Lo reconozco, soy uno de esos seguidores futbolísticos que tiene un grupo creado en una red social para comentar las vicisitudes del juego blaugrana mientras este se desarrolla. Es curioso estos tiempos modernos, somos tres, a uno de ellos lo conozco desde que nació y al otro no lo he visto nunca pero ya no entiendo un partido del Barça sin tenerlo al otro lado del teléfono.

Dejando a un lado este comentario de exaltación de la amistad cibernética, supongo que fruto del período navideño, el hecho de ser un número impar de miembros provoca que nunca haya empate en cuanto a las opiniones que el juego blaugrana despierta. Desde hace varias semanas me siento como un capitán pilotando su barco completamente solo, mientras los piratas, que son ellos, me dicen “tu barco va a encallar, no llegarás a buen puerto”. No es que sean malos barcelonistas, ni por asomo. Pero sí es cierto que el juego blaugrana no despierta esa admiración que antaño desprendía.

El equipo de Luis Enrique, un técnico al que yo alabo el haber sabido dar un paso más allá en el tan manido “tikitaka” y optar por un juego más directo en algunos partidos de la temporada pasada, parece, a criterio de mis compañeros, que ha aparcado el libro de estilo. Yo soy un amante del Barça de Cruyff, de Pep e incluso de Rijkaard, ese equipo que tocaba y tocaba hasta encontrar los huecos necesarios para penetrar en las frecuentemente tupidas defensas contrarias.

También es cierto que en la última época de Pep y las siguientes, dejando a un lado a Gerardo que no se enteró de qué iba esto, el equipo se perdía en pases y pases sin ningún espíritu incisivo, la posesión era nuestra y el gol del contrario. Luis Enrique fue fichado como un técnico que había crecido en su última etapa como futbolista, en la entidad culé. Lo que nadie se planteó es que en esa etapa coincidió con técnicos como Bobby Robson y Louis Van Gaal que no destacaron precisamente por su maravilloso juego, de hecho el primero destacó únicamente por contar entre sus filas con un tanque que derribaba defensas con su técnica y potencia, Ronaldo Nazario. Y ese fue uno de los primeros jugadores que aterrizó en la entidad blaugrana, Luis Suárez.

Y con él cambió la fisonomía blaugrana, el tener arriba el tridente más decisivo y demoledor de la historia del fútbol llevó, casi de forma natural, a Luis Enrique a pensar “cuanto antes la toquen estos tres, antes marcaremos y decidiremos los partidos” y así fue, lo que antaño era un recurso, tocamos y si podemos balón en profundidad y contra ataque, hoy en día se ha convertido en un juego habitual, sobretodo en períodos de lesión del mejor jugador español de todos los tiempos, Andrés Iniesta.  Andrés es la calma, el toque, la visión, el control, la velocidad y la decisión perfecta, a día de hoy él, como antes ocurría con Xavi, es el único capaz de cambiar la fisonomía del equipo.

Es cierto que el juego del equipo blaugrana a día de hoy aburre en muchas ocasiones pero yo, a diferencia de mis compañeros de grupo de debate, soy partidario de dejar que pase la primera etapa de la temporada y que lleguen los partidos decisivos, en los que, los jugadores que ya llevan años en la entidad, y las nuevas incorporaciones ya deben de formar el bloque perfecto. Los Denis, Rafinha y André Gomes no se caracterizan por la falta de técnica, solo falta que se lo crean y asuman mayores riesgos.

¿Y mientras tanto qué? ¿No nos queda nada? En absoluto, nos queda todo. Tenemos la magia de Andrés y sobretodo lo tenemos a él. Este fin de semana, coincidiendo con el triplete de Cristiano ante un equipo a años luz de ser competitivo en nuestra Liga, Lionel Messi decidió que le apetecía hacer una oda al fútbol, demostrar que no hay debate posible, que es el mejor y punto. Dos jugadas a la altura de nadie más, se pongan como se pongan en la capital, seis rivales que han tenido que ver el vídeo diez veces para saber por donde salió y un campo rendido al mejor de todos los tiempos.

Y luego, por si no alguien cree que ha sido fruto de la casualidad, va y hace otra jugada sideral. No hay debate posible sobre el estilo cuando en tus filas tienes al mejor de todos los tiempos acompañado por jugadores que curiosamente solo se encuentran un escalón por debajo y sin embargo se hallan tan lejos de él…

Mientras llega el día, para mi próximo, en el que el equipo juegue 90 minutos con sus señas de identidad, disfrutemos del más grande, solo por eso merece la pena ver esos partidos. Otros ni siquiera se pueden conformar con esa posibilidad.

Sobre El Autor

Redactor

Nacido en Cieza y amante del buen fútbol. Las sinapsis blaugranas se suceden cada Domingo. No hay nadie como el ‛10‛ de Rosario.

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