Explíquenle, expliquénselo bien, explíquenle a un sevillista de San Bernardo o a un bético de Reina Mercedes que sus apasionados clásicos van a ser superados. Mírenle a los ojos a los hermanos Gallagher, a Liam o a Noel, o al mismísimo Sir Alex Ferguson y díganles que un derby en Manchester o el mítico concierto de Oasis en Knebworth del 95 ante un cuarto de millón de personas se quedarán en meros recuerdos del pasado. Ya no digamos los clásicos entre Real Madrid y Barcelona que a base de machacona publicidad, noticias, rumores y mareos varios, suelen quedar por debajo de las expectativas que generan. A menudo con tal cantidad de turistas en sus estadios, que son más espectaculares los efectos que los miles de flashazos de los móviles de última generación japoneses o coreanos generan, que cualquier canto de aliento de alguna de sus aficiones, mucho más presentes en las redes sociales y en los programas de farándula futbolera. Que me disculpen en Roma y en Milán, en Londres, en Atenas o en Estambul. Por una vez, por una sola vez, Europa debe callar, echarse a un lado y asomarse al otro lado del Atlántico. El fútbol va a disfrutar de su historia. No de la historia de un club o de una competición, que también, sino de la verdadera historia de lo que el fútbol, como un compendio entre deporte y pasión, es.

Los próximos días 10 y 24 de noviembre el mundo entero debería girar su cabeza en dirección a Buenos Aires. Realmente es algo que deberíamos hacer con más asiduidad, pero que sirvan ambas fechas como excusa para acordarnos de la capital de la orilla occidental del Río de la Plata. Los días 10 y 24 de noviembre se celebrarán respectivamente el partido de ida y el partido de vuelta de la Final de la Copa Libertadores. Sus protagonistas serán el Club Atlético Boca Juniors, Boca y el Club Atlético River Plate, River. Final de la Copa Libertadores: Boca y River. Ida en la Bombonera. Vuelta en el Monumental. Curiosamente es el último año que la Final de la Copa Libertadores se juega a ida y vuelta. Dos superclásicos que juntos compondrán la final más grande de la historia de América. No puede haber mejor epílogo al sistema a doble partido. No puede haber mejor epílogo a secas. El año que viene la final se jugará a partido único en el Estadio Nacional de Chile, en Santiago. Eso será otra historia.

Lance de la eliminatoria entre Boca Juniors y Palmeiras

Pienso en qué haría si yo fuese Guillermo Barros Schelotto. Seguro que miraría a los ojos de los jugadores y les recordaría por quién juegan. Por la 12, por Victoriano Caffarena, por todos quienes vistieron la xeneize, por el barrio de la Boca. Pero el bueno de Schelotto sabe muy bien lo que tiene que hacer, no en vano es el segundo jugador de Boca con más títulos y ganador de cuatro de las seis Libertadores que lucen en las vitrinas de La Bombonera. Sólo Sebastián Battaglia tiene más títulos que él vestido con la misma zamarra. Y recordemos que de este club surgieron leyendas como Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Carlos “el Apache” Tévez, Gabriel Omar Batistuta o Diego Armando Maradona, el mismísimo Diego ¡Ganen por ustedes mismos, pero ganen también por ellos!

Y si yo fuese Marcelo Gallardo me desgañitaría rememorando a la afición millonaria,  a Carlos Peucelle y Bernabé Ferreyra, a los gallinas y la final perdida ante el Peñarol en el 66. Pero el bueno del Muñeco Gallardo sabe muy bien lo que tiene que hacer, de hecho, es el único integrante histórico en el club que ha ganado la Libertadores como jugador y como técnico. El único. Y recordemos a leyendas como Enzo Francescoli, Ariel Burrito Ortega, Fillol, Mascherano o Di Stéfano ¡Señores, miren todo lo que tienen atrás, todo lo que representan, salgan y tráiganse la Copa!

No puede haber dos mejores directores en los banquillos. Imposible. En el caso de que la ganase Boca, hablaríamos de su séptimo entorchado, si lo ganase River sería el cuarto. Dos de los mayores clubes de Buenos Aires, de Argentina, de América y del mundo, dos gigantes frente a frente. Historia del fútbol.

Boca Juniors accedió a la final eliminando en las semis al Palmeiras en una eliminatoria muy decantada desde el partido de ida en el que el club xeneize venció a los alviverdes por dos tantos a cero. En la vuelta ambos clubes empataron a dos. Su pareja de delanteros, Ramón Darío Ábila, Wanchope Ábila y, sobre todo, Darío Benedetto, que fue autor de tres de los cuatro goles de su equipo, fueron protagonistas en la eliminatoria frente a los brasileños y a buen seguro que esperan ser actores principales en la final.

Mucho más complicado lo tuvieron los millonarios puesto que perdieron su partido de ida en casa ante Gremio de Porto Alegre por 0 a 1 y no fue hasta los minutos finales de la vuelta hasta que lograron remontar un 1-0 inicial con sendos goles en los minutos 82, obra del jugador colombiano (ex del Atlético de Madrid y del Villarreal) Santos Borré y en el 95 de partido, este último de penalti transformado por Gonzalo Nicolás Martínez. Sin duda un pase sufrido pero que le concede a la final ese significado especial que intentamos transmitir desde esta tribuna. Mística.

River Plate y Gremio de Porto Alegre

Momento en la semifinal entre River Plate y Gremio de Porto Alegre

El pasado viernes, el Presidente argentino, Mauricio Macri, confirmó que los partidos se jugarán con presencia de afición visitante en cada uno de los estadios, a todas luces una buena noticia por lo que puede significar. El pueblo bonaerense está ante una gran oportunidad de presentarse al mundo como lo que son, una afición apasionada, arrolladora e intensa, una de las mejores. Desde aquí deseamos que aficionados de Boca y River, de River y Boca se miren y se reconozcan como uno solo. Porque son solo uno cuando animan a la Selección Argentina. Llevan más de un siglo separándose en dos y volviendo a ser uno. Son las dos caras de la misma moneda. De la misma. Sean protagonistas, hagan saber al mundo por qué son lo que son y por qué representan lo que representan pero respétense, háganlo porque son ustedes vecinos, amigos, primos, padres e hijos. Respétense porque son ustedes vecinas, amigas, primas, madres e hijas.

La historia del fútbol debe pasar a la historia. Por el fútbol.

PD: Pocas horas después de escribir las anteriores loas, recibo los primeros vídeos con altercados, de momento sin consecuencias graves, pero violentos, entre hinchas de Boca y de River. Insisto, dense cuenta de lo que tienen entre manos. Es una oportunidad para Argentina que difícilmente volverá a repetirse si no es aprovechada. Sean capaces de imponer la cordura que se les supone. Sean capaces de engrandecer una Final que es gigante per se o, como mínimo, no nos la estropeen.

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