El seguidor culé ha quedado atrapado en aguas estancadas. Sin viento ni corriente, inmersos en un inmovilismo exasperante, se hace difícil no dejarse seducir por la desesperación y echar un vistazo a esa oscuridad que promete devorarlo todo. Es el momento de saborear la amarga frustración producto de los errores que se han cometido a lo largo de la temporada. Es la tensa espera del condenado la noche anterior a su ejecución.

No hay mucho espacio para la esperanza. Las horas han pasado, las jornadas han pasado, y es difícil que el teléfono vuelva a sonar. Llamaron en su momento, pero nadie quiso cogerlo. El empate del Madrid ante el Atlético acabó en oportunidad perdida, escapándose como Sandro de Mathieu y dejándonos otra vez con cara de tontos, sin saber qué había ocurrido. Se escucharon carcajadas desde la meseta, como también se escucharon al caer en Riazor, al tropezar frente al Betis, al estrellarse en el Camp Nou ante el Alavés. Errores vergonzosos, inesperados, un tanto crueles si se consideran producto de una traición del equipo al compromiso del esfuerzo, la entrega y las ganas de ganar. Errores inadmisables merecedores de esta condena.

Málaga Barcelona Neymar expulsión

De aquel empate y de aquella derrota ha pasado ya casi un mes. Las semanas se han hecho muy largas. La victoria del Barça en el Bernabéu encendió una vela que apenas arroja un poco de luz entre estas tinieblas. Una pequeña llama que casi no calienta, pero que trae recuerdos de Tenerife, de Tenerife otra vez y de La Coruña. Milagros del pasado que parece difícil que vuelvan a repetirse. Y aunque nos agarremos a esa cuerda, todo empieza a derrumbarse de nuevo al pensar que la Flor la tiene Zidane, no Luis Enrique.

Granada, Sevilla, Málaga y Vigo son las candidatas a recibir peregrinajes de fieles culés en caso de contribuir a la causa. Una derrota o dos empates son suficientes, siempre y cuando los blaugrana cumplan con su parte y no precipiten el triste final autoinmolándose ante Villarreal, Las Palmas o Eibar. La táctica es simple: no dispararse en un pie. Sencillo sobre el papel, complicado en la práctica. Tan solo queda seguir ganando y, por supuesto, esperar. Sea lo que sea lo que haya al final del camino, solo hay que esperar.

Sobre El Autor

Nací en Barcelona y pronto adopté como ídolo a Maradona, el mejor. Más tarde conocí la clase de Van Basten, la magia de Romario, la elegancia de Zidane, volví a ilusionarme con Ronaldinho y me siento afortunado por haber visto jugar a Messi. Estilo y fantasía, así me gusta el fútbol.

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