Parece ya muy lejana la madre de todas las tormentas que se desató en la concentración de la selección española días antes de disputar el primer partido en el Mundial de Rusia. Han pasado casi tres meses. En la vida de una persona es muy poco tiempo; en el mundo del fútbol, es una eternidad. La traumática salida de Lopetegui de la selección, el paupérrimo papel de La Roja en el Mundial, la llegada del huraño Luis Enrique y su primera criba… Piezas de dominó que caen una detrás de la otra.

El arranque de Julen en el Real Madrid es ilusionante para los blancos. El equipo ha sufrido la pérdida de Cristiano, que se fue en busca de una familia que le riera las gracias con más entusiasmo que se las reían en la White House. Ronaldo te puedo caer mejor o peor, gustar más o menos, pero hay que reconocer que es un jugador superlativo, y su ausencia la tiene que notar cualquier equipo. La notó el United, y por aquel entonces no era el jugador que es actualmente;  la ha de notar el Real Madrid. Pero no de momento. Las jornadas de Liga se siguen con un ojo en nuestra competición y otro en Italia. “Hoy tampoco ha marcado Cristiano”, murmura el aficionado tipo merengue con una sonrisa en la boca. Hay que recordar que Cristiano nunca tuvo arranques potentes. Pero también que tiene 33 años.

Julen Lopetegui

Por el contrario, el Madrid de Julen ilusiona. Ha ganado los tres primeros partidos de la Liga con cierta solvencia (10 goles a favor y 2 en contra), en líneas generales, el equipo juega bastante bien, los jugadores españoles están ganando peso específico que ya veremos cuanto tiempo les dura, y todavía no se ha incorporado a la rutina ganadora Modric con el nivel que de él se espera. Julen es un buen entrenador, y con buenos mimbres, debería hacer cosas interesantes, pero la competitividad del Real Madrid devora al hombre más tranquilo. Demos tiempo al tiempo, a ver dónde está el Madrid en diciembre, y luego en marzo, y en mayo… Pero pinta bien, no lo podemos negar.

En cualquier caso, también debo decir que me han llamado la atención las últimas declaraciones de Julen en una larguísima entrevista en El Larguero. No me ha gustado que no reconozca ni un ápice de responsabilidad de lo que pasó en junio. Tres meses después sigue diciendo que no hizo nada mal y que no se arrepiente de nada. Un poquito de humildad no habría estado de más, pero Lopetegui no va a caerme peor por eso o parecerme peor entrenador. Sigo deseándole lo mejor y toda la suerte del mundo. Porque por muy bueno que seas, para triunfar en el Madrid necesitas también suerte.

Como Julen fue destituido a cuatro días del debú de España en el Mundial, y Fernando Hierro no entusiasmó a nadie, el pelado Rubiales movió ficha con rapidez. El elegido fue Luis Enrique, un tipo que no deja indiferente a nadie. Sus vitriólicas ruedas de prensa en el Barcelona serán recordadas durante mucho tiempo. Veremos cómo se maneja en el entorno del equipo nacional: si decide mantener su carácter volcánico, sincero y, a veces, un tanto avinagrado; o por el contrario, si se decanta por una versión más “soft”. Lo iremos descubriendo pronto. La canallesca preferirá lo primero, aunque no lo reconozcan en voz alta. Vende más el borderío que el buen rollo a lo Zidane o Del Bosque. Donde esté un buen vituperio o una cornada…

Se esperaba su primera lista como agua de mayo. Y Luis Enrique no decepcionó a nadie, ni detractores ni seguidores. Metió gente nueva, que era lo que se le pedía (Pau López, Ceballos, Suso, Diego Llorente…) y bajas sonadas (Alba, Koke y Aspas, aunque este ha entrado al final por la ausencia de Diego Costa). Y ahora, queridos míos, toca darle tiempo y margen de confianza a Luis Enrique, mal que nos pese. No a mi. En julio nos quejamos del juego exasperantemente plano de la selección, donde batió el record mundial de toques en el partido ante Rusia en una franja de 10 metros de ancho. Sabemos que con Luis Enrique tendremos menos posesión, pero más rapidez y verticalidad. Los dos primeros rivales son de enjundia: Inglaterra y Croacia. Nos darán una buena muestra de lo que valemos y hasta donde podemos llegar. Yo sí confío en Luis Enrique. Y en los jugadores, claro.