Dicen que en el futbol predomina la calidad de los jugadores, que al final son ellos los que acaban decantando un partido. Pero no, el futbol de verdad demuestra que si la calidad no es suficiente siempre se puede llegar al objetivo con motivación y ambición. Que se lo pregunten al Liverpool.

El conjunto inglés recibía el jueves en Anfield al Borussia Dortmund en la vuelta de los cuartos de final de la Europa League.  La ida había acabado con empate a uno. Los alemanes salieron al ataque desde el principio y a los diez minutos ya vencían 0-2 gracias a los goles de Mkhitaryan (5′) y Aubameyang (9′). Con ese resultado, cualquier equipo se hubiera rendido, habría bajado los brazos y esperado que pasaran rápido la eternidad de minutos que quedaran. Parte de los aficionados podrían haberse marchado, impacientado, enfadado e incluso silbado. Pero no, eso no ocurre en Anfield.

La afición lleva grabado a fuego el lema que reza en su himno “You’ll never walk alone” (Nunca caminarás solo) e hicieron todo lo contrario. Animar más que nunca. No perdieron la fe. Lo que no sabían es que los jugadores estaban siendo arengados por su entrenador: “nos dijo que jugáramos un partido que nuestros hijos y nietos recordaran para siempre. Y que el Liverpool había ganado una Champions después de remontar un tres a cero en contra”, declaró posteriormente el delantero Origi. O como recordaba  Lovren: “Al descanso nos dijo que no teníamos nada para perder, sólo debíamos creer. Fue un gran esfuerzo de todos”.

Y comenzó la segunda mitad con los ‘reds’ acortando distancias con un gol del propio Origi (48′). Duró poco la alegría ya que los alemanes hacían el tercero, obra de Reus (59′).  Pero nadie se rindió y siguió la remontada en la que muy pocos apostaban tras el último tanto recibido. Creyeron en ellos mismos y primero Coutinho (66′) y Sakho (78′) después, empataban la eliminatoria. Cuando corría ya el minuto 91’ y todo parecía indicar que se jugaría la prórroga, un centro desde la derecha de Milner al segundo palo, lo cabeceó el defensa Lovren (seguramente también con la cabeza de todos los allí presentes) al fondo de la portería marcando el definitivo 4-3 que daba el pase a semifinales. Anfield se vino abajo sucumbido por la magia de otra noche apoteósica.

Klopp abrazado a sus jugadores

Pero la inolvidable remontada ante el Dortmund no es un caso aislado. Los ingleses ya vivieron otra para la historia hace once años. Fue en la final de la Champions de 2005 ante el Milán disputada en Estambul. Los ‘reds’ entrenados entonces por Rafa Benítez, perdían al descanso 3-0.

Pero en los segundos 45 minutos todo cambió. En menos de diez minutos ya habían empatado. Los autores de los goles fueron Steven Gerrard (54’), Smicer (56’) y Xabi Alonso (60’). El partido desembocó en los fatídicos penaltis donde el portero Dudek sería el protagonista atrapando dos disparos de los ‘rossoneri’ que sumado al que envió fuera Serginho alzarían a su equipo como el mejor de Europa por quinta vez en la historia.

Ahora, les espera en semifinales el Villarreal, al que de eliminar, pasarían a la final y estarían a un paso de ganar un título tras cuatro años de sequía. Con Klopp en el banquillo todo es posible. Saben que cuando la calidad no es suficiente, está la fe y la ambición. Que cuando se quiere, se puede. La noche del jueves fue otra demostración de este equipo abonado a dar grandes citas al futbol mundial.

En la Premier ocupan la octava plaza y pese a encadenar cuatro partidos consecutivos sin conocer la derrota, puede parecer que ya no sea el mismo de hace unos años, pero nada ni nadie podrá borrar el estigma de este mítico equipo, el saber que nunca caminará solo.

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