Hace unos días alucinábamos con la ya simpar y famosa batalla campal en un partido de fútbol de infantiles (niños de 13-14 años) en Mallorca. Estoy seguro que el trabajo de limpieza y decoro que esas hermosas imágenes han hecho por la marca España en el mundo entero no tienen parangón. Me acuerdo del slogan de una popular marca de tarjetas de crédito. Tal fue el bochornoso espectáculo que clubes y federaciones deportivas han metido mano en el asunto para identificar a los “fenómenos” (la policía se lo ha pasado pipa estos días fichando caretos) y sancionarlos adecuadamente.

Esta es una de las preguntas que me hago al respecto. ¿Qué sanción aplicas a estos energúmenos? ¿Económica? Esa tendría que ser gorda, porque el daño de imagen y, sobre todo, de cara a sus propios hijos,  es incalculable. ¿Prohibición de acceso a recintos deportivos? Ahora el cuerpo me pide que sea de por vida. Tampoco mataron a nadie (porque a alguno no le dejaron, claro), a lo mejor no hay que pasarse… Pero la pregunta más importante de todas. ¿Estos castigos o cualquiera otros que se nos pueden ocurrir -palillos bajo las uñas, visionado en bucle del debate sobre el Estado de la Nación…- servirían para algo? Es decir, ¿el imbécil que le dio por liarse a palos con su vecino porque este dijo lo que fuera habrá entendido lo que significó esa terrible batalla? Me cuesta creerlo.

No es la primera vez que escribo sobre este asunto. Y seguro que no será la última. Esto de los padres no es que se nos esté yendo de las manos, es que SE NOS HA IDO. Mi hijo juega al fútbol de portero en el P.D.M. Toledo A de categoría Alevín. Suelo ver todos sus partidos. Y parte de los partidos que los preceden, tal es la calidad organizativa de los horarios en estas multitudinarias competiciones. Y oyes verdaderas barbaridades. Hace dos o tres años, en Villaseca de la Saga (campo neutral escenario de una Liga, que los locales no se echen las manos a la cabeza), oí a un padre llamar “hijo de puta” a un niño benjamín (9-10 años). O repartirse alrededor del campo, A PIE DE CAMPO, para recordar al árbitro lo excelso profesional que es y presionarle constantemente con  palabras que omitiré.

El año pasado asistí desolado -pero no sorprendido- a una pelea a la finalización de un partido entre el Odelot y el Toledo alevines, que acabó con un crochet de derecha del portero del Odelot a un jugador del Toledo. No se jugaban nada, porque los líderes (Odelot) llevaban suficiente ventaja a los segundos (Toledo) como para peder sin que pasara nada. Que fue lo que sucedió. Pero oyendo los comentarios de los padres, aquello parecía la final de la Champions o del Mundial. Así pasó.

No me gusta asistir a los partidos de mi hijo por el ambiente que los rodea. Siempre que puedo, intento sentarme solo, para no escuchar demasiadas tonterías, ni dejarme llevar por un padre enfervorecido. Cada vez es más difícil porque claro, llegas con los padres de los compañeros de mi hijo, y no les vas a hacer el feo de dejarles ahí, con la palabra en la boca. Bien es cierto que en general, en este grupo de padres no suele haber ninguno “temoso”, pero no me gusta ver estos partidos con padres a mi alrededor. No tengo nada en contra de ellos, pero no me gusta. Aunque lo hago.

El otro día me hice también otra reflexión. En un campo de fútbol me considero un padre tranquilo. Animo al equipo de mi hijo sin faltar al respecto al rival. Incluso cuando un jugador del otro equipo hace una jugada de mérito, intento reconocerlo en voz alta. Sobre todo con los porteros (suelo estar en los fondos). Y si por un casual les estamos ganando por muchos goles (que no es demasiado habitual), también les animo. Me trae al pairo que el equipo acabe primero o cuarto o noveno. Y no lo digo con la  boca pequeña. Claro, si puedo elegir, prefiero que queden primeros, pero no me va la vida en ello. Intento educar al chaval en valores de respeto al rival y al árbitro.

Este año, en en partido contra Sonseca en un día de perros, climatológicamente hablando, perdieron por 12-0. Y los niños salían quejándose del árbitro. Hombre, por favor. Ni habiendo perdido 1-0 por un penalti injusto en el último minuto. Pero encima, viniendo de esa goleada… Intento que entienda que el árbitro hace su trabajo lo mejor que puede, a veces acierta (como él) y a veces falla (como él) y hay que entender eso como una circunstancia habitual en el fútbol. Y si hay niños maleducados que le dicen palabras feas cuando le meten un gol, eso es algo que escapa a su control y no tiene que darle mas importancia.

A lo que iba. ¿Cómo reaccionaría si a cinco metros mío tengo a un tipo que no deja de insultar y meterse con mi hijo? Que se pase todo el partido llamándole inútil. O gañan. O no paras ni sandías ni melones. ¿Aguantaría callado todo el partido? ¿Le pediría amablemente, en algún momento, que se callara o que fuera más respetuoso? ¿Y si ante tan insólita petición por mi parte reacciona con más y mejor de lo mismo?  ¿Cómo reaccionaría? Ahí dejo la pregunta, para el que quiera dedicarle unos minutos.

Esta semana, al menos, te llevas el alegrón del partido de benjamines en Córdoba. El árbitro señaló un penalti que no lo era (por lo que se ve) y el niño encargado de lanzarlo le envió el balón suavemente al portero rival. Me parece un gesto hermosísimo. No faltará el que diga que eso tampoco es, que eso es adulterar el espíritu de este deporte, que como cualquier otro, es ganar al rival. Pero entiendo yo que ese espíritu podemos dejarle para un poco más adelante. Incluso para bastante más adelante.

Los padres deberían asumir que las probabilidades de que su hijo sea una estrella son muy remotas. En España hay, aproximadamente, unas 800.000 fichas de jugador@s de futbol y el número de profesionales no llega a las 3.000. Entre un 0,35 y 0,40% de las fichas totales. Escúchame, léeme… Si tu hijo tiene doce o trece o catorce años y sigue jugando en el PDM Toledo, el Odelot… pongan el equipo que les venga en gana si no es un Primera o un Segunda, ten claro que se ganará la vida como odontólogo, o cartero, o periodista, o fontanero… Y tú seguirás veraneando en un hotel de 3 estrellas y comprando en Mercadona.

A estas edades, déjalos que disfruten del fútbol. Dejémoslos. Ganar o perder… Lo siento, soy un romántico.

P.D.: También esta semana, los padres de la tangana se han disculpado públicamente. Mejor esto que nada. Pero hay que leer el comunicado entero. Con su excusitas y tal y tal y tal…

Sobre El Autor

Existen 2 frases que me definen futbolísticamente: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (Alfredo Di Stéfano) y “En fútbol se pasa de puta a monja en cinco minutos” (Joaquín Caparrós).

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