A nadie sorprendió que a finales del pasado mes de agosto Messi fuera elegido como Mejor Jugador de Europa 2014-15. Los motivos para ello son más que evidentes. Pero sí que me dejó un mal sabor de boca ver que Neymar no acompañaba al argentino y a Luis Suárez en el podio final. No quiero decir que Cristiano no se mereciera estar ahí con su saco enorme de goles, pero, al menos para mí, lo de “Mejor Jugador de Europa” va un poco más allá de meter el balón en la portería contraria.

Con un poco “más allá” quiero decir algo como lo que se pudo ver este sábado en el Camp Nou. A falta de Messi, el brasileño hizo lo que tenía que hacer y lideró al equipo en un partido que por momentos fue más complicado de lo esperado. El Rayo le robó la posesión al Barça, le presionó y en algún momento lo tuvo bien encerrado atrás, con Bravo achicando como podía ante la inoperancia de una tierna defensa blaugrana. Pero esta táctica valiente y honesta de los vallecanos también esconde una reverso suicida. Y Neymar supo aprovechar los metros que la defensa vallecana dejaba a sus espaldas para correr, driblar, marcar y asistir. Finalmente, lo que empezó con un 0-1 acabó con un 5-2 con bastante samba.

Dos penaltis, un gol de oportunismo y otro a pase de Suárez. Un póker de goles que le llevan por primera vez a lo más alto del Pichichi de la Liga Española, con más mérito si cabe teniendo en cuenta que no es un 9. La verdad es que está muy bien. Meter goles está genial. De eso va el fútbol. Pero también va de gente como Neymar, que es aquel tipo de jugador que lleva esto del fútbol a un nivel superior. No dudó en reclamar la responsabilidad de liderar al equipo y exhibió ese fútbol solo al alcance de aquellos que llevan el 10 de la canarinha.

Por eso, más allá de los goles, que al fin y al cabo tanto da que los meta uno u otro, me quedo con aquello que sí marca la diferencia entre un buen jugador y un crack. Me quedo con su capacidad de provocar faltas al borde del área, con el recorte en el primer penalti, la brutal bicicleta con caño incluído que significó la segunda pena máxima, el otro penalti que no pitaron, la asistencia a Suárez y algún que otro detalle más, como un espectacular control de rabona.

La progresión de Neymar desde que llegó de Brasil es espectacular. En su segundo año dobló sus números del año anterior, y en esta temporada parece que va a seguir con la misma dinámica. Sería injusto no reconocerle todo su trabajo, sus éxitos y su estilo de juego. Y ese reconocimiento al más alto nivel podría empezar en la próxima gala del Balón de Oro, solamente por debajo de Messi al que algún día le tomará el relevo en el trono del fútbol mundial.

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