la directiva permitió que Leo y Neymar volvieran de las vacaciones de Navidad unos días más tarde que el resto de la plantilla, contra la voluntad deLuis Enrique). Parece ser que al entrenador no le hizo especialmente feliz la actitud de Leo en el primer entrenamiento del 2015. Parece ser que al entrenador tampoco le hizo mucha gracia la “gastroenteritis” del 5 de enero. Y ha decidido, dicen, echarle un pulso al que FUE mejor jugador del mundo.

De la misma manera que Luis Enrique goza de casi todas mis simpatías, tengo que reconocer también que igual el año que no puedes hacer fichajes por esa sanción de la FIFA tan curiosa no es el más adecuado para tocar las partes blandas de Leo y forzarle a dejar el Barcelona. Sabe Dios cuanto dinero podrían recaudar los culés con la venta de Messi (aunque ahora, con lo del fair-play financiero, está un poco más difícil), pero ¿de qué te serviría firmar el traspaso más millonario de la historia si no puedes gastarte ni un solo euro? Esa es la gran pega que le veo yo a la estrategia de Luis Enrique.

Por lo demás, si yo fuera Bartra, o Munir, o Mascherano, o Alba, o Pedro… estaría endemoniado de ver como otro entrenador más le consiente a Messi cualquier capricho, le niega los cambios, le desplanta delante de cualquiera, se rie en su cara y en las ajenas de él y de sus compañeros… Por muy bueno que sea el 10 argentino, ningún jugador puede estar por encima del equipo. NINGUNO.

Porque yo, desde luego, soy de los que estoy hasta las narices de las tonterías de Leo Messi. Messi lleva sin rendir al nivel que le coronó como número 1 mundial desde la marcha de Pep Guardiola -casualidad o causalidad-. El tristemente desaparecido Tito Vilanova casi le hace volver por sus fueros, el impuesto Tata no sacó de él nada que no se hubiera visto ya. Y Luis Enrique está en ello. Pero creo que todo el mundo puede coincidir en que desde 2012, Messi no es el jugador que fue. Claro, es tan bueno, tiene tanta clase, que en una temporada mala, mete 25 ó 30 goles, y alguno de ellos, de antología. Pero cuando han llegado los momentos importantes -las eliminatorias de Champions, los partidos en los que se jugaban la Liga, la final del Mundial…-, Messi is missing.

Puedo entender la diarrea que provoca sólo el imaginar a los aficionados culés que Leo se marche a otro club. Pero yo, lo que haría con jugadores como él, como CR7, como Ibrahimovic, etc. sería mandarlos un par de años a algún equipo modesto. Con todos los respetos. Mandaba a Leo al Granada. O al Córdoba. O al Eibar. A ver cuantos goles marcaba. A ver cuántos títulos ganaba. A ver cuantos balones y botas de oro, plata o bronce ganaba.

A aquellos que ven en Leo la solución a todos los problemas del Barcelona y que con gusto le pondrían, hoy mismo, el lacito a Luis Enrique, les diría que Messi es lo que es, o lo que ha sido, gracias a Rijkaard, a Guardiola, a Xavi, a Iniesta, a Eto’o, a Pique, a Valdés… Gracias a todos ellos, Messi tiene el palmarés que tiene, y por lo tanto, tendría que estar agradecido a sus compañeros, a sus entrenadores por haberle llevado, con su extraordinario talento, las cosas como son, hasta el infinito y más allá. Pero alguien tiene que hacerle aterrizar.Luis Enrique lo ha intentado, y lo va a seguir intentando. Aunque ya queda dicho: mal año ha elegido… Pero desde aquí le sigo animando en su batalla. Je suis Luis Enrique.