En junio de 2015, el Manchester United desembolsaba una cantidad cercana a los 30 millones de euros por Memphis Depay. La joven perla de la cantera del PSV Eindhoven era reclamado por Louis Van Gaal en su segundo año en Manchester. El holandés, como ha hecho en todos los clubs por los que ha pasado, volvía a confiar en la juventud para intentar corregir el peligroso camino que el United inició con la salida de Ferguson.

Apenas un año y medio después, y ya con José Mourinho como nuevo inquilino del banquillo red, Memphis se plantea dar por finalizada su aventura británica. Pretendientes no le faltan. La rumorología futbolística le ha relacionado con la Roma, el Galatasaray o el Milan, y con 22 años, y a pesar de su fracaso en su primer equipo grande, guarda todavía la estela de joven promesa con gran potencial.

Extremo diestro, habituado a jugar por la izquierda, pero también capaz de moverse por todo el frente de ataque. Con una gran potencia para arrancar y regatear en velocidad. Y con un destacable disparo desde media y larga distancia, incluyendo también el lanzamiento de faltas. En sus 4 años en el primer equipo del PSV su media goleadora fue incrementando, llegando a ser máximo goleador de la Eredivisie en su último año con 21 goles. Parecían los ingredientes necesarios para que la camiseta con el 7 de Old Trafford tuviera un nuevo dueño a su altura, tras la decepción de Di Maria. Pero así como el argentino, al joven holandés le ha pesado demasiado ese número.

El apoyo inicial de Van Gaal rapidamente desapareció debido al pobre rendimiento de Depay. La llegada de Martial y la aparición inesperada de Rashford pusieron aún más difícil su participación en el equipo. Al final de la temporada reflejó un pobre bagaje de 7 goles y 5 asistencias, quedando señalado para el público tan exigente de El Teatro de los Sueños.

Con la llegada de Mourinho las cosas no parecen mejorar. Apenas cuenta para el portugués, a quien no le tiembla la mano para apartar a nadie. A estas alturas de temporada, Depay acumula unos escasos 118 minutos, una situación de riesgo para cualquier futbolista. El tiempo apremia si no quiere hipotecar su futuro y para eso necesita jugar. Se habla de una cesión en enero, pero el peso del precio pagado por él puede convertirse en un gran lastre, y amenaza con convertirse en otro juguete roto del fútbol que quiso saltar demasiado pronto y acabo estrellándose.

Sobre El Autor

Nací en Barcelona y pronto adopté como ídolo a Maradona, el mejor. Más tarde conocí la clase de Van Basten, la magia de Romario, la elegancia de Zidane, volví a ilusionarme con Ronaldinho y me siento afortunado por haber visto jugar a Messi. Estilo y fantasía, así me gusta el fútbol.

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