Que sí, que ya lo se, que ni soy tonto ni estoy loco, que no va a ocurrir, que es imposible, que sería más fácil que me tocara la Primitiva o que se abrieran las aguas del río Manzanares como a Moisés se le abrieron las del mar Rojo en el mito bíblico. Pero es que las eliminatorias tienen ida y vuelta, y ninguna reglamentación vigente y conocida prevé que el segundo partido no se juegue porque el resultado del primero haya sido muy abultado, así que no le queda otra cosa mejor que hacer a la parroquia colchonera que acercarse el miércoles al Calderón a ver si suena la flauta.

Soy de los que pienso que, en esto de escribir sobre fútbol, es mejor dejar claro “de qué pie cojea” cada uno. Es muy raro encontrar a alguien que trate estos temas y no tenga colores, y a quien me haya leído con cierta frecuencia ya sabrá que los míos son rojiblancos. Como creo que mi militancia atlética no invalida mis opiniones, prefiero dejarlo claro para que quien me lea pueda interpretar mis palabras en consecuencia.

Espero que no se me enfade nadie, ni de mi equipo ni del contrario, porque lo que hoy traigo son sensaciones personales, que algunos compartirán y otros no, pero que nadie me va a cambiar. Cómo vive cada uno las situaciones que acontecen alrededor del fútbol depende de muchas influencias de la personalidad, no hay formas correctas o incorrectas, por lo que nadie debería sentirse ofendido porque yo exprese mi forma de hacerlo aquí.

El primer concepto que tengo claro respecto al partido del miércoles: creo que es imposible remontar el 3-0 del Bernabéu. Eso sí, también creía que era imposible que el Barça remontara el 4-0 del PSG, me parecía imposible que el Atlético ganara la Liga en 2014, que se llevara en el Bernabéu la final de Copa del Rey de 2013, que alguna vez les viera jugar una final de Champions o que España ganara un Mundial, por poner algunos ejemplos futboleros de poco acierto en mis previsiones. Lo creo porque el Real Madrid es mejor equipo (y no digo con esto nada que Simeone no haya repetido muchas veces en los últimos años) y porque para ganarles hay que superarles en intensidad, y en partidos así los merengues se enchufan e igualan al Atlético en ganas.

Además, la capacidad blanca para el gol es inconmensurable, si tratas de cerrarte para aguantarles, su poderío físico por alto o su capacidad técnica hacen que encuentren el resquicio para anotar; si tratas de salir a por ellos, te cazan a la contra con casi total seguridad. El dato de moda es que llevan 60 partidos de Champions seguidos anotando, y como marquen, obligan al Atlético a anotar nada menos que cinco goles.

Así las cosas ¿qué se necesita para una remontada así? Es tan fácil de explicar como difícil de conseguir: que todo te salga bien. Primero, tienes que conseguir que el rival no marque, que ya hemos visto lo difícil que es. Lo segundo, tienes que aprovechar casi cada oportunidad que tengas, y en eso el Atlético este año no es precisamente un experto. Mientras el Barça contra el PSG podía confiar en la MSN para conseguir goles e incluso el Mónaco puede soñar con que Falcao y Mbappe emboquen todo lo que les llegue ante la Juve, los colchoneros no tienen a quien encomendarse. Aquí ya no están los Forlán, Falcao, Diego Costa o, incluso, Mandzukic, capaces de “cuerpear” con los centrales y sacarse un gol de debajo de la manga. El más fiable es Griezmann, un jugadorazo con gol, pero que es otra cosa. El Atlético presente necesita madurar mucho más sus ocasiones para aprovecharlas, y ante una defensa potente y organizada, sufre horrores. Un tercer factor puede ser el arbitraje y ahí… por no molestar a nadie, digamos que me imagino que el árbitro querrá ser “conservador” y ante la duda no fomentará las alas del equipo más pequeño que quiere remontar, sobre todo viendo el lío que se armó con el ínclito Aytekin.

Pero claro, acaba el partido del martes pasado, analizas, y las opciones son ínfimas, pero entonces alguien te dice que es muy complicado pero posible, y piensas ¿tengo algo mejor que hacer el miércoles que viene que creer hasta el final en que es posible? ¿y si expulsan a Keylor Navas a los 10 minutos y a Kiko Casilla a la media hora? ¿Jugando media hora contra 9 y con un jugador de campo en la portería sería posible remontar? Pues parece que sí. Y poco a poco vas diseñando en tu mente escenarios más o menos plausibles para autoconvencerte de que esos milagros ocurren, que merece la pena probar a ver si se puede hacer historia.

Y te viene a la cabeza el 4-0 de Liga de hace un par de años (sí, el de Kevin Roldán), aunque son escenarios muy diferentes, pero ocurrió. O los cuartos de final de 2014, cuando el Real Madrid ganó 3-0 en el Bernabéu al Borussia Dortmund y sufrió de lo lindo en el Signal Iduna Park, donde perdió 2-0 y acabó pidiendo la hora. Venga chicos, solo un golito más que los del Dortmund…

Así las cosas, la afición atlética va a vibrar, porque va a llegar al estadio con la sensación de que ya está eliminado su equipo, con el luto ya pasado desde el partido de ida, con la sensación de que en ese partido solo hay dos opciones: hacer historia o quedarte como estás, no hay nada que perder cuando ya lo has perdido todo. Más allá de tifos en los que el sacrosanto Florentino regala mala idea y provocación a sus cachorros más peligrosos, más allá de consignas motivadoras más o menos acertadas (que el Frente Atlético, con su historial, hable de morir y matar me pone los pelos de punta) y entendiendo que somos una afición especial, pero tampoco los poseedores únicos de la pasión futbolística, vamos a ver lo que pasa.

Porque no tenemos nada mejor que hacer el miércoles, porque es un pelín menos que imposible y porque, como dijo Simeone tras ganar la Liga en una frase que resume su filosofía, “si se trabaja y se cree, se puede”.