Los argentinos siguen sin encontrar consuelo o una simple contestación a su eterna pregunta: ¿Por qué? Las respuestas pueden ser infinitas como así es su desolación. Y es que la albiceleste lleva tres finales consecutivas perdidas, demasiado para estos aficionados que viven el futbol como una religión. En 2014 cayeron ante Alemania en la prórroga del Mundial con un gol de Götze en el minuto 113, el año pasado ante Chile en los penaltis en la Copa América y esta vez que parecía la vencida… otra vez ‘la roja’ borrando de un plumazo, o mejor dicho, de otra fatídica tanda de penaltis, el sueño de todo un país a la vez que haciendo maléfico el dicho de “no hay dos sin tres”.

El MetLife Stadium se preparaba para vivir una noche histórica, Argentina llegaba como favorita al envite pero se encontró una auténtica muralla delante. Juego quebrado al que se sumó la mala suerte de cara gol del equipo del Tata Martino, nada más comenzar el encuentro, Banega disparó desde lejos pero se marchó desviado. Higuaín tuvo la más clara fallando un mano a mano ante Claudio Bravo pero el esférico se fue rozando el palo. Messi, el más activo de todos, provocó la expulsión de Marcelo Díaz por doble amonestación pero llegando al minuto 45, el árbitro equiparó la balanza expulsando a Marco Rojo por una entrada sobre Arturo Vidal.

En la segunda parte, bajó el ritmo del juego y solo en los compases finales se pudieron ver algunas acciones de peligro que no llegaron a abrir el marcador. En la prórroga, Agüero cabeceó un centro pero Claudio Bravo desvió el remate que parecía ir directo a la red. Adiós a 120 minutos y hola a la lotería de los penaltis. La cara para unos y la cruz para otros. Messi erró el primero y con ello se empezó a vislumbrar el negro final que le esperaba a su selección. Vidal falló también el suyo, pero Bravo, el mejor de Chile, atrapó el lanzamiento de Biglia. Si marcaba Silva, ‘la roja’ reeditaría título, consiguiendo su segunda Copa seguida… Y así fue, 4-2 desde los once metros. Chile se ha ganado a pulso ser la bestia negra de la albiceleste tras ganarles en dos finales consecutivas. Por su parte, Argentina sigue en el dique seco desde 1993. Han pasado 23 años, ha disputado siete finales pero no ha ganado ninguna. Los penaltis se han convertido en su máxima pena, triste desenlace el año pasado y éste. De nada ha servido ser el equipo más goleador con dieciocho dianas.

¿Y Messi? Empezó el torneo desde el banquillo para convertirse en el máximo goleador de la selección (superando a Batistuta) con 55 goles repartidos de la siguiente manera: 26 goles en amistosos, 5 en mundiales, 16 en las eliminatorias y 8 en la Copa América lográndolo en 111 partidos. El capitán y mejor jugador del mundo lo dio todo sobre el césped, se multiplicó, hizo de pasador y rematador pero no encontró el suficiente apoyo de sus compañeros ni la suerte de cara. Erró otra pena máxima y esta temporada ya van muchas. Enseguida que vio como el balón se iba por encima del larguero empezó a darse cuenta de que esta vez, tampoco levantaría su primer trofeo con la absoluta.

Messi desolado tras fallar penalti Argentina

Estuvo solo y abatido en el banquillo, ausente en el resto de lanzamientos y al final lloró como nunca se le había visto. Lágrimas de rabia, desesperación e impotencia como lo hizo toda Argentina. Estuvo pensativo para luego decir en la zona mixta: “Ya está. Se terminó para mi la selección. Son cuatro finales, no es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba pero no se me dio”. Palabras que han desatado una campaña nacional con el hashtag #NoTeVayasLio a todos los niveles (incluido el presidente Macri) para que recapacite y vuelve a vestir la elástica albiceleste y es que nadie se imagina la selección sin el ‘diez’.

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