El derby de Manchester lleva un par de temporadas teniendo el morbo añadido de ser un duelo entre Guardiola y Mourinho, pero en el de este fin de semana tenía un plus mayor, al ser el encuentro entre líder y segundo clasificado de la Premier. El Manchester City venció en un duelo sin demasiado brillo por ninguna de las dos partes y se disparan en la clasificación. Guardiola venció a Mourinho y sigue rompiendo records en la Premier.

Antes del partidos, el Manchester City ya dominaba la clasificación, con sus 14 victorias y un empate, aventajaba en ocho puntos a su vecino y segundo clasificado. Mientras, el United contaba con tres puntos más que el Chelsea, que arrancaba la jornada como tercer clasificado. Así, más que un duelo entre los dos primeros para decidir el liderato, era casi una opción desesperada para los red devils de evitar que se le escapara la cabeza de la tabla casi definitivamente.

Más allá de su situación en Liga, ambos equipos llegaban al partido en plena forma, tras lograr en Champions la primera posición de sus grupos respectivos, a pesar de que el City había recibido la primera derrota de la temporada entre semana, ante el Shakhtar. Por cierto, que el segundo clasificado del grupo del United, el Basilea, será el rival en octavos de final del City. Mientras, el United se enfrentará al Sevilla.

Tácticamente, en ambos casos podemos hablar de un 4-3-3, aunque interpretados de forma diferente. En el caso de los locales, formaban con De Gea en portería, una línea defensiva con Young y el capitán Valencia en los laterales, junto a Smalling y Rojo como centrales. En el centro del campo, Matic como stopper junto a Ánder Herrera, en un rol bastante destructivo desde que está en el United, aunque con la claridad para jugar el balón que siempre tuvo. Por delante de ellos, Lingard con libertad para jugar entre líneas, Martial abierto a la izquierda y Rashford a la derecha, para dar verticalidad y velocidad al contraataque, aunque partieran desde cerca de los centrocampistas. En punta, el ariete Lukaku, bastante desaparecido en este encuentro.

En los visitantes, el joven Ederson en la puerta, con Delph y Walker en los laterales, Kompany y Otamendi como centrales, Fernandinho ejercía de mediocentro ancla, con Silva y De Bruyne a su alrededor para conectar con el ataque. Abiertos a las bandas, muy adelantados (a veces demasiado) Sané, que está creciendo como jugador en este Manchester City, y Sterling. Arriba, como delantero de referencia, Gabriel Jesús, que se vio algo superado por el físico de los defensas rivales a la hora de intentar jugar de espaldas.

Manchester United Manchester City

Control del Manchester City

El partido arrancó con bajo nivel, con juego impreciso por ambas partes, tanteándose entre ambas escuadras. Ello, sumado a la suave nieve que caía sobre el llamado teatro de los sueños, hacía que diéramos gracias por estar viéndolo por televisión, más calentitos que en la tribuna de Old Trafford. Poco a poco, el Manchester City fue cogiendo el tono y dominó el balón claramente. Si bien eso seguramente formaba parte del guion previsto por ambos entrenadores, seguro que Mourinho contaría con tener más salida al contraataque, algo que en los primeros minutos apenas se produjo.

Aunque el dominio del City hacía retrasar cada vez más las líneas reds, los locales no se descomponían y, posicionalmente, parecían muy difíciles de superar, a pesar de que Silva se movía con mucha soltura y compensaba un partido algo más flojo del belga De Bruyne, un jugador con nivel para estar en los primeros puestos de las votaciones a mejores jugadores a poco que su club o su selección consigan algo grande. Sané y Sterling trataban de percutir y Gabriel Jesús buscaba tirar paredes sin demasiado éxito, pero la saturación de jugadores cerca del área del United complicaba que las progresiones citizen llegaran a De Gea. Pasado el minuto 40, Sané obligaba a De Gea a una gran intervención (un día más en la oficina del fenomenal portero manchego) para provocar un córner. En el lanzamiento del mismo, un mal despeje de Lukaku, presionado en el salto con Otamendi, dejaba el balón botando en área pequeña para que Silva fusilase al guardameta compatriota. El 0-1 llegaba a balón parado tras un rebote, pero era merecido.

Reacción del Manchester United

No me gusta tildar a Mourinho de entrenador defensivo, me parece una visión reduccionista de su forma de entender el fútbol, y me cuesta creer que un técnico pueda plantear un partido así con la exclusiva intención de no perder, más teniendo en cuenta la diferencia previa de puntos en la clasificación, pero tras el gol del City vimos despertar al United, combinar algo más y llegar arriba, aunque fuera de forma directa ¿Por qué no lo hicieron con empate a cero? Nunca lo sabremos y no creo que Mourinho nos lo vaya a resolver.

Así, en los escasos cinco minutos que restaron hasta el final, contando con el descuento, Martial tuvo una buena llegada que desbarató Ederson y llegó el gol del empate. Ashley Young colgó un balón larguísimo y casi frontal desde la banda izquierda a la altura de la línea divisoria. Otamendi se la comió lamentablemente por arriba, Delph estuvo más lamentable todavía al fallar un control con el pecho y el balón quedo franco para Rashford, un jugador con una planta impresionante y movimientos de crack, que batió a Ederson, quien, en solidaridad con sus compañeros de línea defensiva, tampoco estuvo muy brillante a la hora de tapar huecos al punta inglés.

En el segundo tiempo, Gündogan partió de salida por Kompany para dar más fluidez al centro del campo. Una pena que el medio alemán sea de Swarovski, de gran belleza, pero de cristal. Las lesiones están lastrando el rendimiento de un jugador que pudo ser grande. En el United, el voluntarioso Rojo, tras un golpe en la cabeza con Silva, también fue sustituido en el descanso para dar entrada a Lindelöf.

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La segunda mitad fue más alocada que la primera. El Manchester City no consiguió dominar igual que había hecho en los primeros 45 minutos, y eso se notó en que los locales engancharon mayor número de contraataques y llegaron más a Ederson. Sin embargo, a los diez minutos de la reanudación, un nuevo córner y un nuevo mal despeje de Lukaku, que estrelló el balón en la espalda de Matic, quedó de nuevo muerto en el área botando, esta vez delante de Otamendi, para que el central argentino volviera a fusilar sin remisión a De Gea. El 1-2 fue casi calcado al 0-1, poco preciosista, pero efectivo.

De ahí al final, poco a poco el United fue apretando al City, aunque apenas tuvieron grandes ocasiones. De hecho, De Gea tuvo que volver a aparecer en un par de ocasiones para que los de Guardiola no culminaran alguna contra. Mientras los locales iban apretando, para lo que Mourinho introdujo a Ibrahimovic y Mata en el campo, los nervios aumentaban y el partido se iba tornando bronco. Si al final del partido parece que hubo intercambio de botellazos en el túnel de vestuarios, el inicio estuvo dentro, donde hubo roces entre bastantes jugadores. A ello contribuyó una caída muy dudosa de Herrera ante Otamendi dentro del área que enervó a Mourinho, y le sirvió de justificación de la derrota al final del partido.

La mejor ocasión de los últimos minutos la tuvo el United, con sendos remates de Lukaku y Mata en área pequeña, que Ederson sacó en una doble intervención memorable que sirvió para mantener los tres puntos y llevarse el triunfo en un derby que deja la Premier bastante clara en manos del City.

Así las cosas, el City aventaja ya en once puntos a sus vecinos, que han aprovechado la derrota del Chelsea ante el West Ham para no ver comprometida su segunda plaza. Aunque queda mucha Premier, los 16 partidos sin perder de los líderes aventuran que solo una catástrofe les evitaría ser campeones.

Un partido de escasa calidad para el nivel presupuesto, pero de emoción y de importante desenlace para la temporada. Fue una nueva oportunidad de ver a Guardiola y Mourinho enfrentarse, con sus virtudes y defectos, y de saludarse amigablemente antes y después del partido, incluso de intercambiarse unas palabras durante el encuentro en la peculiar área técnica de los banquillos de Old Trafford. Victoria para un Manchester City que tiene media Premier en el bolsillo.

Mourinho abraza Guardiola

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