El “milagro del siglo”, como se ha dado en llamar al título de Premier League conseguido por el Leicester City, ha llegado. Esta jornada se daban dos posibles condiciones para que los “foxies” se alzaran con el título: o bien que ganaran en Old Trafford o bien que el Tottenham no ganara en Stamford Bridge. Así que, con sendos empates en los dos encuentros, la plantilla del Leicester City pudo celebrar su triunfo (y a fe que lo hizo, según los vídeos colgados en redes sociales) viendo a los Spurs por televisión en casa de Vardy, donde se habían reunido y donde acudieron también múltiples aficionados para acompañar desde la puerta a sus ídolos.

Allá por el mes de Noviembre ya nos lo advirtió mi compañero Carlos Gallardo en un fantástico artículo sobre quienes, por entonces, eran la sorpresa simpática del campeonato inglés. “Los “zorros” aún tienen mucha hambre, y atención porque los lidera todo un general dispuesto a conquistar la Premier”, cerraba su artículo Carlos. No se equivocaba, de la mano de Ranieri, un veterano técnico que entra en el reducido Olimpo de los conquistadores de títulos en España, Italia e Inglaterra han reeditado el cuento de la Cenicienta.

Para hacernos a la idea del hito conseguido por estos chicos, han ganado la Liga a dos jornadas del final. La temporada pasada, a dos jornadas de finalizar el curso, aun no estaban salvados matemáticamente. Finalizaron la Premier 2014 / 2015 en 14º lugar. Por comparación, el equipo que acabó en ese puesto el año pasado en España fue el Levante. Así que, mientras hace un curso ambos equipos cerraban el mismo balance liguero, ayer unos celebraban el título de Liga y otros maldecían el descenso matemático.

El Leicester no es un equipo que juegue “bonito” según los cánones estéticos predominantes en el fútbol mundial. Es un bloque de seguridad defensiva y balón largo. Ya conocemos a Ranieri de su paso por España y no nos sorprende demasiado ver a su Leicester. Es como una pizza de “fish and chips”, la base es italiana y el condimento es inglés.

Muy bien trabajado en defensa, la confianza que ha ido ganando el equipo con el paso de las jornadas ha hecho que jugadores como su portero Kasper Schmeichel (hijo del mítico guardameta del United) parecieran colosos cuando durante toda su carrera habían sido medianías. Ese es el caso de sus centrales, los poderosísimos Morgan y Huth, que al jugar bien arropados no han sufrido por su falta de velocidad y que son titanes por arriba, anotando incluso varios goles importantes. En los laterales, Simpson y Fuchs. Muy destacada la función de este último, serio atrás y derrochando pulmones cuando se sumaba al ataque.

Ranieri abrazo Vardy

En medio campo, el eje lo ocupan Kanté y Drinkwater. Nunca mejor usado el término “ocupan”, ya que al desplegarse parecen más de dos. El francés Kanté ha sido una de las revelaciones, jugador de los que parecen simplificar el juego, corta y entrega sin despeinarse. Drinkwater ha sido fundamental para el despliegue ofensivo rápido, otra de las claves de este Leicester. En las bandas, Albrighton y, sobre todo, Mahrez. El argelino era un semidesconocido que ha sido nombrado mejor jugador de la temporada en la Premier, un geniecillo con movimientos de Messi al que se van a rifar los grandes equipos este verano. Su función ha sido enlazar con los puntas y poner los detalles de calidad.

Arriba, el trabajo incansable (aderezado con algunos goles) del japonés Okazaki y, por supuesto, Jamie Vardy. El inglés es la personificación de este cuento de hadas. El jugador casi amateur que no solo llega a la primera categoría del fútbol inglés, sino que alcanza la selección y la fama mundial como goleador. Rápido, no da un balón por perdido y define de manera letal. Sus movimientos han traído de cabeza a los más reputados centrales de la Premier. Batió el record de Van Nistelrooy de jornadas seguidas marcando desde el inicio del campeonato. Con él empezó todo, la fe y el tesón que puso para batir ese record se transmitió a sus compañeros y fue la espita que dio salida al majestuoso logro obtenido.

Un equipo bien trabajado, con poco banquillo, aunque suficiente para aprovechar los bajones de grandes clubes como City o Arsenal. Una especie de Atlético de Madrid en la forma de jugar, aunque mucho menor en poderío. Un milagro del que Hollywood debería hacer una película. Veremos si los grandes clubes europeos no lo desmembran a golpe de talonario, y veremos si estos mismos jugadores en otros equipos tendrían un rendimiento parecido. Es el Leicester City, gracias por dejarnos compartir vuestro sueño.

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