Cuando un verano cualquiera, el presidente de turno de un gran equipo anuncia el fichaje por todos deseado, tras desembolsar lo que comúnmente se suele denominar “una morterada”, la afición responde con alegría y alivio: “Por fin tenemos el tridente atacante que tanto deseábamos”.

Lo que sin embargo sucede es que el pagar cantidades que se aproximan, o en algunos casos superan, los 100 millones de euros hacen que ese futbolista tenga, de manera tácita, un lugar reservado como titular llueve, truene o haga sol.

La primera temporada, quizás por eso de la novedad, dicho jugador se desvive en el campo. Corre y lucha como si de un juvenil se tratara. Esto no hace sino estimular al resto de componentes del trío atacante. Presión tras pérdida como si la vida fuera en ello. Un mundo maravilloso que, a poco que anden acertados, conduce con casi total seguridad a la consecución de títulos.

El problema viene cuando dicho jugador (o jugadores), con el paso de las temporadas, alcanzan un status por el que todo es perdonable, incluida la apatía a la hora de defender. Lo peor de todo, es que ellos mismos son conscientes de que independientemente de su rendimiento, acabarán siendo de la partida semana tras semana.

Conclusión, el equipo se parte porque él y sus compañeros de terna deciden eso de que “corran otros” por ellos, que cuando les llegue el balón ya resolverán. Mientras, los mediocampistas no dan a basto achicando agua de un barco que se hunde poco a poco. Los rivales parecen multiplicarles en número, pero en realidad siguen siendo 11 contra 11, solo que tres de los suyos están en huelga.

El entrenador, viendo la situación piensa que la clave es quitar a una de las “vedettes” y reforzar el centro del campo con un futbolista, a ser posible de toque y gran despliegue físico. Sin embargo, se le viene a la mente el dinero invertido, el lío que se puede montar sentado al susodicho en el banquillo decidiendo terminar por hacer el cambio que un niño de primaria haría, centrocampista por centrocampista. Habrá que esperar a que una lesión o una oportuna sanción obren el milagro, dando lugar a un conjunto compacto y serio tanto en ataque como, especialmente, en defensa.

Me da que en Barcelona y en Madrid saben de lo qué estoy hablando…

Sobre El Autor

Fundador y Director

Nací en Murcia y crecí viendo al Barcelona de los Romário, Laudrup y Stoichkov. El fútbol de posesión y la figura del 4 son las claves.

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