El Mundial está dando mucho de sí entre bambalinas. El nivel de juego no es para volverse loco -aunque hayamos visto campeonatos peores-, pero desde luego, el nivel de locuacidad de los múltiples oradores que disponen de un micrófono o similar durante estas semanas está rayando lo sobresaliente. No es mi caso, que me tengo que conformar con las humildes páginas virtuales de esta página, pero ya puedo asegurar a productores y cazatalentos que andan por ahí buscando nuevas caras para explotar que yo les daría juego. Bastante juego. A lo mejor no tanto como Maradona, pero sí daría bastante juego.

En un alarde de originalidad, voy a hablar de Luis Suárez. El chico este que resuelve a bocado limpio los rifirrafes campales. Se ha puesto de moda defender al jugador y criticar a la FIFA, y bueno, yo me voy a postular en los bandos cambiados. Es decir, voy a criticar al jugador y defender -hasta donde se puede- a la FIFA. Sobre Suárez no creo ser capaz de acuñar una frase que nadie haya escrito ya, así que no me enrollaré demasiado, pero sí quiero destacar lo que más me molesta: que el jugador, lejos de pedir perdón y de disculparse, sigue negando la agresión. Cuando hay imágenes desde todos los ángulos que prueban que mordió a Chielini, él sostiene que perdió el equilibrio y, como si fuera un chiste, sus dientes golpean con el hombro del defensa italiano ¡Qué bueno, Luis! Si algún día te falta trabajo, puedes dedicarte a monologuista de “El Club de la Comedia”.

Chiellini mostrando el mordisco de Luis Suárez

Chiellini mostrando el mordisco de Luis Suárez

Tengo que decir que la sanción deportiva, la que más me interesa, me parece extremadamente corta: 9 partidos a un tipo que es la tercera vez -que se sepa- que comete esta agresión, y en este caso, además, sin mediar provocación, que no ha tenido la decencia ni la dignidad de pedir perdón ni excusarse se merece, en mi opinión, bastante más de 9 partidos. Pero en fin… Es lo que hay. Sobre la sanción económica, supongo que el chico tendrá con qué pagarla, y estaría bien que la FIFA hiciera todo lo posible por hacer llegar ese dinero a alguna campaña internacional que así lo merezca, y no a sus saneadísimas arcas. Sobre la sanción de los 4 meses, sí, puede que ahí se les haya ido la mano, pero desde luego, tampoco me voy a rasgar las vestiduras.

A raíz de la sanción, he oído todo tipo de barbaridades. Por ejemplo a ese delicuente verbal conocido anteriormente como Diego Armando Maradona, le he oído decir “esto es fútbol, esto es roce. Es decir, que te destroce el tobillo Goikoetxea en un lance del juego es para odiarle de por vida, pero por un bocadito de nada sin balón en juego que te metan 9 partidos es intolerable. Debería existir el control anti-doping para los medios de comunicación y sus colaboradores. Quizá de esta manera podríamos quitarnos de encima a indeseables como Maradona, que hace ya 20 ó 25 años que lo único que aporta a esta sociedad son malas formas, insultos, descalificaciones, gestos de pésimo gusto… Lo último, a cuenta siempre de Luis Suárez, ha sido arremeter contra Beckenbauer y su gran amigo Pelé. Penoso.

No menos esperpéntico fue el speech que se marcó Paco García Caridad el viernes por la tarde en el programa Intermedio, de Radio MARCA. Fue lamentable la sarta de insultos e incoherencias que soltó por esa boca, querellables algunos de ellos, estoy casi seguro… pero no debería sorprendernos. García Caridad ha hecho chistes en antena hasta hace bien poco sobre Juan Manuel Lillo, a quién graciosamente llamaba “Juan Malillo”. Y digo hasta hace bien poco porque le ha tenido en su programa de invitado -también vaya tragaderas las tuyas, Juanma… que yo te conozco y eres buena gente- y hablaba de él en términos deportivos como si estuviera al nivel de mitos vivientes como Arrigo Sacchi, Alex Ferguson o Rinus Michels.

A Lugano, un jugador de exquisito “fair-play” como defensor, se le ha leído que lo de Luis Suárez “es un atropello a los derechos humanos, una barbarie”. Claro, no te puedes esperar gran cosa de un tipo que el mismo día de la agresión se lió, verbalmente hablando, con la víctima, Chiellini, a quien tachó de “alcahuete”, “llorón” o “mala gente”. Este chico se apunta también a una interesante línea argumental: la de los códigos y lo que pasa dentro del campo debe quedar dentro del campo. Bien, esto es una gilipollez como otra cualquiera y hay que acabar ya con esta tontería de los códigos.

Según esta teoría, si un defensa se mete en el campo con una navaja, y durante el partido, le pega un par de pinchacitos a un rival, como ha sido dentro del campo, dentro del campo debe quedarse. Por favor. Un campo de fútbol no es una habitación estanca donde las cosas que pasan no afectan ni tienen incidencia, no es una habitación del miedo. Los jugadores se deben a unos reglamentos. Y cuando los vulneran, hay que sancionarlos. Y si como pasó el otro día, ni el árbitro ni los auxiliares lo vieron, me parece perfecto que se juzgue de oficio. Estamos hablando de una agresión en toda regla que quedó impune durante el encuentro, y que según el fútbol-ficción al que se hizo tan aficionado Mourinho durante su estancia en España, pudo tener una influencia directa en el marcador. Porque Suárez debió ser expulsado y no lo fue, y dos minutos más tarde, marcó Uruguay, que debió acabar el partido con un jugador menos. Menos mal que fue Godín el goleador, y no Luis Suárez, porque si no…

Italia Uruguay Mundial

Al hilo de la cita a Mourinho, debo decir que esta haciendo un Mundial casi ejemplar como comentarista, incluyendo los comentarios sobre España -razonados, bien argumentados, con conocimiento… y no estoy de coña-, ha sido de los pocos que ha salido a la palestra a criticar al jugador por haber superado un límite que no debe rebasarse nunca. Pero es que Mou, además, se ha puesto a él mismo como mal ejemplo de deportista que a veces ha cometido esos errores. Igual que otras veces he arremetido contra el ex entrenador del Real Madrid, hoy le digo chapeau.

Incluso el respetado presidente de la República de Uruguay, como político, al fin y al cabo, que es, se ha apuntado al carro de la demagogia, con lindezas como “no le perdonan que no fuera a la Universidad” o “no le convocamos para que tuviera buenas maneras”… De la primera, en fin, si hubiera que hacer caza de brujas con los jugadores que no han pasado por las aulas universitarias, igual así sí habría tenido yo un hueco en el fútbol profesional. Lo de las buenas maneras se define por sí mismo. Cualquier ocasión es buena para ganar un voto. Aunque sea uno solo.

Otra teoría que ha crecido como la espuma es la de que esa sanción se la han impuesto a Luis Suárez, que no es nadie, pero a un grande no se habrían atrevido. En fin, no sé como se mide el tamaño de un jugador, pero desde luego, un delantero por el que piden casi 90 millones de euros y del que días antes de la agresión se hablaba de él en los términos de uno de los mejores jugadores del mundo, no parece una víctima muy propiciatoria. De entrada, habla claramente de una justicia de doble cara, según sea el delincuente. Bueno, pues yo soy muy ingenuo y quiero pensar que si hubiese sido Neymar, o Messi o Ronaldo, la FIFA hubiese hecho lo mismo. La agresión es la que es, la haga Bale, Suárez o Beckeles (defensa de Honduras, para más pistas).

Y ya esta bien hablar de Luis Suárez. Ah, se me olvidaba: ahora voy con Alemania.

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