El otro día charlaba con un buen amigo sobre el trabajo de entrenador de fútbol, a raíz del austero fichaje de Pep Guardiola por el Manchester City, donde el de Santpedor coincidirá con dos viejos amigos suyos, Ferrán Soriano, gran amigo de los trabajadores de Spanair, y el discretamente indiscreto Txiki Beguiristain.

El bueno de Pep va a llevarse más de 20 millones de euros por temporada y según mi amigo, Pep no los vale. De acuerdo, en realidad, ningún entrenador de fútbol vale ese dineral, porque, siempre siguiendo su razonamiento, los entrenadores dependen de los jugadores. Si tienes buenos jugadores, consigues buenos resultados. Si tienes jugadores regulares consigues resultados regulares. Y si tienes malos jugadores consigues malos resultados.

La lógica, en principio, es pesada como una losa de cemento. Con la plantilla del actual Barcelona, o del Bayern de Munich no tiene gran mérito ganar la Liga o la Champions o la Copa. Es mucho más valioso ganarla con la plantilla del Villarreal, con la del Celta o con la del actual líder de la Premier, el Leicester.

Hay un refrán español muy grosero que no voy a reproducir pero que viene que ni al pelo en estos casos. Y luego, esas leyendas urbanas de Johan Cruyff o Jorge Valdano diciendo a sus jugadores “salgan y diviértanse” ayudan muy poco a prestigiar este trabajo. Nada de “no pierdas de vista a tu delantero”, “debemos presionar todos juntos” o “hay que dejarse la vida defendiendo”, “defiendan en zona y no se olviden del achique”… No, nada de eso. “Salgan y diviértanse”. Visto así, yo podría entrenar al Barcelona o al Bayern Munich. Y los presidentes son imbéciles por gastarse esas millonadas en esa gente. Por mucho menos, yo le gano una Liga al Barça. O no.

Vaya todo esto porque leo en algún medio que Benítez rumia su fracaso en su retiro británico viendo 20 partidos semanales. Lo que no aclara la noticia es si esos partidos son los de su ex-equipo, que ha pasado de ser Rossy de Palma a convertirse en una primorosa Jennifer Lawrence. Efectivamente, reacciones deportivas, y sobre todo, de imagen como las del Real Madrid ponen en tela de juicio este valor de hincha de miedo pelo que soy (somos) y que dice que todos valemos para entrenar a un gran equipo. Benítez tenía a su cargo un equipazo, una gran plantilla. Exactamente la misma que Zinedine Zidane. Pero no parecen los mismos. Juegan de otra manera, tienen otro talante, ríen, parecen felices, todos suman y nadie resta ¿Qué ha pasado aquí?

Rafa benitez rueda prensa Madrid

Bueno, vayamos por partes. De un lado, los jugadores han dado señales de ser muy poco profesionales. Porque te caiga bien el entrenador o te caiga mal, te parezca gracioso o un pesado de narices, le veas gordo o estilizado, tu responsabilidad absoluta como jugador es darlo todo. En ese sentido, el entrenador debería ser secundario. Pero no lo es. Y una vez más, ha quedado demostrado. Benítez firmó su finiquito en unas de sus primeras ruedas de prensa de pretemporada -así se lo dije a mi santa mujer-, cuando dijo que “Cristiano es uno de los mejores jugadores que he tenido a mis órdenes”. Porque ese mismo día, CR7 decidió que al fútbol iba a jugar su p… m…, porque él, desde luego, no lo iba a hacer. Es triste que un entrenador tenga que medir cada palabra que diga para ganarse el cariño de los jugadores, pero es así. Para eso le pagan, entre otras cosas…

En un interesante reportaje que he leído esta semana sobre Luis Enrique, sus amigos no identificados cuentan que cuando Messi no acudió al entrenamiento de Reyes de 2015, el entrenador estuvo por la labor de llevársele por delante, porque la autoridad del entrenador no podía ser cuestionada, pero Xavi Hernández habló con el mister y le hizo ver la conveniencia de adoptar otras medidas hacia el astro argentino. Lucho hizo caso a su capitán, y ahí están los resultados.

Pero no podemos poner todo el peso del mérito en el haber de los jugadores. Benítez ha demostrado en su breve paso por el Real Madrid que no ha sabido leer ni interpretar la plantilla que tenía a su cargo, ha demostrado ser inflexible y querer que todos sus jugadores se adaptarán a su forma de ver el fútbol, que no digo que sea buena, mala o regular, pero es la suya, y casi la de ninguno de sus jugadores. Y así le fue. El principal responsable de su estrepitoso fracaso ha sido él mismo, por su incapacidad de sumar las voluntades de su plantilla en la misma fórmula. Y mientras no asuma eso, no pasará la página.

Y ha llegado Zidane, que encarna otro fútbol, otro estilo, otra forma de hacer las cosas, otro talante, ha puesto a sus chicos a jugar al fútbol y aprovechando que tienen largas semanas sin viajes hasta finales de febrero, ha programado una segunda pretemporada para superar el  mal momento físico del equipo. Por lo tanto, si yo fuera aficionado madridista, no niego que estaría molesto con los jugadores por su flagrante falta de profesionalidad. Pero que nadie le quite el mérito a Zidane, que lo tiene: hacer fácil lo difícil.

Eso sí, 20 millones… Joder…

Una Respuesta

  1. Antonio

    Excelente artículo. Pelear por títulos e incluso ganar alguno con un club grande es relativamente “sencillo”, lo difícil y ahí es donde figuran entrenadores como Guardiola es mantener la excelencia durante muchos años, un ciclo de dominio, implantando tu sello futbolístico único. En cuanto al Madrid, en mi opinión (salvando a Florentino que es el culpable principal) los jugadores han demostrado poca profesionalidad llegando por momentos a prácticamente “hacer la cama” a Benítez. Un saludo!

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