Arranca hoy una nueva temporada en Primera y Segunda División y lo hace tras un agosto movido por el descenso administrativo de Real Murcia. El papel desempeñado por la LFP ha sido caótico y esperpéntico, siendo el Presidente Tebas la cabeza visible y pensante de todo este sainete.

La LFP es el cortijo de Javier Tebas. El Presidente hace y deshace a su antojo con la complicidad de los clubs más poderosos. Al monumental lío de los horarios televisivos, se le ha unido este año el caso del Real Murcia.

El club pimentonero, que incluso llegó a jugar la Fase de Ascenso a Primera hace poco más de dos meses, ha sido descendido a Segunda B por la deuda económica que mantiene con la Hacienda Pública. Mejor dicho, por no llegar a un acuerdo para el pago de esa deuda. Porque si realmente fuera la deuda con Hacienda el principal motivo, equipos muy importantes de Primera deberían haber descendido también.

El caso es que el conjunto de Murcia recurrió ante la Justicia y el juez les dio la razón, obligando a la LFP a readmitir al Real Murcia. Pero el organismo que preside Tebas se saltó a la torera el dictamen del magistrado y no readmitió al equipo murciano. El pasado jueves, otro juez, (en este caso sustituto del primero al estar éste de vacaciones), se reunió con las partes y decidió en favor de la LFP tras oír los argumentos de los implicados. En consecuencia, el Real Murcia desciende y su lugar lo ocupará el C. D. Mirandés.

Así que, entre la deudas de los equipos con Hacienda, asuntos personales y empresariales pendientes entre Tebas y Samper, un Juez que dice digo y se va de vacaciones y el que lo sustituye dice Diego, dará comienzo dentro de un rato una nueva temporada en Segunda División. Todo muy serio y muy profesional.  A mi no me coge de sorpresa la forma de proceder de Javier Tebas. El abogado, nacido en Costa Rica, ha defendido desde que está inmerso en la selva futbolística los intereses de entre otros Piterman, Ruiz Mateos y Lopera. Cartel de lujo.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

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