Asiste el seguidor blaugrana a una semana muy plácida. Tras la exhibición del equipo ante el Real Madrid, inesperada por ambos sectores futbolísticos, la Roma se convirtió, con su valiente planteamiento, en un juguete a manos del fino estilista Iniesta y el tridente más en forma del fútbol mundial. Este fin de semana visitó el Camp Nou el equipo donostiarra.

La Real Sociedad, fuera ya de la posesión de David Moyes, llevaba poco tiempo con Eusebio Sacristán como para haber sido capaz de cambiar espontáneamente el tosco fútbol propuesto por David por las triangulaciones y el amor por el balón que proclama Eusebio. El partido así lo demostró, nada que reprochar al once que puso en liza el nuevo entrenador del equipo donostiarra pero el fútbol azulgrana a día de hoy tiene un antídoto poco conocido.

Pocos cambios hizo Luis Enrique, más allá de los obligados por las lesiones de corta duración blaugrana. Los laterales se convirtieron en dos balas por donde penetrar la tupida red entretejida por Eusebio, y eso cuando uno de ellos es Mathieu ya es decir mucho. El peligro poco a poco acechaba la portería del buen guardameta del equipo blanquiazul, una buena salida suya evitó el primer gol del uruguayo delantero blaugrana. Nada pudo hacer frente a las rápidas combinaciones culés que fueron culminadas por un buen toque a la escuadra por parte del segundo mejor jugador del mundo, diga lo que diga la FIFA.

Lo mejor, como siempre estaba por llegar, un centro al área fue cazado por Luis Suárez mediante una semivolea que alojó el esférico en las mallas donostiarras mientras Rulli hacía el amago de quitarse los guantes para aplaudir al no considerado por Florentino como un buen jugador.

El tercer gol culé tiene como mérito el buen centro de Mathieu, claro ejemplo de jugador limitado que rodeado de seres superiores con el balón multiplica exponencialmente su rendimiento. Hasta ahí el partido parecía acabado, pero los tres mosqueteros no son felices si uno de ellos no se va con una diana más en su revólver, faltaba uno, faltaba el mejor jugador de la Historia.

Desde entonces hasta el final todos los balones buscaban a Messi para que se fuese feliz a casa, sus amigos se las dieron de todas las maneras, pero una vez el portero, otras el travesaño y otras la pobre puntería del argentino le privaban de su anhelada diana. Al final, ya en el tiempo de descuento, Neymar, quien si no, conseguía adormecer a la, hasta entonces, meritosa zaga donostiarra, para que el bueno de Lionel marcase a placer.

En definitiva, este Barça asusta tanto a sus rivales como enardece a sus seguidores, la pretemporada mal  para algunos, bien para otros, diseñada, ha hecho que el equipo llegue al último mes del año con la vitola de equipo más en forma de Europa. No nos veamos ya campeones, los títulos se ganan a partir de abril, pero también es cierto que para entonces a este equipo hoy de ensueño se le sumarán dos fichajes ya consumados y quien sabe si alguno más. Ilusionante se presenta el futuro para el seguidor blaugrana…

¡Qué pase el siguiente!