Que el fútbol es un estado de ánimo lo dijo Valdano y es una de las mayores verdades que existen en este deporte. Cuando la dinámica de resultados es buena, parece que todo va rodado, se trabaja bien, existe una alta cohesión grupal, la confianza en el entrenador es total y así un largo etcétera.

Pongamos un ejemplo real. Un equipo, da igual la Liga y la categoría. Objetivo: la salvación. La pretemporada comienza muy bien, buenas sensaciones, se trabaja muy bien y los nuevos conceptos del entrenador se van asimilando correctamente. Los partidos son un fiel reflejo de ello, se compite y se mejora más allá de resultados, que sea dicho son positivos. Comienza la Liga y primera derrota 0-1, en la segunda jornada se consigue la primera victoria de manera contundente fuera de casa, 1-5. Las siguientes cinco jornadas se pierde por un gol de diferencia: 0-1, 1-0, 0-1, 2-1 y 1-0, seguido de un empate y posterior derrota otra vez por un 1-0 empatando nuevamente en la jornada 10.

A estas alturas, jornada 10, este equipo se encuentra penúltimo clasificado con 5 puntos, 9 goles a favor y 12 goles en contra. Es el cuarto equipo menos goleado pero también el segundo que menos goles realiza. Analizando rápidamente estos números uno se puede dar cuenta de que es un equipo que compite, que da la cara y con un mínimo de orden pero con un sentido de la profundidad escaso. Los resultados hasta la fecha de hoy no son muy diferentes, derrotas por un gol de diferencia, en dos partidos por dos, 2-0 y 4-2, un par de victorias y otro empate.

Con las primeras derrotas por mínima diferencia el discurso era que había que seguir remando, que sería cuestión de tiempo que con trabajo la balanza se decantará de su lado. Pero el balanceo no llega y el tiempo se agota. Se sigue dando la cara, compitiendo bien y trabajando como el primer día, pero los goles llegan en los primeros minutos de cada partido y eso empieza a ser un problema. Cuando la situación es la descrita no se puede conceder la más mínima, pero ahora mismo, perdón por la expresión, nos caga una paloma y nos ahogamos. Sí, el equipo es el mío, así que sé de lo que hablo.

No hay ninguna pega al trabajo ni al compromiso del grupo, si acaso la hay, es en un aspecto mucho más importante que una basculación, un cobertura, un desmarque o un tiro a puerta. Se trata de una cuestión de confianza. Cuando te ves guapo, atractivo te comes el mundo, no hay quien te diga que no a nada, pero nosotros somos el “Jorobado de Notre Dame”. Sé que es cuestión de encadenar dos victorias seguidas porque no es un aspecto del juego. Todo está en la cabeza. Dudas. Parece que puede tener poca influencia en el juego pero factores mentales como la confianza, el estrés o la relajación son fundamentales para el desarrollo correcto de cualquier actividad y también hay que trabajarlos.

Sobre El Autor

Entrenador Nivel 2, dirige la sección "La pizarra de Héctor"

Estudié Ciencias de la Actividad Física, soy Técnico en Psicomotricidad y entrenador de fútbol, mi pasión de siempre. Llevo entrenando desde los 18 años y lo que más me gusta es el trabajo de campo, el contacto con el jugador, la tarea y sus evoluciones. Mis gustos se decantan hacia el fútbol de toque, vistoso y con ritmo, digamos que el Barça de Rijkaard es una referencia.

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