De entrada, vaya por delante: a mi, Gerard Piqué me cae bien. No le discuto una coma en su rol de defensa central, uno de los mejores del mundo cuando está en forma. Y cierto es que como no se muerde la lengua (nunca), es de esos tipos antipáticos para el mundo en general porque sabes que cada vez que abre la boca, algún palo va a caer, y aunque el foco fijo parece bien centrado, siempre hay daños colaterales.

Sin embargo, empieza a parecerme cansina su obsesión con “radiar el partido” desde el minuto 1 hasta el 90. Puedo estar de acuerdo con muchas de las cosas que dice, no estarlo con otras tantas, pero debo reconocer que de un tiempo a esta parte me da la sensación que más que buscar él mismo los charcos donde se mete, primero hace el agujero, luego lo llena de agua y luego mete el pie.

Los más agradecidos, desde luego, son los medios de comunicación, más incluso que los propios aficionados culés, pues saben tener garantizada con Piqué carnaza, y en muchas ocasiones, de la buena. Por ello, me parece de un cinismo intolerable que sean los propios medios de comunicación los que censuran las “verdades” de Piqué ya que de ellas se alimentan. Sí,“nosotros nos limitamos a poner la alcachofa delante suyo, a hacernos eco de sus declaraciones”, dirán en defensa suya. Pero “son ellos mismos los que alimentan a la fiera, los que llevan a portada las verdades a veces y tontadas otras”, les diré yo.

Así que, al igual que desde muchas páginas, micrófonos y pantallas se le reclama al central del Barcelona, estarían mejor con la boca cerrada, reclamándole a Gerard más prudencia en sus pareceres. Si explotas al personaje todo lo que éste se deja, no tienen ninguna capacidad moral para quejarte de él.

Piqué con la selección española

Piqué, un titular indiscutible

Hay un personaje en un cuento de Richard Ford de su excelente libro de cuentos “Rock Springs” que tiene una laxitud, a la hora de enjuiciar sus propios actos, que raya lo increíble. Y eso mismo me empieza a pasar con mi querido Piqué. Cuando finalizado el último partido de la selección contra Francia, no se sabe muy bien a cuento de qué, dijo aquello de “No me gustan los valores que representa el Madrid” y “En el palco del Madrid se sienta la persona que ha llevado a los tribunales a Messi o Neymar”, fue quizá la metedura de pata más gorda del futuro presidente del Barça (prepárense para ese momento, madridistas y reporteros).

Desconozco el papel que ha desempeñado Marta Silva (la persona) en estos dos casos. Y no necesito saberlo. La realidad es que sus dos compañeros han hecho mal los deberes en cuanto a sus obligaciones con el fisco español, sobre todo el argentino. Y eso está mal, se ponga Gerard como se ponga. Me habría parecido perfecto que reclamara igualdad de trato para todo el mundo, y hay que reconocer que el “affaire Cristiano” tan pronto apareció en los papeles como hizo mutis por el foro.

Pero al final, dejar entrever que Leo Messi ha sido enjuiciado porque se ha empeñado una señora me parece un craso error. Messi se sentó delante de un juez porque cometió un delito fiscal. Si no lo hubiera hecho, la Sra. Silva no habría podido hacer nada en el caso de que sea ella la única responsable de esa causa.

La segunda es aquella que habla de los valores. Francamente, no sé cuales son los valores del Real Madrid a los que se refería Piqué, puesto que su pronunciamiento fue muy genérico. Pero el club para el que trabaja, el F.C. Barcelona, nos ha deparado en esta semana recién finalizada un cursillo acelerado de cuales pueden ser los suyos, o alguno de ellos, cuando menos.

Después de la estúpida (por habérsela buscado el protagonista) expulsión de Neymar con el eterno numerito de atarse las zapatillas de ocho a diez veces durante un partido de fútbol, y la cerrada ovación que dedicó al colegiado (o al cuarto árbitro o al linier, me da igual…) cuando marchaba hacia los vestuarios desencadenó una sanción de tres partidos. Con el calendario en la mano, se perdía el clásico. El Barcelona puso entonces en marcha su maquinaria legal para encontrar el resquicio que permitiera al excelente delantero brasileño jugar el importantísimo partido contra el Real Madrid.

Neymar celebra el 0-2

Y creyeron haberlo encontrado. Este consistió en presentar las alegaciones pertinentes para que el caso terminara acabando en el Tribunal de Arbitraje Deportivo. Y cuando esto sucediera, apurar las horas al máximo para presentar un ultimo recurso de manera que los miembros del TAD no tuvieran tiempo de reunirse para resolverlo y, por lo tanto, tuvieran que dar la cautelar hasta su pronunciamiento definitivo. Y en esas, me parece estar viendo a los abogados del Barcelona, delante de su fax en un despacho de la Ciudad Condal, esperando que el reloj marcara una determinada hora el sábado 22 de abril. Patético.

La cutre artimaña les salió mal. Pero pudo haberles salido bien. Es posible, incluso, que lo que hiciera el Barcelona fuera legal. Pero para nada ético. Si tienes la absoluta convicción de que el castigo es excesivo, haz las cosas bien. Pero en una institución que presume de ser más que un club me parece poner sobre la mesa un comportamiento, cuando menos, tan discutibles como los que citó de forma tan genérica Piqué en París. Lo que quiso hacer el Barcelona la pasada semana no fue deportivo, no fue correcto, no estuvo bien. Perdonen mi candidez, pero yo soy así. Luego, paradojas de la vida, resulta que el Barcelona sin Neymar se planta en el Bernabéu y gana el Clásico en el tiempo añadido con gol del mejor jugador del mundo, que no es otro que Leo Messi.

La verdad es que me llama la atención que Piqué tenga esa tendencia tan autodestructiva de acordarse del rival casi a diario, bien a través de Twitter, bien en la zona mixta, bien en declaraciones a no sé cual medio. Me recuerda un poco a ese Barcelona pre-Cruyff, sumido en la mustia idiosincrasia de la mitad de la tabla, y al que le bastaba ganar uno o dos partidos al Real Madrid para justificar de por sí toda una temporada.

El actual Barcelona, que tiene su génesis en la portentosa irrupción de Johan en Barcelona a finales de los 80 y que ha supuesto a las vitrinas culés más de 40 títulos en los últimos treinta años, tiene que aspirar a mucho más que al zasca continuo con el Madrid por cualquier asunto. Me recuerda también a ese periodo triste y negro de la historia blanca del Real Madrid con José Mourinho al frente, de quien, tengo la sensación, ha aprendido muchas cosas mi querido Gerard. Y ninguna buena.

P.D.: Sostiene Sergio Ramos que su expulsión contra el Barcelona fue injusta y rigurosa. Es urgente que TODOS los futbolistas de la Liga española reciban un curso intensivo del reglamento.

Sobre El Autor

Existen 2 frases que me definen futbolísticamente: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (Alfredo Di Stéfano) y “En fútbol se pasa de puta a monja en cinco minutos” (Joaquín Caparrós).

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