“No creo que haya malos fichajes, hay malos rendimientos”. Esta afirmación de Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, fueron las elegantes palabras que eligió para hablar del adiós de dos de los fichajes de prestigio realizados por el Sevilla Fútbol Club para la temporada 2015/2016: Fernando Llorente y Yehven Konoplyanka. La frase es del verano de 2016, apenas un año después de su llegada, ambos se marchaban. Ni el fornido delantero navarro, ni el fino mediapunta ucraniano encontraron su éxito en Nervión. Quizás la sentencia de Monchi pueda ser aplicable a estos dos casos, pero, ¿de verdad que no existen malos fichajes? Recorreremos, de forma breve, la trayectoria del Director Deportivo durante su etapa en Sevilla, pero desde una perspectiva algo especial: recordaremos, como hace cualquier aficionado de cualquier equipo en según qué reuniones, aquellos fichajes que, como mínimo, fueron un despropósito. Futbolistas de dudosa calidad, torpes de solemnidad, en definitiva, malos fichajes.

La carrera de Monchi en el Sevilla es inusualmente larga para los tiempos que corren. Como todo el mundo sabe, Monchi fue portero antes que fraile. Llegó al primer equipo del Sevilla en la temporada 90/91 y se retiró en el año 2000 tras una discreta carrera como guardameta. Difícilmente el Monchi director deportivo hubiese fichado al Monchi portero. Pero no hagamos sangre. Tras retirarse, y después de un breve periplo como delegado de campo del equipo, el presidente Roberto Alés lo designa director deportivo en ese mismo año, temporada 2000/2001. Fue el impensable nacimiento de una leyenda para el sevillismo, el origen del Rey Midas. Todos lo recordamos porque fue uno de los pilares que sostuvo el crecimiento institucional del Club. Todos lo recordamos porque trajo al Sevilla a futbolistas como Julio Baptista, Adriano Correia, Daniel Alves, Renato Dirnei, Enzo Maresca, Julien Escudé, Ivica Dragutinovic, Seydou Keita, Christian Poulsen, Álvaro Negredo, Geoffrey Kondogbia, Ivan Rakitic o Carlos Bacca, entre muchos otros. Unió en el Sevilla a una delantera inolvidable: Luis Fabiano y Frederic Omar Kanouté. Tuvo muchos más aciertos como David Castedo, Pablo Alfaro, Javi Navarro, Javi Casquero, Andrés Palop, Pep Martí, Aitor Ocio…, es realmente complicado nombrarlos a todos. Ellos, junto con una horneada de canteranos capitaneados por el campeón del mundo Jesús Navas o por José Antonio Reyes y Antonio Puerta formaron, y forman, este gran Sevilla.

Pero no es oro todo lo que reluce, y ni siquiera Monchi es infalible. Sé que es propio de una tertulia de bar, con amigos y con alguna alegría en el cuerpo, pero hoy quiero recordar a esos fichajes que, como mínimo, no dieron un gran rendimiento y que, ahora, sirven para arrancar una sonrisa e, incluso, una gran carcajada cuando, entre bromas, algún amigo saca su nombre a la palestra.

Es probable que debido a mi leve ramalazo obsesivo-compulsivo me guste clasificar casi cualquier cosa. Con las operaciones futbolísticas no iba a ser menos y es por ello que, para empezar, diría que existe un grupo de fichajes a los que me gusta llamar “los inolvidables”. Y lo son porque no es posible olvidar a alguien que ni siquiera entró en tu memoria. Sólo las mentes más privilegiadas o los verdaderos fanáticos coleccionistas de cromos serán capaces de poner en pie, o de dibujarles la cara a fichajes, insisto, de Monchi, como César, Puli, Tomás, Alfonso, Caballero, Jordi López o Marco Andreolli, por nombrar a alguno más reciente.

Luego están los “jugadores únicos”, únicos porque cuando rinden, lo hacen en un único club o un único lugar, vaya usted a saber el por qué, y para los que ese lugar no fue el equipo de Nervión: Mario, Vinnie Samways, Darío Silva (al que hay que reconocerle algún destello), Fernando Sales, Botía, el nombrado Yehven Konoplyanka o el caso del gran goleador, pero solo en Italia, Ciro Inmobile. En algunos de estos casos sí puede hablarse de malos rendimientos, en todos ellos que su salida fue por la puerta de atrás.

Aquivaldo Mosquera Sevilla

Aquivaldo Mosquera con la elástica del Sevilla

Pero el grupo de fichajes de este tipo en los que más nos recreamos son los llamados “fichajes de agente” o jugadores “tocomocho”. Es decir, aquellos en los que hay alguien que sabe vender el producto que tiene, aunque ese producto tenga un valor cercano a la nada, al conjunto vacío, al negro del agujero. Juguemos a un juego: a continuación transcribiré algunas descripciones de los jugadores que trascendieron a la prensa y el juego consiste en adivinar de quien se está hablando:

El zaguero colombiano, en las filas del Pachuca mexicano desde julio de 2005, posee una envidiable hoja de servicios, en la que, como dato esclarecedor de su categoría –amén del aval de que Monchi se ha fijado en él- está el hecho de haber sido distinguido como el mejor defensa del continente americano” o también encontramos comentarios como “se caracteriza por dominar el juego aéreo, acudir con rapidez a los cruces y por tener un buen manejo de balón (…)”. Seguro que los más avezados saben perfectamente que hablamos de Aquivaldo Mosquera, mejor defensa del continente americano, pero el peor de aquella plantilla del Sevilla. Aquí no se le pudo ver acudir rápido a los cruces y del manejo del balón mejor ni hablar.

Pero el paradigma del timo de la estampita viene en el siguiente ejemplo: “es móvil como Eto’o y explosivo como Drogba”. Palabras de Pedro Martins, su último entrenador antes de recalar en el Sevilla. Qué no conseguiría este hombre de su club, el Marítimo de Portugal, cuando consiguió que Monchi picase y fichase por alrededor de 3 millones de euros al bueno, o no tanto, de Papa Babacar “Baba” Diawara. Tremendo.

Baba celebra gol Sevilla con Jesús Navas

Baba celebra un gol con Jesús Navas

Con Monchi llegó la profesionalización del club, gran parte de los mejores jugadores de su historia, el establecimiento de un sistema de trabajo y un crecimiento deportivo, económico e institucional sin precedentes. Y todo ello a pesar de que vio algo en gente como Magallanes, Germán Hornos, Carlos Aranda, Javier Chevantón, Arouna Koné, Lautaro Acosta, Romaric, Sergio Sánchez, Marius Stankevicius, Guarente, Manu del Moral, Javi Hervás, Stevanovic, Maduro, Rusescu, Rabello, Diogo Figueiras, Barbosa, Arribas, Kakuta…

Hay muchos más aciertos, como Ever Banega, y muchos más errores, como Walter Montoya. En total hizo 151 fichajes en 17 años. Pero Monchi fue mucho más que un Director Deportivo,  se convirtió en el motor de la transformación de un club. Un club que había llegado a ser grande a mediados del siglo XX, pero al que la construcción del Sánchez Pizjuán, y otras vicisitudes, habían dejado en un segundo plano. Un club que no encontraba el camino para volver. Un club que se asió a su mano, a su criterio y a su buen hacer para volver a su lugar. Un club que, como les sucedió a tantos de sus fichajes, le sirvió de trampolín para una nueva aventura. Al final es un club que siempre será su casa.

Personalmente, pienso que Monchi también tiene sus sombras además de su mejor o peor ojo para los futbolistas. Su salida del club, como no podía ser de otro modo, fue agridulce. Pero parte de ese sabor se debe a su propia y torpe gestión de los acontecimientos, a sus comentarios en falso, a sus ambiguas explicaciones. Todos sabíamos que, se hiciese como se hiciese, iba a ser complicada. Cuando las cosas son así, lo mejor es la verdad.

Pero como es de bien nacidos ser agradecidos, sirva este acercamiento a su figura, con un tono relajado y hasta cierto punto amable, aunque agudo, como un pequeño homenaje. Tengo claro que sin él, el fútbol habría sido, para mí, mucho menos apasionante y eso, queridos amigos, no se paga con dinero.

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