Este mediodía, en el marco de la rueda de prensa del nuevo presidente de la Real Federación Española de Fútbol a colación de la asamblea del estamento, Luis Rubiales ha anunciado que José Francisco Molina será el nuevo Director Deportivo de la Federación y, lo que despertaba mayor expectación, Luis Enrique Martínez ha sido nombrado nuevo seleccionador nacional.

Dentro del ámbito de las noticias sorprendentes en el que la selección de fútbol lleva moviéndose en el último mes, no podemos decir que esta sea precisamente la que menos esperábamos. Desde luego, si hace 30 días nos hubieran dicho que el asturiano iba a dirigir a La Roja en Wembley el próximo día ocho de Septiembre frente a Inglaterra, nos habría parecido imposible, pero dada la marcha de Lopetegui, la interinidad de Hierro y el mal desenlace de nuestra actuación en el Mundial, cualquiera que fuera el siguiente paso entraría dentro de la normalidad. La actualidad está acabando con nuestra capacidad de sorpresa.

Cuenta Luis Enrique con cualidades futbolísticas suficientes como para justificar su elección para el puesto, en el F.C. Barcelona fue campeón de todo y mostró en múltiples fases un fútbol espectacular, de mucho nivel. Uno de los motivos que han llevado a su elección es la capacidad que mostró para variar el estilo de juego habitual de los culés, manteniendo lo básico, pero adaptándolo a las capacidades de la plantilla con la que contó en cada momento.

En La Roja tendrá que afrontar múltiples retos. Dejar de ser el equipo que tocó sin sentido ante Rusia, pero sin perder las señas de identidad de control del balón que son tan de nuestro gusto. Tendrá que gestionar el fin de Iniesta y, previsiblemente, de Piqué, para encontrar buenos sustitutos en sus puestos. No olvidemos el asunto de la portería, donde la actuación de De Gea deja una cierta presión para el nuevo seleccionador ¿olvidar lo ocurrido y seguir confiando en él o contar con otro?

Todo ello, con un entorno algo más difícil. A los habituales amistosos y fases de clasificación más o menos accesibles se ha sumado ahora el invento de la UEFA, la Liga de las Naciones, que nos hará jugar en Septiembre ante Inglaterra y Croacia, dos semifinalistas (una de ellas será finalista) del presente Mundial. Esto le dejará menor margen de actuación, no es lo mismo tropezar en un amistoso que en un partido oficial, aunque sea de una competición menor.

Pero lo que más expectativa genera de antemano y el mayor motivo de sorpresa, incluso de desagrado para algunos, de su nuevo cargo, es la gestión que haga de su carácter. Luis Enrique se granjeó, sobre todo en su época como entrenador del Barça, una imagen de antipático ante la prensa que caló en el aficionado. No da la imagen prototípica de un seleccionador, una figura de consenso, normalmente con muchos años de experiencia, que asume un cargo más tranquilo, alejado de las tensiones del día a día en un club.

Veremos qué tal le sienta el cargo al carácter de Luis Enrique. Y cómo influye eso en su gestión del grupo. Desde luego, tras el asunto de Lopetegui y el nombramiento de Lucho, el madridismo no estará muy contento con Rubiales. Pero tal vez esa imagen de no dejarse influenciar por las presiones mediáticas haya jugado a favor de la decisión de la Federación.

Para ayudarle tendrá a José Francisco Molina, el portero que debutó como internacional jugando de extremo izquierda un amistoso ante Noruega. Tras un paso más bien fugaz por varios banquillos, parece decantarse por los despachos. Le veremos como Director Deportivo de la Federación, si bien de antemano su desempeño es una incógnita.

Esperamos que esta nueva época de la selección española sea exitosa para sus protagonistas. Desde luego, su suerte será la nuestra. Tras tres grandes torneos decepcionantes y una era exitosa cada vez más lejana, en sus manos estará reverdecer laureles.