Se les fue de las manos señores empresarios. No, Míster Marshall puede pasar de largo. Tranquilos, analizamos caballeros de corbata que no ven juego, más bien petrodólares. A priori, se abren los oídos ante el concepto de llevar la imagen de nuestro fútbol más allá de nuestras fronteras.

Qué empresa en su sano juicio no querría que su producto se disfrutara, con grandes beneficios económicos garantizados, en el gigante asiático o en el todopoderoso EE.UU.

Aunque surgen grietas en semejante Titanic Industrial de marketing y merchandising. Una cosa es sacar el mejor vino para brindar cuando hasta el Orihuela haya logrado que su última camiseta se haya vendido en las tiendas del gangsteril Chicago y la moderna Pekín. Pero se quitan las ganas de fiesta cuando debes decir al aficionado que en la tele de un caro canal de pago se disfruta mejor el fútbol. No en el estadio, su estadio.

En United States of America, ahí es donde deben ondear las banderas y cantarse los goles patrios según las mentes más brillantes de nuestro más alto organismo de Fútbol. En breve, la Copa del Rey pasará a llamarse The New York Spanish League Toyota Red Bull Cup.

Es bella la idea de que favorecerá a todos por igual, pero no dará la misma audiencia un Madrid, Barcelona y Betis, debe incluirse al equipo sevillano en esta lista de audiencias españolas por sus grandes resultados en el canal Gol Televisión, que un Lorca o Osasuna. Siempre con el máximo respecto a los equipos más humildes, desde luego.

Es decir, aunque se hable de una jornada al otro lado de charco, es de sospechar que siempre será la que coincida estando en juego uno de los equipos grandes de La Liga. De postre, debe ponerse en duda que los trabajadores, los últimos en ser consultados cuando de mover millones en negocios se trata, hayan dado su visto bueno a realizar semejante kilometraje sin negociar un concepto llamado derechos de imagen.

Volviendo a la figura de las gargantas que llenan el estadio, que se ilusionan cada verano con los movimientos de su equipo y tachando días deseosos de que empiece la competición, volviendo a las gargantas que importan, díganles que el cántico de Michigan es más fuerte y anima más según sus estudios de mercado.

No puede arrancarse a golpe de talonario el patrimonio del abonado. El maletín frente a la planificación deportiva, las audiencias por encima del ingrediente social. Números fríos y despachos. Deberían retransmitirse esas reuniones de negocios tan determinantes en vez de los partidos. Total, son estas primeras más determinantes que lo ocurrido sobre el césped.

Se les fue de las manos señores empresarios. No, Míster Marshall puede pasar de largo. Tranquilos, hemos visto varios puntos caballeros de corbata que no ven juego, más bien petrodólares. A priori, el plan es llenarse sus bolsillos bajo el concepto  de llevar la imagen de nuestro fútbol más allá de nuestras fronteras.

Qué empresa en su sano juicio no querría que su producto se disfrutara, con grandes beneficios económicos garantizados, en el gigante asiático o en el todopoderoso EE.UU. Sintiéndolo mucho se ha de rechazar su propuesta, aunque sea por salvaguardar algo bello en este deporte cada vez más dominado por el número de ceros en las cuentas bancarias.

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