Para definir la situación en la que llega el Atlético de Madrid a estas vacaciones invernales bien podríamos haber titulado “Uffff, (roji) blanca Navidad”. Porque si en los últimos cinco años, que son los que acaban de cumplirse de la llegada de Simeone, casi todo lo que sucedía en el Atlético suponía un paso adelante, una progresión, cuando no directamente una alegría o un éxito, los últimos dos meses han sido tremendamente duros para los colchoneros.

Y es que dos meses han transcurrido desde que goleó al Granada en el Calderón por 7 goles a 1, lideraba la clasificación, se había dejado muy bien encaminada la Champions venciendo en casa al Bayern, acumulaba elogios hacia su estilo de juego de gran parte de la prensa que en anteriores cursos les criticaba furibundamente, Griezmann goleaba, Carrasco parecía imparable, Koke dibujaba fútbol de alta escuela, Oblak no visitaba el fondo de su portería y hasta Gameiro, con algún altibajo, cosechaba buenas actuaciones.

Pero he ahí que tocó visitar Sevilla, el Sánchez Pizjuán concretamente, y una derrota por la mínima en la que fueron inferiores, pero tampoco vapuleados, acabó causando un efecto dominó que lleva dos meses más tarde al Atlético al sexto puesto con el título de Liga como un objetivo fuera de toda lógica.

Confieso que, a pesar de seguir al equipo y tratar de analizar el bajón, no puedo darles explicaciones categóricas. No logro entender correctamente lo que ha podido pasar para que este equipo muestre tantos altibajos: un inicio dubitativo con dos empates, una racha de encuentros superlativos en juego y resultados y un bajón desconocido en los últimos cinco años. Demasiadas emociones fuertes para no haber llegado aun a la mitad de la temporada.

Lo que está claro es que el equipo ha perdido las señas de identidad de la época del Cholo. No existe la consistencia de temporadas anteriores. El equipo lleva dos meses recibiendo una cifra de goles desconocida en cursos anteriores. Además no muerde arriba ni se atrinchera atrás como en otros momentos. Ha perdido, probablemente por el camino de intentar recuperar esa consistencia, la brillantez del juego de las jornadas previas al partido de Sevilla. Koke ha cambiado varias veces de posición y por el camino ha perdido algo de la velocidad y precisión de su juego. Saúl no ha mostrado el nivel del año pasado y, además, sufrió una inoportuna lesión, sobre todo para un jugador como él que necesita minutos para coger ritmo.

Saul atletico madrid

Ya desde el año pasado el Atlético perdió el balón parado, la salida de puntales como Miranda, Raúl García o Diego Costa fue fundamental en este sentido. Los grandes equipos necesitan tener una vía de escape para cuando el transcurso del juego no les dé acceso al gol, para cuando se complican los partidos hay que tener algo en lo que siempre puedas confiar. En el Atlético del Cholo esa función siempre la jugó el balón parado, y en los momentos más brillantes, la capacidad de definición de alguna de sus estrellas (primero Falcao, luego Diego Costa, el año pasado Griezmann).

El Atlético de Madrid adolece de presencia física en el área rival, y aunque jugadores como Filipe o Carrasco son muy capaces de mandar balones buscando el remate de forma contínua, ni Griezmann, ni Gameiro, ni Correa, son jugadores con características físicas demasiado apropiadas para cazar balones en el área. Tal vez el mejor dotado para ello sea Torres (a quien creo que vamos a ver más a menudo en la segunda vuelta a poco que esté inspirado, ya que Gameiro ha demostrado ser muy poco cuando no tiene espacios para correr), pero el de Fuenlabrada nunca fue un ariete con un alto porcentaje de acierto de cara al gol.

Una vez planteados los problemas, a los que podemos sumar las lesiones de Augusto Fernández o, recientemente, de Jan Oblak, quedan por ver las soluciones. Ante el Guijuelo en Copa, Simeone insinuó que iba a probar modificaciones desde el punto de vista táctico. Da que pensar que pudiera estar planteándose jugar con carrileros y tres centrales, o que pudiera situar de manera diferente el centro del campo para tratar de ganar en llegadas al área desde segunda línea (vista la poca capacidad para pelear el remate con los defensas de los atacantes). En ese sentido, preocupa la sequía de Griezmann, sin marcar desde la séptima jornada en Liga. Se trata de un jugador que marca más cuando se puede descolgar y llegar desde una posición más escorada a banda que cuando juega más fijo en punta, por lo que habría que tratar de generarle más opciones de ese tipo, dada la importancia de sus goles.

Esta por ver si Simeone (y su equipo técnico, claro está) aprovecha las vacaciones para renovar ideas o si parte del problema puede ser el agotamiento mutuo de un entrenador que lleva cinco años en el mismo vestuario. Será interesante ver las próximas alineaciones y dibujos de los colchoneros.

Además, desde el punto de vista institucional también saltó un inesperado problema. Mientras las obras del nuevo Estadio seguían su curso y los aficionados iban conociendo cuales serán sus nuevos asientos (permítanme decir que en un procedimiento muy bien organizado por el club), la duda del nuevo nombre prometía descubrirse en los primeros días de Diciembre. Dicho y hecho, Cerezo anunciaba en un acto solemne el nuevo nombre del recinto donde los colchoneros tramitarán sus pasiones a partir del próximo curso.

Wanda Metropolitano

Estadio Wanda Metropolitano. Wanda, un nombre que cada vez si iba haciendo más popular entre los aficionados. Sin esperarlo, hace ya tiempo que un buen día se desayunaron los colchoneros con que un tal Wang Jian Lin, empresario multimillonario chino al frente del grupo Wanda, iba a tomar el control de un importante porcentaje de la entidad. A las primeras alegrías de los que pensaban que ello supondría multiplicar el presupuesto para fichajes (cuanto daño hizo el PCFútbol), siguió la realidad de que tendríamos que ir acostumbrándonos a ese nombre, Wanda.

Y un buen día, aquellos que pisan la Ciudad Deportiva del Atlético de Madrid en el Cerro del Espino de Majadahonda vieron que en los carteles de la entrada ponía que se llamaba “Wanda”, así, de improviso. Si a esta certeza del “Wandanismo” que iba a rodear al Atlético de estos años se le suma la indiscreción de Tebas que en un acto público dijo que el estadio se llamaría “Wanda”, el aficionado medio estaba bastante resignado a que, en la línea de un grandísimo número de clubes europeos, el estadio llevaría nombre comercial, por lo que esto no supuso sorpresa ni explosión de desagrado. Además, el nombre “real” del estadio, Metropolitano, sí ha sido visto con cariño por los seguidores.

Pero cuando todo el mundo esperaba saber el nombre del nuevo estadio, se encontraron con una sorpresa que no ha sido tan bien digerida por los autodenominados “indios”. Se dieron de bruces con un escudo nuevo, que nadie dentro de las clases populares del club había solicitado o elegido y que ha molestado a muchos. Solo el hecho de que muchos estén más pendientes de la mala situación deportiva ha hecho que no haya más respuesta popular contra el escudo. No hay mal que por bien no venga.

Eso sí, si nos ceñimos a la historia, son múltiples los retoques que sufren los escudos sin que los aficionados casi no se den ni cuenta. En este caso es un retoque un poco más a fondo, que moderniza el diseño sin perder esencia, aunque choque tener que cambiar de escudo cuando lo llevas tatuado en el fondo del corazón. Pero seguramente, más que el cambio del escudo, lo que ha molestado a la parroquia colchonera es la certificación de que, a la hora de la verdad, esto es una sociedad anónima llevada por dos señores que son herederos de una época que fue castigada por los tribunales de justicia (es decir, que tienen una legitimidad muy limitada) y una nueva incorporación en forma de millonario chino que ha aterrizado en este club como podría haberlo hecho en cualquier otro y que hacen y deshacen a su antojo / criterio. Cruda realidad.

Mientras el Atlético retorna unos años atrás en el tiempo para volver a verse agobiado por estar en puestos peores que los previstos, sus aficionados le piden al nuevo año que todo este final del 2016 haya sido un mal sueño del que les despierte el venidero 2017.

Cholo Simeone

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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