Hay tipos que no necesitan abuela. No la necesita Floyd Mayweather. No la necesita Zlatan Ibrahimovic. Y  no la necesita ese fondo de inversión llamado Cristiano Ronaldo. Sus declaraciones a raíz de ganar el quinto Balón de Oro que indican que nadie ha sido mejor que él en la historia del fútbol así lo acreditan. Pero no seamos inocentes: a nadie puede sorprender este tipo de frases. Pocos futbolistas están tan pagados de sí mismos como CR7.

No soy cristianólogo, no le sigo desde que era un chaval en el United, así que no sé si siempre ha sido así de insoportable. Ahora, desde luego, son escandalosas sus llamadas de atención. Seguramente, cuando Ferguson era el que llevaba las riendas del Manchester, esas tonterías no se las habría aguantado. Pero hace ya casi diez años que salió de debajo de su alero, perdiendo cualquier control sobre su autoestima.

Cristiano Ronaldo besando la Champions conseguida en mayo

Cristiano Ronaldo besando la Champions conseguida en mayo

En el camino, ha entrenado durante tres años bajo las órdenes de otro gran ególatra llamado Jose Mourinho y el encargado de cerrar su traspaso del Manchester al Real Madrid no fue otro que Florentino Pérez, más conocido fuera de nuestro planeta como “El Ser Superior”. Con estos profesores, lo más normal es que el alumno, a nada que salga un poco espabilado, mejore las extraordinarias prestaciones de sus mentores en despachos y campos de juego.

Seguramente, el foro mediático que Cristiano tenía en el United no es el que tiene ahora en el Madrid. Su progresión, su crecimiento, sus estadísticas desde que está en el Real Madrid avalan su estatus de estrella deportiva, incluso, según el color de tu camiseta mental, incluso puede ser el mejor jugador de la actualidad. El debate está ahí, y es difícil cerrarlo. Pero de ahí a dar, él solito, el salto al cajón más alto del podio de los mejores de la historia… Por ahí no vamos a pasar, Cristiano. Por lo menos yo.

Me fascinan los tipos que son capaces de hablar de sí mismos con esa petulancia y seguridad porque yo soy incapaz de hacerlo no sólo en términos parecidos, es que ni siquiera me atrevo a ponerme en valor con máxima y sincera modestia. Y cuando en algún entorno o contexto, alguien me dedica unas bonitas palabras acerca de mi desempeño profesional, por encima de la satisfacción que no puedo negar sentir, domina la vergüenza y el pudor. Jamás diré que soy el mejor en algo. Y me parece increíble que alguien pueda decirlo. Aunque estemos en el año 2017.

Cristiano Ronaldo celebra gol de Portugal contra Suecia

Cristiano Ronaldo celebrando primer gol de Portugal contra Suecia en los clasificatorios para el Mundial de 2014

Corría el otoño de 1992 y quien esto suscribe trabajaba por aquel entonces en el diario MARCA, en la sección de baloncesto. Era un sábado y debido al volumen de trabajo propio de ese día (cuando todos los partidos de la ACB se jugaban casi a la vez, menos el televisado…), toda la sección en pleno andaba por la redacción. Salimos a comer y alguien cometió el error de plantear un juego peligrosísimo. Hablar de nosotros. La pregunta a responder era “¿Quien de todos los que componemos la redacción escribe mejor?”. No nos pareció una “tontá” en su momento. Empezó la ronda.

-Pues a mi me gusta David.

-Pues a mi me gusta Miguel Ángel.

-Pues a mi me gusta Víctor.

Y de repente, le tocaba el turno al compañero que tenía mejor agenda de contactos de todos nosotros pero cuyo talento escribiendo sólo podía compararse al de Manolo Esteban “Manolete”. Y no le tembló la voz:

-Pues yo, sinceramente, creo que quien mejor escribe en la sección, y con bastante diferencia, soy yo.

La frase la recordaré toda mi vida, esas diecisiete palabras, el tono en el que el interfecto lo dijo, sin subirle las pulsaciones, sin inmutarse, como quien vuelve a recordarnos evidencias tales como que el sol sale por el Este y los días tienen 24 horas… En lo que a mi concierne, las cosas nunca volvieron a ser igual con este compañero. Quizá por ello, me dieron “boleto” en el periódico en enero de 1993, si bien él tampoco firmó una espléndida carrera profesional. Pero cuando escuché de su boca esas palabras, pensé, “este tío es imbécil”… Bueno, en realidad utilicé otra palabra, pero imbuido ya del espíritu navideño, no me parece correcto transcribirla literalmente.

Y eso es exactamente lo mismo que pensé cuando se lo oí decir a Cristiano Ronaldo. No tiene nada que ver con su rendimiento deportivo -excelso-, con su palmarés -espectacular, Eurocopa incluida-, con sus récords… Nada de eso se puede discutir. Nadie en su sano juicio puede negar que CR7 es uno de los más grandes de la historia (¿de los ocho más grandes, de los diez más grandes…?). Pero no deja de sorprenderme esa necesidad ¿casi infantil? de sentir y de oír que eres el tipo más importante del mundo, el que recibe más búsquedas en Internet, el que genera más clics, más ingresos publicitarios… Esa necesidad de recordarnos su grandeza las 24 horas del día, los 365 días del año.

Para saber si CR7 es el mejor de la historia, habrá que esperar como poco veinticinco o treinta años y analizar sus logros con la perspectiva de la que ahora carecemos, y sobre todo, diseccionar el recuerdo que quede de él como jugador. Yo soy más de Messi, no puedo negarlo -en las antípodas del pavoneo del portugués-, pero no creo poder afirmar que sea el argentino sea el mejor de la historia. Las estadísticas no son suficientes para hablar de ser el mejor, porque si fuera así, ahora habría que decir que Igor Angulo, Rauno Sapinnen o Albert Prosa, en lucha por la Bota de Oro, se encuentran entre los mejores delanteros de Europa y del mundo. Y mucho me temo por ellos que no es así, con el debido respeto.

Cristiano Ronaldo celebra gol ChampionsPor supuesto, los goles cuentan. Los títulos ayudan. Pero hay algo que se escapa a CR7 que es la fuerza de la imagen, del recuerdo, de la leyenda, de la memoria colectiva. Seguramente, lo que quede de Cristiano para la posteridad será, con certeza casi absoluta, su primitiva celebración de los goles. Pero todo el mundo recuerda una jugada mítica de Cruyff, o de Maradona, o del otro Ronaldo. ¿Cual será la jugada de Cristiano como legado suyo para la historia del fútbol, esa que pervivirá en nuestra retina por más años que pasen…?

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