Entre las muchas taras que tengo, una de ellas me atrae inexorablemente hacia los libros con un número de páginas, digamos, generoso. Si encima, esas páginas están compuestas en una fuente más bien pequeña, mi satisfacción se multiplica por dos. Incluso a pesar de mis 47 años y mis recién estrenadas lentes progresivas, la letra pequeña ejerce un influjo grande sobre mí.

Por eso, cuando tomo entre mis manos “Un mundo, un balón”, de Narcís Boada, me siento beatíficamente en el cielo. 360 páginas a un tamaño de letra escaso. Como diría un amigo mío, son 360 páginas falsas -nunca me ha quedado claro cuál es el canon del tamaño adecuado-, pero en una impresión más pensada en el lector provecto de este tipo de literatura, seguramente este ejemplar rozara las 500 páginas.

Entiendo al que hojea el libro y resopla -que para nada es mi caso-, y ese será un debe de la editorial T&B. Pero en su descargo hay que decir que siempre han editado los libros así, y algunos más de T&B que pueblan mis estanterías, casi todos ellos cinematográficos, están cortados por el mismo patrón. O sea, la marca de la casa…

portada libro un mundo un balonPero yendo al meollo de la cuestión, Narcís Boada, historiador enamorado del fútbol, ha intentado trasladar en esas 360 páginas la historia del fútbol mundial, desde su inicio a finales del siglo XIX en Inglaterra, hasta los ramalazos más modernos de este sacrosanto deporte.

En cualquier caso, son demasiados años, demasiados acontecimientos, demasiados equipos y demasiados jugadores para que todo quepa al gusto del lector en este recipiente. Algún día, alguien se atreverá con la titánica labor y redactará una historia del futbol donde nada quede fuera de sus márgenes, aunque tengamos que irnos a tamaños enciclopédicos. Pero mientras tanto, hemos de conformarnos con libros como este.

A Boada no se le conocen más libros publicados. Y esto es algo que lamentamos. Porque el texto de “Un mundo, un balón” a pesar de todo lo dicho anteriormente, se lee sin pereza ni desgana. Boada no sólo no aburre, sino que divierte y gusta de mostrar el lado más oscuro del fútbol, o por decirlo más suavemente, el menos conocido y popular.

Así las cosas, sabremos del primer escándalo de corrupción en el fútbol, atribuible a William Sudell, que entrenaba al Preston North End en el trasunto de la primera edición de la Liga Inglesa, que muchísimo más tarde se convertiría en la adoraba Premier League. Sudell era un ex militar dedicado a los negocios industriales y también al fútbol.

En 1895 le pillaron con el carrito del helado, esto es, desviaba de manera ilegal dinero de su fábrica a su equipo de fútbol, lo que el permitía competir en ventaja con el resto de equipos. Fue sancionado por ello y apartado del fútbol. Recuerden, 1895… A veces uno piensa que la corrupción llegó al futbol hace nada, y ya a las primeras de cambio, siempre te topas con gente que busca la manera de ganar a cualquier precio. Siglo XIX.

El libro de Boada está repleto de historias y anécdotas de este estilo, y el lector agradece el esfuerzo investigador y didáctico de su autor. Como historiador que es, es difícil sorprender a Narcís en algún juicio de opinión. No digo que no los haya a lo largo de tanta página, pero con mucha diferencia, son los menos. En ese sentido, es un libro aséptico, informativo, divulgativo, sin intención de ganar las simpatías o animadversiones de nadie por ningún texto en concreto.

Cierto es también que en las páginas finales, cuesta no sospechar que nuestro común amigo Boada mantiene algún tipo de relación sentimental con el F.C.Barcelona, pero eso es algo totalmente perdonable, porque, ¿qué catalán aficionado al fútbol va a dejar de tontear con los maravillosos Barças de Rijkaard, Guardiola y Luis Enrique?

“Un mundo, un balón” es un libro que justifica sobradamente la inversión pero que requiere de la lectura sosegada y tranquila del sillón de casa, con buena luz ambiental para poder imaginarte como serían esos primeros partidos de la Liga inglesa, y una toallita húmeda al lado para ir limpiándonos las imperceptibles salpicaduras de barro que nos irán cayendo mientras pasamos página tras página, sin prisa, deleitándonos en el estilo concreto y directo de Boada, pero sin pausa.

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Narcís Boada - Un mundo, un balón
Desde finales del siglo XIX muchas cosas han cambiado, pero el fútbol sigue conservando el elemento esencial de cualquier juego. La doble cara del fútbol, la de reproducir la cruda realidad, pero a la vez dar espacio a que aparezcan héroes insospechados y se produzcan momentos inolvidables es lo que hace de su historia algo de lo que vale la pena escribir y leer.
8Nota Final