He de confesar que cuando decidí empezar a centrar mis artículos de los lunes en un jugador concreto que me haya llamado la atención durante el fin de semana, lo hice con la idea de usarlo para futbolistas que no fueran de primerísima línea, pero que tuvieran algo que remarcar. Pero esta semana no me queda más remedio que hablar de él, un 10 absoluto, Leo Messi.

Lionel Andrés Messi, cuyo primer nombre se debe a la pasión de sus padres por el cantante Lionel Richie, nació en 1987. En ese mismo año se estrenó la película “El Chip Prodigioso”, dirigida por Joe Dante, famoso por sus películas de fácil digestión y efectos especiales, que alcanzó su mayor éxito con la saga “Gremlins”. A sus casi 30 años, la forma de jugar de Messi le ha convertido en eso mismo, un chip prodigioso capaz de conectar y canalizar la información que le llega en forma de balón para hacer mejores las jugadas, para tomar habitualmente la mejor opción. Y cuando hablo de la mejor opción me refiero en ocasiones a tomar decisiones casi mágicas, a mandar pases por huecos que nadie ha visto, a regatear en una baldosa o a mandar balones a la red con precisión quirúrgica.

Esta metamorfosis tardía en el astro argentino llegó tras años de voracidad goleadora (llegó a anotar la barbaridad de 50 goles en una Liga) alimentada en parte por la rivalidad con Cristiano. Un par de años casi perdidos por las lesiones, la llegada de sus hijos, una madurez sobrevenida, tal vez tener dos compañeros de delantera con los que se sentía verdaderamente cómodo, algo hizo mella en la cabeza de Leo para que decidiera recibir el balón 20 metros más atrás y levantara la vista en busca de compañeros, para empezar a ser el catalizador de la jugada y no solo quien la finalizara, sin que ello signifique que haya dejado de marcar (con 23 goles es el líder de la tabla del Pichichi).

El sábado fue una demostración de ese nuevo Messi. Se sitúo entre líneas desapareciendo del radar defensivo de los celtiñas que, a pesar de reconvertir a Roncaglia como mediocentro tapón, fueron incapaces (como incluso reconoció Berizzo) de frenar o casi tan siquiera de perseguir al crack blaugrana.

En los cinco goles que anotó el Barça, Messi tuvo presencia destacada. Anotó dos muy de su estilo, conduciendo en diagonal por la frontal del área, con esa forma de llevar el balón constantemente pegado al pie, con tantísimos contactos con el cuero que el defensa no sabe en ningún momento donde está la pelota, haciendo tan complicado meter el pie para robarla. Con suaves amagos del cuerpo va derribando defensas y haciendo dudar al portero sobre el momento en el que decidirá fusilarle, hasta que decide que es hora de acabar con el sufrimiento de los rivales que le ven venir y mandar el balón a dormir a un rinconcito de la portería.

En el primero de los goles de ayer, lo hizo por donde el meta olívico Sergio Álvarez esperaba, pero con una precisión que hizo imposible que éste llegara. En el segundo convirtió al meta en estatua de sal poniendo el esférico en un ángulo imposible con un giro de su tobillo zurdo.

Messi celebra gol celta con Neymar

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También asistió directamente a Neymar para su obra de arte (caso aparte fue la definición del brasileño) con un pase interior desde la frontal, a Umtiti con un balón colgado desde la banda que fue un regalo para que el francés la empujara, y dio un pase al corazón de área a Rafinha que acabó llegando a pies de Rakitic para convertirse en gol.

En el gran festín blaugrana ante un Celta que nunca estuvo en el partido y que aguantó el temporal como buenamente pudo, Messi fue el maestro de ceremonias. La única duda es que Messi, al ser alfa y omega culé, sea demasiado necesario, se está echando en falta esta temporada que alguien más tome el mando cuando el rosarino no carbura.

Duda ésta que debe trasladarse al intento de remontada ante el PSG en Champions. En el Parque de los Príncipes el técnico Émery supo frenar a Messi, para la vuelta solo un 10 furioso y desatado puede obrar el milagro de la clasificación para cuartos. Luis Enrique ha reforzado el centro del campo con la posición de lateral derecho en defensa e interior en ataque de Sergi Roberto, algo que ya no cogerá por sorpresa a los parisinos. Hará falta algo más que rompa los esquemas de los franceses para tener opciones.

Ya sea con o sin Champions, esta temporada estamos disfrutando de un Messi de altísimo nivel, con una exhibición amplísima de repertorio que nos seguirá dejando sin adjetivos. Messi, el chip prodigioso, sigue dando servicio a la maquinaria blaugrana.

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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