Con el temor de que el parón de selecciones, con los múltiples viajes y duros enfrentamientos que a veces exige a los internacionales, afectara a la concentración o al desempeño de los tres candidatos principales al título, afrontaba la Liga su octava jornada con los grandes jugando en sábado con horarios sucesivos. A pesar de que los tres ya han tenido sustos en lo que va de curso y que los de este fin de semana podrían parecer partidos trampa, en los tres casos han arrasado a sus rivales a base de juego y goles, con una superioridad casi insultante. Sumando los tres resultados, los grandes ganaron 17-2.

Empezaba la tarde el Barça, sobre aviso tras los errores ante Alavés en casa y Celta de Vigo fuera cada vez que las bajas o las rotaciones hacían que la alineación no fuera demasiado reconocible. Formando con un 3-4-3 plagado de jugadores suplentes o fuera de su sitio habitual, a más de un culé se le erizó el cabello al ver el once que planteaba Luis Enrique. No obstante, esta vez la pegada hizo acto de presencia y Rafinha primero (uno de esos jugadores que, sin ser especialmente goleadores, tienen una relación especial con el gol) y Luis Suárez después, llevaron el partido al descanso con tres goles de ventaja para los locales y la sensación de que aquello estaba finiquitado. Sin grandes exhibiciones, el Barça demostró superioridad y cerró pronto el partido. Solo quedaba volver a disfrutar de Messi tras su lesión. El argentino salió, toco un par de balones y, antes de cumplir ni cinco minutos en el campo, ya había marcado. Parece que el parón obligado no le ha apeado del buen momento que vivía antes de la lesión, algo que será necesario para que el Barça pueda volver a encaramarse a los puestos de honor.

Viajaban después los sentidos de los futboleros del país al vetusto Calderón, que celebraba una discreta fiesta por el reciente 50 aniversario de su estreno, justo en su último año de servicio. Tal vez por la resaca del festejo o por la supuesta superioridad del líder, los locales salieron algo perezosos al campo ante un Granada que apretaba desde arriba para incomodar a su rival. Así, Cuenca cazó un buen disparo cercano a la escuadra desde la frontal que hacia presagiar nubarrones sobre el Manzanares. El gol en contra espoleó al Atlético, con un Carrasco en estado de gracia y con paciencia para derribar el muro nazarí, acabó llegando el empate hacia la media hora y la remontada (con algo de suerte) al filo del descanso. El segundo tiempo fue diferente, el Granada ya había perdido la fe que le dio verse por encima y el Atlético eligió divertirse. Al cuarto de hora Carrasco completó su hat trick y acto seguido el recién incorporado Gaitán anotó el cuarto. La máquina colchonera tocaba, se lucía y se divertía mientras abría agujeros en el casco granadino. En los últimos 10 minutos, otro arreón local puso el definitivo 7-1 con otro gol de Gaitán, uno de Correa y el último y emotivo tanto de Tiago tras el calvario de lesiones que ha venido sufriendo en el último año. En definitiva, un Atlético imponente, con juego y pegada, con lujo y poderío que, además, logró siete goles sin que anotaran ninguno de los dos puntas titulares, señal de que el equipo tiene variedad de accesos al gol.

Cerraba la noche el Real Madrid visitando el Villamarín. Tras su serie de sorprendentes empates, la visita a un campo complicado y las bajas que presentaba Zidane dejaban sensación de partido duro. Nada más lejos de la realidad, un cabezazo de Varane puso el partido de cara para los blancos a los cuatro minutos, y desde ahí todo fue cuesta abajo. Un Betis que ya no tenía resultado que defender dio demasiadas facilidades para que su rival, que domina todos los caminos que llevan al gol, los tuviera de todos los colores.

Mención especial para Isco, que marcó dos goles y derrochó la calidad que todos sabemos que tiene pero que a veces insiste en esconder. También cabe nombrar a Marcelo, al alma de la fiesta en el Madrid, que ha vuelto para revolucionar la banda izquierda. Solo se ve lo importante que es cuando falta. No podía faltar a la cita con el gol Cristiano, que otros años no habría desaprovechado la ocasión en un partido así para inflar sus registros pero que en esta ocasión se conformó con anotar el sexto y último. Con un 1-6 dejó evidencia de su superioridad este Real Madrid al que las importantes bajas no afectó para aguantar como colíder de la Liga.

En definitiva, los tres grandes cabalgaron fuertes. Aunque hay que ser justos y no perder de vista a un Sevilla que, sudando la gota gorda, está sacando adelante partidos como el que ganó en Leganés esta semana y que le aúpan al tercer puesto, a comer en la mesa de los mayores.

Sevilla celebra gol

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