No sé cuándo ni como. No sé cuáles serán sus efectos. Pero no tengo dudas: el fútbol mundial, mayormente el europeo, no podrá soportar durante mucho más tiempo esta espiral de precios enloquecida en la que ha entrado este verano, confirmación de una deriva peligrosa iniciada hace ya algunos años con fichajes como el de Neymar (cuyo coste, a pesar todo, todavía no se sabe con certeza) y mayormente el de Gareth Bale, buen jamón serrano vendido a precio de 5 jotas.

De entrada, está claro que ningún jugador vale lo que se paga por él. En eso podemos estar de acuerdo todos. Pero claro, en cuanto llega un tipo que saca el dinero de no se sabe donde y pone sobre la mesa 222 millones de euros sin que le pasen las pulsaciones de 35… se acaba la discusión. Ya hace algunos meses, antes del verano, escribí sobre los precios que se estaban pagando por jugadores que tienen todavía mucho que demostrar, con apenas treinta partidos en la élite (era el caso de Theo Hernández, Vinicius y el ya parisino Mbapé). Ese artículo ha quedado desfasado en apenas unas semanas.

222 millones por Neymar. Una locura. 145 por Dembelé (fijo más variables), una tomadura de pelo. Por Coutinho pedían todavía más dinero desde Liverpool. El Barcelona tiene que dar gracias a la cabezonería de los británicos, porque ni el delantero brasileño merece esa inversión ni iba a suponer un giro radical en el devenir del Barcelona esta temporada. Como mucho, uno de 360º. De momento, se han ahorrado una pasta que deberían gastarla mejor que lo que han hecho con el joven Dembelé.

Ahora que le llueven las críticas y los palos a Nobita Bartolomeu por su inacción tras la salida de Ney (¿avisada en mayo según Minguella?) y la incapacidad de cerrar fichajes para reforzar al club, yo me voy a poner en el lado de aquellos que piensan que a esos precios, el Barcelona no debería haber movido ficha. La actual plantilla del Barça no iba a disputar la Champions al Madrid porque hubiera sumado al pequeño Coutinho a su plantel, ni con Mahrez, ni con Di María (bendito sea Dios) ni ese listado de medianías que ha ido sonando conforme llegaba el cierre del mercado.

Este año toca aguantar el chaparrón con lo que hay (que es muy bueno, ojo) y soportar con paciencia estoica como tu rival blanco ficha mejor que tu y con una estrategia que tiene un sentido. El ciclo del Barça, mucho tendría que equivocarme, ha pasado a mejor vida. Así que mejor que empieces a poner las bases del próximo, y busques y fiches jóvenes talentos al precio de jóvenes talentos (como hizo el Madrid en su momento por Asensio y este verano por Ceballos). Si eres capaz de echar el ojo sobre seis, siete u ocho jugadores jóvenes, con futuro por delante, al precio que hay que pagar por esos chavales (100-120 millones debería que ser suficiente), los cuidas, los trabajas, los desarrollas, mal tendría que darse para que dos o tres no salieran adelante y llegaran a lo más alto. Lo lógico es que los próximos Mbapé o Dembelé salgan de tu propia cantera. ¿La recuerdas, Nobita? La Masía. En fin, lo dicho. Paciencia para los aficionados culés. Para comprar imitación de caviar como si fuera auténtico, mejor deja el dinero en el banco, y pídele a tu director deportivo/secretario técnico que haga lo que tiene que hacer. Manda narices que el Madrid, sin esa figura, se mueva mejor que el Barcelona en estos menesteres.

El problema del Barcelona, más allá aún de si fichan o no, es de dejación de funciones y de comunicación. Por una parte, Robert Fernández no parece estar a la altura de lo que necesita un club de las dimensiones del Barcelona. No necesitas a un secretario  técnico o a un director deportivo para fichar a una estrella. Eso ya lo hago yo. Los necesitas para fichar a la próxima estrella cuando todavía no lo es. Eso, más o menos, es lo que hacía Monchi. Lo que hace Robert, no se sabe aún… Y luego está lo de ponerles un micrófono por delante.  Con lo que ha sido esta gente, y ahora… Al Barça le pierde esa prepotencia y orgullo de los grandes. Le pierde ese “al 200%”. Le pierde ese “se queda” (aunque no viniera de la Directiva); le pierde ese “mi intención es que llegue otro fichaje, y si puede ser, dos” (y luego no viene ninguno).

También es cierto que los clubes españoles juegan en desventaja con sus rivales europeos por algo tan sencillo como las cláusulas de rescisión. En España las hay desde tiempos inmemoriales. En el resto de Europa (o al menos, en las grandes Ligas), no. Es decir, tu fichas a Asensio hace tres años, y le pones una cláusula tipo de, no sé, 30 millones (que hace tres años por Asensio era mucho) y viene un listo, pone los kilos sobre la mesa y le come la cabeza al jugador, éste cambia de camiseta y aquí paz, y después gloria. Tu fichas a quien sea, le tasas, de alguna forma, con la cláusula, y luego, puedes ir mejorando el contrato (para subir la cláusula) y evitarte problemas… Pero hay un precio oficial por el jugador. Lo que ponga en su contrato.

Pero ¿qué sucede cuando Mbapé o Dembelé o Coutinho o Verrati no tienen esas cláusulas? ¿Qué el club de origen puede pedir lo que le salga el gusto de las narices, sea lógico o no, lo valga, deportivamente hablando, el jugador o no… Menudo negocio ha hecho el Borussia. Hace un año pagó 15 millones por Dembelé. Y ahora se han asegurado 105 kilos (¡¡¡un 600% más!!!). Ya sabían ellos que Ousmane no vale ese dinero pero si lo piden y hay un ingenuo que se lo da, no podemos seguir discutiendo. Cuando el club vendedor sabe que tienes en tesorería 222 millones calentitos y recién sacados del horno, a la masa social enervada, a la prensa machacándote, una moción de censura en ciernes…

La UEFA tiene mucho terreno por delante si quiere que todo el mundo juegue en igualdad de condiciones (dentro de la desigualdad, eso está claro…). De poco sirve el “fair play” financiero si luego te limpias el culo con él. A ver en qué queda la investigación que ha abierto la UEFA al PSG por los fichajes de Neymar y Mbapé. ¡Uy, qué miedo! Que el dinero del equipo parisino provenga de donde proviene, eso no nos importa. Pero, ¡ay, amigo!. Eso de ir haciendo cantera, de ir cribando el mundo para separar el grano de la paja cuando el chaval tiene 14, 15 ó 16 años, y luego te tengo un año sin fichar castigado… No, por ahí no pasó. Lo de la UEFA, claro, es un cachondeo, pero es un cachondeo que a todo el mundo le viene bien. Así que seguirá siéndolo. Si fuera un organismo serio, tomaría como ejemplo la NBA, y esto sería otra cosa, pero esto daría para otro artículo. Ya se verá.

P.D.: La temporada pasada, un servidor, defensor de causas perdidas, decía que el Valencia tenía plantilla para estar bastante más arriba de donde estaba. Lo que no tenía era entrenador. Pero este año ya lo tiene. Mi “admirado” Marcelino. Las novedades en el once inicial que saltó al Bernabéu fueron el portero Neto, los defensas Jeison Murillo y el canterano Lato, y el medio Kondogbia. Y una IDEA. Y casi se llevan por delante al equipo de moda. Para eso sirve un entrenador. Un buen entrenador. Y Marcelino lo es. Eso sí, bocazas y prepotente como pocos, pero una cosa no quita la otra. Mucha atención a su Valencia.

Sobre El Autor

Existen 2 frases que me definen futbolísticamente: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (Alfredo Di Stéfano) y “En fútbol se pasa de puta a monja en cinco minutos” (Joaquín Caparrós).

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