No quiero. No quiero que Messi marque hoy cuatro goles. No quiero que, por una vez, Luis Enrique acierte con la táctica y la alineación. No quiero que Neymar desborde por la banda, ni que Jordi Alba de repente centre bien. No quiero.

No quiero porque el equipo no se lo merece. Un equipo que en sus dos últimas salidas europeas ha sido vapuleado, pisoteado, humillado futbolísticamente sin que ni su entrenador ni sus jugadores hayan demostrado una gota de orgullo no merece estar entre los cuatro elegidos.

No quiero porque el pasar de ronda acercaría un poco más a Juan Carlos Unzué al banquillo azulgrana. En caso de conseguir una segunda gesta histórica ya se encargarían los voceros periodísticos de inundar las portadas de sus diarios y editoriales con alabanzas a la táctica de Luis Enrique que siguió los sabios consejos de su segundo entrenador, un primer entrenador en la sombra.

No quiero otro entrenador que permita que los jugadores se acomoden, la plantilla culé necesita ser zarandeada en su planificación, fichar a gente que sienta los colores, y no jugadores como Mathieu y André Gomes que se paseen por el campo sin ningún interés en sacrificarse por aquellos que suelen perdonar sus desidias los fines de semana. Quiero un entrenador que apueste por la cantera, que no tenga miedo de subir a gente del filial antes que fichar medianías sobrevaloradas.

No quiero porque hay muchos jugadores en el equipo blaugrana que aprovecharían el éxtasis del culé emocionado para exigir un aumento de sueldo o un contrato vitalicio que la directiva, con su eterno beneplácito cortoplacista, aceptaría sin pestañear.

Y no quiero porque desde ayer la Champions tiene dueño. A una plantilla mejor estructurada que la blaugrana, con un entrenador que no creo que supere en mucho al nuestro, no le hace falta que le pongan la alfombra hasta alzarse con la copa. Dos acontecimientos marcarán esta Champions, la histórica gesta del Barça frente al PSG, seguida de su hundimiento en Turín, y el histórico arbitraje de ayer de Viktor Kassai.

Un árbitro puede cometer errores de apreciación, pero, a las imágenes me remito, no puede hacer el gesto de sacar una amarilla y no hacerlo porque sería dejar al equipo blanco con diez jugadores. Un árbitro puede no ver un fuera de juego por centímetros, luego las televisiones juzgarán con la ventaja de la tecnología, pero lo que es imposible es no verlo cuando entre el delantero y el defensa hay metro y medio. Eso no es un error de apreciación, se llama otra cosa.

Por eso no quiero que pase el Barça, por eso esta noche estaré nervioso frente al televisor, animando a mi equipo, sufriendo por él y deseando que pase a la siguiente ronda. Eso es el fútbol, ese deporte que muchos no quieren mejorar con la tecnología, porque eso supondría perder ese plus que les permite pasar a la siguiente ronda cuando tu rival juega mejor.

Sobre El Autor

Redactor

Nacido en Cieza y amante del buen fútbol. Las sinapsis blaugranas se suceden cada Domingo. No hay nadie como el ‛10‛ de Rosario.

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