No seré yo quien explique lo que ya todos sabemos, el pasado jueves FIFA castigó a Real Madrid y Atlético de Madrid sin poder fichar en las dos próximas ventanas. Es decir, desde que pase el actual periodo de fichajes de invierno, no podrán incorporar jugadores nuevos hasta verano de 2017. Similar sanción que la recibida por el Barça por similar incumplimiento en las incorporaciones de menores de edad extranjeros.

Como no soy precisamente un experto en temas legales y no pretendo ni aburrir ni confundir a los lectores, solo recordar que los tres supuestos que permite la FIFA para permitir que se tramite la ficha de un jugador menor extranjero son: mudanza de los padres del trabajador por motivos diferentes al fútbol (necesitando una serie de documentación que complica bastante esa demostración de que la mudanza no se produce por motivos futbolísticos, como por ejemplo aportar contrato de trabajo de padre y madre), que el club esté a menos de 50 kilómetros de la frontera con el país del que procede el jugador siempre que éste no viva a más de 100 kilómetros del club o que el jugador lleve al menos cinco años ininterrumpidos viviendo en España (también precisando de gran cantidad de documentación acreditativa).

Esto quiere decir que los casos indicados por FIFA como incorrectamente registrados (cuyo número parece que no está claro, pero que ronda los 40 en el Real Madrid y la centena en el caso del Atlético) no cumplen con ninguno de esos tres supuestos o que, al menos, no han entregado la documentación que lo acredite, así de sencillo ¿o acaso FIFA va a denunciar a estos equipos, como antes hizo con el Barça, después de llevar meses investigando, sin tener claros los motivos? De acuerdo que se trata de una organización corrupta y muy criticable, de acuerdo que la norma en la que se basa la sanción puede no ser del todo justa y provocar tantos problemas como los que soluciona, pero de ahí a que la FIFA sea tan tonta de dejar flecos sueltos en una sanción tan importante va un trecho.

¿Por qué digo esto? Por la reacción del Real Madrid, que fue más allá del normal y lógico recurso (del pataleo, me permito añadir) a los tribunales de apelación competentes que cualquier sancionado intenta agotar en el ejercicio de sus derechos.

Pero el Real Madrid, con Florentino haciéndose a un lado en esta ocasión, sacó a su máxima cabeza ejecutiva, José Ángel Sánchez, y al jefe de sus servicios jurídicos, López Farré, para dejar claro que todo había sido un error, que les había sorprendido mucho (a pesar de que lleva casi un año anunciándose en prensa la inminente sanción) y que esperaban a que FIFA levantara la sanción y pelillos a la mar, vamos, que no se preocuparan en Suiza que no se lo iban a tener en cuenta. El tono condescendiente no ocultó contradicciones. Por ejemplo, José Ángel Sánchez, hombre muy acostumbrado a la gestión en un club tan grande, pero muy poco curtido en la comunicación, tras decir que la sanción les cogió de sorpresa y que pensaban que era rumorología en prensa, se le escapó que la Federación Española les había estado asesorando mientras se tramitaba el expediente.

Nada nuevo, solo en esta temporada, el Real Madrid ha mostrado un tono y una seguridad semejante en otros casos sonrojantes. En el fichaje de David De Gea todo se ha había hecho correctamente, la culpa había sido de la UEFA, la FIFA, el Manchester United, el fax, la fibra óptica de Telefónica, la prensa criticona y el Priorato de Sion, ya puestos. Con la alineación indebida de Cheryshev, el problema era de la forma en la que se notificaban las sanciones, de la Federación Española, el Villarreal, el propio jugador, la guasa gaditana e incluso la Casa Real, ya puestos. Por supuesto en ambos casos, como en este que nos ocupa, la razón les asistía claramente, todo se iba a solucionar fácil y rápidamente y la razón (madridista y florentiniana) prevalecería por encima de todo.

Pues la cosa es que en ninguno de los anteriormente citados casos acabaron victoriosos, por lo que los precedentes no son muy favorables ni tranquilizadores en la contienda actual con FIFA.

Por su parte, el Atlético de Madrid ha mantenido un perfil más bajo, ha centrado sus sospechas sotto voce en que la Federación Española no estaba aplicando bien los preceptos de FIFA y que, por tanto, permitía dar de alta fichas que para FIFA no eran legales. Tratará de recurrir por ver si suena la flauta y ha intentar blindar a Griezmann para evitar destrozos.

Porque, dicho sea de paso, las posibilidades de éxito de los recursos ante la FIFA (como bien sabe el Barça) son mínimas, casi inexistentes. Ojo, que seguramente los clubes españoles tienen razón desde un punto de vista ético. La norma nació para evitar el tráfico de jugadores, sobre todo desde África a Europa, donde representantes sin escrúpulos traían jóvenes jugadores a clubes donde quedaban a prueba y después… si te he visto no me acuerdo.

Por supuesto, es necesaria una regulación para evitar la acción de los desgraciados que dejaban a chicos sin recursos, despojados de las ilusiones de ellos y de los ahorros de sus familias, tirados en la calle. Lo malo es que en este caso FIFA se ha pasado de frenada, ha creado una normativa tan compleja que deja a chicos que viven perfectamente arraigados en un país sin poder jugar al fútbol de manera legal y federada por no poder cumplir con los intrincados trámites administrativos.

Y es que está claro que ni Real Madrid, ni Atlético, ni F.C. Barcelona tenían interés en traficar con estos niños, casi más bien al contrario, estaban ayudando a darles un futuro, asegurando su manutención y sus estudios. En el caso del Barça se da la circunstancia de que, tras la sanción, al tener que desvincularse de los chavales que no estaban regulados, fue cuando se puso en riesgo el futuro de los mismos y se produjo su desarraigo.

En conclusión, que no se entiende que los clubes madrileños no se avivaran a solucionar sus problemas en este ámbito tras ver la sanción al Barça (y que estén atentos Valencia y Villarreal, que parece que pueden ser los próximos), que aunque no se haya contravenido el espíritu de la norma si no se ha cumplido con los preceptos toca recibir un castigo (aunque luego se luche por intentar retocar una regulación exageradamente restrictiva) y, lo que más me llama la atención, que tras ser vapuleados en los casos de De Gea o Cheryshev, el Real Madrid siga blandiendo su razón innegable y casi divina para demostrar que le van a retirar la sanción.

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