Tras la derrota de Argentina contra Chile en la final de la Copa América, cierto periódico, muy relacionado con el color blanco de la capital, no tardó ni un segundo en publicar en su página web la noticia con el titular: Messi vuelve a fracasar con la albiceleste.

Es cierto que el combinado de Martino cayó siendo, a mi juicio, el favorito. Sin embargo, no es menos cierto que el hecho de no conquistar el título no puede ser denominado como fracaso. La mejor prueba de ello es que los millones de aficionados españoles, antes de que La Roja iniciara su ciclo triunfal, nos hubiéramos dado con un canto en los dientes con ser subcampeón de Europa o del Mundo.

Asimismo, repasando la participación de Messi en el campeonato resulta que el de Rosario fue nominado en hasta cuatro partidos como el mejor jugador, además de una quinta (aunque no lo recogiera) como MVP del torneo.

Para más inri, alguien me puede explicar qué culpa tiene Leo de que la lista de lanzadores de penalties de Argentina, con el ínclito Higuaín a la cabeza, parezca más bien hecha por Sampaoli que por Gerardo el Tata Martino. ¿Qué culpa tiene Messi de los garrafales fallos del osado delantero ex del Madrid?

Finalmente, quisiera dirigirme a aquellos que sostienen que un jugador, por muy bueno que sea, mientras no haga nada con su selección nunca llegará a ser el mejor de la historia. Este argumento es tan liviano que es fácilmente refutable simplemente poniendo como ejemplo al “gran” Christian Karembeu, ganador de todo a lo que puede optar un futbolista, tanto a nivel de clubes como de selecciones. Por esa regla de tres simple…

¿Se le puede considerar entonces el mejor de la historia?

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